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A base de chequera, los clubes chinos buscan más que gloria en fútbol

Quieren complacer al presidente Xi Jinping, que desea convertir al país en potencia futbolística

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Figuras. Gervinho, Ramires, Guarín y Sainsbury ficharon por clubes chinos. Fotos: AFP.

Los clubes de fútbol chinos no han dudado en gastar el dinero de sus millonarios propietarios en reforzarse para contentar la ambición del presidente Xi Jinping de convertir al gigante asiático en una potencia futbolística.

En el último día del mercado de invierno europeo, que se cerró, los clubes chinos de las dos primeras categorías del país han gastado en total más de 200 millones de euros en traspasos de futbolistas, según el portal especializado transfermarkt.com, lo que supone un aumento del 60% interanual.

Las exorbitantes cifras pagadas para hacerse con los servicios de jugadores que rondan la treintena han sorprendido a los observadores. Los tres fichajes más caros del mercado invernal han sido realizados por clubes chinos.

«Una nueva razón explica que los millonarios chinos inviertan en fútbol en China: con ello quieren granjearse un crédito político», afirma Rowan Simons, autor de un libro sobre el fútbol de ese país.

Esta fiebre por adquirir futbolistas a precio de oro está motivada por la comisión del Partido Comunista dirigido por Xi Jinping, aficionado confeso del fútbol, que proclamó que revitalizar el fútbol «es una obligación para convertir a China en una potencia deportiva en el marco del sueño chino».

Para ello estableció un plan «en 50 puntos» desde 2015 tras la orden presidencial: la creación de 50.000 escuelas de fútbol en 10 años, la práctica obligatoria para algunos alumnos de escuelas primarias e institutos, o la separación de la Asociación China de Fútbol (ACF) del gobierno.

Desde entonces las empresas no han cejado de invertir para cumplir esos propósitos. «Es lo que quiere su presidente», señala Tony Rallis, agente de jugadores que acaba de participar en el fichaje del australiano Trent Sainsbury por el Jiangsu Suning.

En enero, el centrocampista brasileño del Chelsea, Ramires, fichó también por el Jiangsu Suning, por un récord de 28 millones de euros. El goleador marfileño de la Roma, Gervinho, firmó con el Hebei China Fortune por 18 millones de euros y el Shanghai Shenhua captó al colombiano Fredy Guarín por 13 millones.

Suning, la popular cadena de revistas de electrónica y electrodomésticos, volvió a comprar al equipo de Jiangsu en diciembre.

El Hebei China Fortune es propiedad de un promotor de Pekín; el Shenua pertenece al grupo Greenland Holding, especializado en mercado inmobiliario.

«Cuando el gobierno chino dice que se fija un objetivo, quiere decir ‘así pueden ganar nuestra simpatía’», explica David Hornby, director de deportes de Mailman, una empresa de gestión de la marca ubicada en Shanghai.

Para los expertos, esta avalancha de dinero podría resultar contraproducente. Gao Zhaoyu, especialista chino en deporte en la Universidad de Lausana, señala que los millones desembolsados para reclutar jugadores extranjeros no serán utilizados en la formación de jóvenes jugadores susceptibles de integrar la selección nacional.

Xi Jinping, predice Rowan Simons, dejará el poder (en principio en 2023) antes de constatar una mejora de los resultados del equipo nacional. «Esta nueva revolución futbolística iniciada por el poder político durará un tiempo limitado... salvo que su sucesor sea igualmente un aficionado al fútbol». 

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