INFORME

Las auditorías toman impulso en las empresas uruguayas

Las exigencias de organismos oficiales y la necesidad de optimizar la gestión, disparó el interés de las empresas para contratar consultores que aporten información valiosa y den su consejo.

 La expansión del servicio de auditoría a nuevas áreas obliga a los asesores a adquirir más conocimientos.

Por Diego Ferreira | dferreira@elpais.com.uy

Como en el mundo, las empresas en Uruguay recurren cada vez más a los servicios de auditoría en busca de optimizar no sólo su gestión financiera y evitar fraudes sino también para mejorar sus procesos productivos u operativos. La tendencia deviene de los tiempos que corren donde la gestión estratégica del riesgo, la transparencia de las empresas en sus números y su funcionamiento, son aspectos críticos para desarrollar negocios y celebrar acuerdos con otras compañías.

De acuerdo a una encuesta mundial realizada por la consultora PwC a 104 inversores de 11 países en los cinco continentes, «las auditorías son cada vez más valoradas e impactan más a la hora de tomar decisiones de inversión. Igualmente hay una necesidad de que la auditoría evolucione para poder seguir siendo confiable, relevante y valiosa en el futuro», señaló el relevamiento.

Una de las conclusiones del estudio destaca el peso que tiene la opinión del auditor. La mayoría de los encuestados consideró «improbable» la posibilidad de invertir en una compañía que no logre obtener un reporte de auditoría adecuado.

En la plaza local, las consultas y la contratación de estos servicios también van ganando terreno básicamente entre firmas de un porte considerable.

«En los últimos años hay una gran cantidad de empresas que están requiriendo servicios de auditoría», apuntó Alejandro Barboni, socio del departamento de auditoría de la consultora Ernst & Young.

Las pymes están por fuera de esta práctica por los costos que impone la contratación de estos servicios, por lo que usualmente el empresario es su propio auditor.

En general, los clientes de las consultoras son filiales locales de multinacionales que deben seguir los estándares dictados por sus casas matrices, así como firmas nacionales que tienen ante sí la oportunidad de ser compradas por una compañía extranjera que para ello exige conocer los números.

«Las empresas están cada vez más en un mercado globalizado y tienen requerimientos de los distintos usuarios, inversionistas y reguladores» respecto a aportar información transparente, señaló Barboni.

Para otras firmas, la auditoría es una necesidad impuesta por el organismo que regula la actividad en la que éstas se desempeñan. Así, el Banco Central (BCU) exige auditorías a empresas del rubro financiero -como es el caso de los bancos, las compañías de seguros, las AFAP, las firmas que cotizan en Bolsa, entre otros- y la Dirección General Impositiva (DGI) se ocupa de los grandes contribuyentes; el Ministerio de Salud Pública (MSP) o las intendencias también imponen el mismo requisito.

La opinión del consultor y el resultado de su reporte varían de acuerdo a la constatación de que los balances y aquellos procesos auditados se ajusetn a las normas y principios que integran los manuales de buenas prácticas, básicamente internacionales.

Cuando son efectivos y también favorables, los reportes de auditoría son valiosos para diferentes fines como la liquidación de impuestos, solicitar un préstamo o para mejorar el uso del presupuesto y la gestión. Mario Amelotti, socio director de KPMG, explicó que para algunas empresas, la auditoría llega a ser incluso una especie de «carta de presentación» ante otros interlocutores.

Omar Cabral, socio de PwC, responsable del departamento de auditoría de la consultora, matizó la relevancia que muchas veces le da el empresario a las auditorías. Pese a que la auditoría externa posee un rol importante en la eficiente asignación de los recursos de una economía, el empresario se guía más por la necesidad de presentar la información «porque hay alguien que se lo exige», marcó.

Por otra parte, el auditor que llega a una empresa que nunca antes utilizó el servicio, advierte «un gap muy importante entre lo que es el nivel de información contable de una empresa cuando es auditada del que muestra otra que no lo es», opinó Amelotti.

En este último caso, las empresas tienden a exhibir un déficit de información o cuentan con datos desorganizados porque omiten o no aplican bien las reglas contables para llevar sus finanzas.

Nueva demanda

Los servicios de auditoría ya no se circunscriben sólo a los estados contables de la empresa, sino que ante la necesidad de contar con información valiosa y confiable, se ha extendido a otras áreas como logística o compras.

Un ejemplo es el departamento de sistemas, área donde existe un desarrollo constante y a la vez más complejo en temas de seguridad, lo que hace que «las empresas quieran cumplir con ciertos estándares que son los adecuados para su actividad», indicó Amelotti.

En estos casos los clientes ven la utilidad del servicio y valoran especialmente cuando el auditor da recomendaciones y sugerencias de las que la empresa podría servirse para mejorar sus resultados.

Los expertos coincidieron en que el rol del auditor interno -enfocado en los procesos que cumple la compañía- y el del auditor externo -especializado en los estados contables- son complementarios y que el trabajo entre ambos no debería suponer un conflicto para la empresa.

La expansión de la auditoría hacia nuevas áreas exigen una mayor capacitación de los auditores, que se forman como contadores. Para Cabral, en ese punto el país tiene el «déficit de establecer un mecanismo para homogeneizar la capacitación a nivel de esa profesión».

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