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Un «cambio de guardia» en la donación de millonarias fortunas

Magnates filántropos gastan sus millones a un ritmo más acelerado para ocuparse de temas sociales y políticos candentes; a medida que crecen sus ambiciones, también lo hace su influencia.

George Soros apuesta a promover la democracia en
el mundo.
Bill Gates. Su fundación cuenta con recursos por unos US$ 40.000 millones y se aboca a temas como la salud y la educación.
Michael Bloomberg. El empresario y exalcalde de Nueva York está involucrado personalmente en su fundación.
Mark Zuckerberg

Hazte a un lado, Rockefeller. Quítate, Carnegie. No estorbes, Ford. Durante buena parte del siglo, unos cuantos nombres de la Época Dorada dominaron las filas de la filantropía de altura. Ya no.

En cuestión de años, una nueva cepa de estadounidenses superricos ha eclipsado a la vieja guardia de titanes de la filantropía. Soros, Gates, Bloomberg, Mercer, Koch y Zuckerberg... Estos nuevos megadonadores están cambiando totalmente las normas establecidas desde siempre en el mundo serio de la filantropía de altos vuelos.

Acumularon vastas fortunas a edades muy tempranas, las están gastando rápido y están mucho más dispuestos a ocuparse de temas sociales y políticos candentes —en la izquierda como en la derecha— que los empujan al centro de polémicos debates.

«Tienen una mentalidad que resuelve problemas en lugar de una administrativa», comentó David Callahan, fundador del sitio web Inside Philanthropy y autor de The Givers, un libro sobre los principales donadores de hoy. «No están guardando su dinero para los tiempos de vacas flacas. Quieren causar impacto ahora».

George Soros, el multimillonario de los fondos de cobertura y donador de los demócratas, hace poco dio a conocer la transferencia de unos US$ 18.000 millones a sus Fundaciones de la Sociedad Abierta, un esfuerzo en expansión para promover la democracia y combatir la intolerancia en el mundo. Este donativo, que básicamente ha dotado de fondos de por vida a la Sociedad Abierta, se ha convertido en el segundo financiamiento de activos más grande del país. La única actividad filantrópica con más recursos es la Fundación de Bill y Melinda Gates.

«Estamos viendo un auténtico cambio de guardia», expresó Callahan. «Cada vez más gente viva define el rumbo de las principales fundaciones». Pensemos en la Iniciativa Chan Zuckerberg, creada por el cofundador de Facebook Mark Zuckerberg y su esposa, Priscilla Chan. No solo busca mejorar la salud en países en desarrollo, sino que una de sus aspiraciones es «curar, prevenir o tratar todas las enfermedades para fin de siglo».

Quizá parezcan buenas noticias en todos los frentes. Si un puñado de multimillonarios quiere gastar sus fortunas salvando vidas, ¿por qué no aplaudirles? Porque a medida que sus ambiciones crecen también lo hace su influencia, lo cual quiere decir que, para bien o para mal, unos cuantos multimillonarios ejercen una influencia considerable en todo, desde la investigación médica hasta las políticas sociales y la política en general.

«No es el gobierno que cobra impuestos y decide qué problemas sociales quiere resolver a través de un proceso democrático», comentó Eileen Heisman, directora ejecutiva del National Philanthropic Trust, una organización sin fines de lucro que trabaja con fundaciones. «Es un pequeño grupo de personas que han acumulado mucho más dinero del que necesitan y que deciden qué van a atender. Nos afecta a todos».

A sus 33 años, Zuckerberg tomó una decisión trascendental. Poco después de que naciera su hija prometieron con su esposa donar el 99% de sus acciones de Facebook, que entonces valían US$ 45.000 millones, a lo largo de su vida. Casi dos años después, la Iniciativa Chan Zuckerberg está tomando forma y se concentra en tres áreas: ciencia, educación y justicia.

La pareja ya comprometió más de US$ 500 millones para crear un centro de investigación sin fines de lucro que financiará sin restricciones a médicos, científicos e ingenieros de las universidades más importantes de California. Están apoyando un esfuerzo para hacer un mapeo e identificar todas las células de un cuerpo humano saludable. Y, el año pasado, prometieron gastar US$ 3.000 millones para prevenir, curar y tratar «todas las enfermedades para fin de siglo».

Zuckerberg se inspiró en su amigo y mentor, el cofundador de Microsoft, Gates. Desde su creación en 2000, la Fundación Gates se ha afianzado como una fuerza sin paragón en las grandes ligas de la filantropía. No solo tiene los mayores recursos de una fundación, que son de US$ 40.000 millones, sino que además gasta más cada año, casi unos US$ 5.500 millones tan solo en 2016.

Los esfuerzos de Gates se expanden en distintos campos. Su fundación financia esfuerzos para reducir el consumo de tabaco, combatir el VIH y mejorar la educación en el estado de Washington. Además, ha gastado miles de millones en reducir la diseminación de enfermedades infecciosas y la malaria. Sus esfuerzos ya ayudaron a una coalición de organizaciones de salud mundial a acabar casi por completo con la poliomielitis.

La fundación de Soros se diferencia de varias formas. En lugar de tratar de resolver problemas discretos como las enfermedades, la Sociedad Abierta promueve valores como la democracia, la tolerancia y la inclusión, que son de vital importancia para Soros, quien sobrevivió el Holocausto. Es menos probable que su dinero financie investigación médica en etapas tempranas y más probable que ayude a los refugiados desplazados por un conflicto.

No obstante, si bien los problemas que abordan son distintos, el amplio alcance de los esfuerzos de estos multimillonarios tiene mucho en común: moldean la imagen moral del mundo. «No se llama la Fundación Soros», comentó Patrick Gaspard, presidente entrante de las Fundaciones de la Sociedad Abierta. «George se aproxima a este esfuerzo filantrópico sin miras a preservar su reputación y su legado, sino con una feroz determinación de proteger estas ideas e ideales».

Grandes fundaciones antiguas han reorientado sus esfuerzos para enfrentar grandes problemas. La Fundación Ford se centra en reducir la desigualdad, y la Fundación John D. y Catherine T. MacArthur en las «grandes apuestas», incluyendo el combate al cambio climático. Sin embargo, están en su mayoría bajo la guía de administradores, no de los multimillonarios cuyos nombres están en la puerta. Gates, Zuckerberg, Bloomberg y Soros se involucran personalmente con sus fundaciones y están dispuestos causar controversia.

Estamos en los albores de una nueva era de filantropía de altos vuelos. Muchos como Soros, Gates, Zuckerberg y otros más de su calibre han eclipsado a los titanes de la Época Dorada, y es probable que algún día sean rebasados por una generación de ricos y optimistas impacientes que aún no conocemos.

Fortunas que siguen sin comprometerse.

Bill Gates y el inversionista multimillonario Warren Buffett lanzaron Giving Pledge, que pide a gente rica que se comprometa a donar por lo menos la mitad de sus fortunas a causas filantrópicas durante sus vidas o tras su muerte. Quieren que sus colegas multimillonarios actúen con urgencia. En su propio sitio web, los Gates se describen como «optimistas impacientes».

En junio, Jeff Bezos, fundador de Amazon.com, con un valor neto de US$ 84.000 millones aproximadamente, quien suplantó brevemente a Gates como la persona más rica del mundo este año, pidió consejos al público. «Estoy pensando que quiero que buena parte de mi actividad filantrópica ayude a la gente en el aquí y el ahora —en el corto plazo—, en la intersección de la necesidad urgente y el impacto duradero», escribió en Twitter. «Si tienen ideas, solo respondan a este tuit». Tuvo más de 48.000 respuestas. Bezos no ha anunciado qué hará con sus millones, pero su llamado fue un recordatorio de que hay fortunas incalculables que siguen sin comprometerse con causas filantrópicas. Casi 200 personas con un valor combinado que se acerca a un billón de dólares han firmado Giving Pledge.

A medida que más gente comprometa sus fortunas a la filantropía, habrá muchas más organizaciones como las Fundaciones de la Sociedad Abierta. «El sol nunca se pone en el imperio filantrópico de George Soros, y el dinero nunca se va a acabar», comentó Callahan. «Su dinero todavía podría seguir teniendo impacto en las políticas públicas dentro de 300 años».

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