INFORME

Bodegas uruguayas se aggiornan y atraen turistas internacionales

El enoturismo se posiciona en Uruguay con foco en su oferta personalizada; catas de vino, visitas guiadas y picnic son algunas de las actividades que ofrecen los establecimientos vitivinícolas

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Degustación. Las catas presentan al tannat como el producto estrella, su preció está entre los US$ 20 Y US$ 80.

POR ELISA TUYARÉ - [email protected]

Las sierras de la Ballena (Maldonado) y extensos paisajes de viñedos rodean a un grupo de personas que escuchan a un guía con especial atención mientras este narra los orígenes de la bodega, detalla las cepas de uva que cultiva y sus vinos más característicos. Acto seguido, catan diferentes beberajes acompañados de quesos y panes del departamento esteño con la puesta de sol de fondo. Esta idílica escena describe el tour que brinda Altos de la Ballena, un establecimiento vitivinícola nacional y uno de los tantos que desarrollan actividades en materia de enoturismo.

Este término, con el que se asocia a menudo a Mendoza (Argentina), California (EE.UU.) y La Toscana (Italia), ahora comienza a resonar en Uruguay para describir varias zonas del país que poco a poco ganan una cuota de mercado a nivel nacional e internacional, con la cepa tannat como protagonista.

Se utiliza para describir desplazamientos a entornos vinícolas, con el propósito de conocer, disfrutar y compartir experiencias en relación con la «cultura del vino». En concreto, visitas a bodegas, degustación de productos, picnic en los viñedos o elaboración de vinos artesanales, entre otros.

En la actualidad, no existen datos anuales de cuántas personas realizan enoturismo. No obstante, a partir de enero el Ministerio de Turismo junto con el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) elabora un observatorio para recabar información sobre el rubro.

Aunque esta clase de paseos son aún parte de un sector emergente en el país, las fincas se preparan para explotarlo como forma de diversificar sus productos. Además aportan a desestacionalizar el destino Uruguay, muy atractivo en temporada estival, pero olvidado el resto del año. Sin importar la estación climática, el turista al que lo cautiva este beberaje puede realizar actividades en cualquier momento.

En este punto, la cercanía de las bodegas a la costa es una gran ventaja, remarcó el vicepresidente de Asociación de Turismo Enológico del Uruguay (ATEU) y dueño de la bodega que lleva su nombre, Diego Spinoglio. «Una persona puede estar veraneando y pasar un día de campo entre las viñas. Es además un turismo alternativo para los días feos», puntualizó.

Si bien las bodegas tuvieron que aggionarse y reestructurarse para poder recibir a visitantes internacionales, este tipo de actividades es imprescindible para posicionar a las marcas uruguayas en la mente de los consumidores.

«Pasar un buen rato, con gastronomía de calidad o degustando ricos vinos hace que la experiencia perdure más en la memoria de quienes nos visitan y eso hace que la marca se vaya instaurando en los consumidores», afirmó la gerente comercial de Bodega Bouza, Cristina Santoro.

Para todo público.

Los costos de las actividades son variados. Comienzan en US$ 20 y pueden trepar a US$ 80 una degustación premium.

El público que consume este tipo de turismo tiene nivel sociocultural medio-alto y es, en su mayoría, extranjero. Se estima que 90% de los visitantes provienen de Brasil, seguido de cruceristas europeos y estadounidenses. Argentinos y chilenos todavía no consideran a Uruguay como una opción atractiva para el enoturismo, aspecto que quieren cambiar, según Spinoglio.

Para hacer frente a la demanda es esencial que las bodegas manejen varios lenguajes para presentar sus actividades. Español, inglés y portugués, son los idiomas principalmente escogidos para hacerlo.

Sin alcohol.

Las características de la propuesta hacen que se enfoque en personas adultas, de entre 30 a 60 años y en especial parejas. Sin embargo, las familias realizan estas actividades por el entorno natural que ofrece. Para abarcar a un público más amplio se trabaja a nivel país para «instalar el jugo de uva como bebida oficial y como una alternativa apta para los chicos», contó la directora de Turismo de Canelones, Ximena Acosta.

La Ley de «Tolerancia Cero» impactó también en el sector. En ocasiones solo uno de los miembros de la pareja degusta los vinos mientras el otro acompaña, contó la directora de Altos de La Ballena, Paula Pivel. Hace unos meses una señora que vive por la zona de la bodega fue en auto y trajo consigo recipientes para guardar el vino y tomarlos luego en su casa. «Yo se los servía (los vinos) en copa y ella compartía el comentario de los aromas con los que estaban con ella», retrató Pivel.

Calidez familiar.

Además de la buena calidad de los vinos locales, el principal factor que diferencia a los establecimientos vitivinícolas en Uruguay con los del resto del mundo, es su personalización. En la mayoría de las bodegas nacionales, en especial las familiares, los turistas son recibidos por los propios dueños o enólogos que están comprometidos con el producto que presentan. Esto no sucede en otras regiones.

«Vas a una bodega en Mendoza y quizá hablás con un tipo que no tiene ni la más mínima idea de vinos, sino que es un guía que repite un verso», afirmó la enóloga de Finca Narbona, Valeria Chiola. El turista brasileño, por ejemplo, busca la atención que le ofrecen las bodegas uruguayas, agregó.

Reservas al toque

Unir a las bodegas con los consumidores es lo que ofrece Winemeup, una plataforma tecnológica que vende tours en los establecimientos vitivinícolas. El emprendimiento, que se incuba en daVinci, centraliza las actividades de 15 bodegas para que el cliente pueda ingresar al sitio web y comprar, por ejemplo, una cata de vinos.

Además, organiza eventos que exceden las típicas opciones que se ofrecen en materia de enoturismo, por ejemplo, vinculados a la salud. «Queremos abrir un poco el mundo del vino. Que tomarlo no solo lo haga una persona que es sommelier o enólogo y que sabe qué está tomando. Porque de alguna manera todos gozamos del vino, desde un contador, un corredor, una persona que practica yoga... Es abrir un poco el espectro», reflexionó la cofundadora Verónica Rodríguez.

TRES BODEGAS REFERENTES EN SU TERRITORIO.

Existen tres grandes zonas donde se desarrolla esta actividad: sur (Montevideo-Canelones), en el que se captan los visitantes de la capital y donde están las bodegas más tradicionales; este (Maldonado); territorio en pleno auge del surgimiento de bodegas; y oeste, que une establecimientos que combinan turismo y tradición (Colonia-Carmelo).

Sur.

La Bodega Bouza recibe entre 35.000 y 38.000 visitas por año. Tienta con cuatro tours diarios, degustación de vinos, un restaurante a la carta y una exposición de autos clásicos, que Juan Bouza, su dueño, coleccionó. Las visitas guiadas por el viñedo, bodega y cava se realizan de lunes a sábado y no tienen costo para quienes realicen una degustación o se queden a almorzar. De lo contrario, deben comprar una botella de vino para conocer el producto. Las personas que opten por la degustación de cuatro beberajes de la línea media y media alta abonan $ 1.200 (US$ 42), detalló la gerente comercial, Cristina Santoro.

Este.

Altos de la Ballena es una bodega familiar y sus dueños son los encargados de realizar las visitas guiadas en sus viñedos. Ofrecen degustación de vinos al aire libre de entre US$ 32 y US$ 50 por persona; y la posibilidad de organizar almuerzos grupales. «Esto del vino es un rubro que es casi una forma de vida que uno elige. Es muy lindo compartir lo que haces con las personas que lo disfrutan y es una oportunidad de que te visite gente de todos lados», expresó su fundadora Paula Pivel.

Oeste.

La bodega Narbona en Carmelo convive junto a un hotel, una granja y un restaurante. Ofrece degustación de vinos con quesos propios (US$ 50), visita guiada (US$ 5), picnic en los viñedos (US$ 50) y cursos para que clientes elaboren su grapa o vino, botella que luego se llevan (US$ 130). Su localización atrae a extranjeros que visitan Buenos Aires y aprovechan la cercanía para pasar un par de días de relax, indicó la enóloga, Valeria Chiola.

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