GABRIEL WERBA - PRESIDENTE DE WERBA

«Casi todo se aprovecha con la tecnología»

Nació en Montevideo hace 55 años. Terminó la secundaria y realizó diferentes cursos de marketing, ventas y negociación relacionados al negocio del reciclaje, tanto en Uruguay como en el extranjero.

Es la tercera generación al frente de la empresa familiar. Ingresó a los 18 años y a los 21 debió asumir la gerencia «casi sin experiencia». Afirma que el negocio del reciclaje cumple un «papel clave» en la sociedad y se lamenta que este tipo de compañías «no tengan el reconocimiento que merecen». Tras varios años de crecimiento, el estancamiento de la economía uruguaya le está pasando factura. Dice que en Uruguay falta cultura de reciclaje, pero admite que eso «está cambiando». Está casado, tiene tres hijos y en su tiempo libre disfruta de cantar y jugar al tenis.

Es la tercera generación al frente de la compañía, ¿cómo fue su ingreso?

Entré a los 18 años. Poco tiempo después, mi padre se enfermó y me hice cargo de la empresa. Tenía 21 años. Empecé de abajo, en los depósitos, carga y descarga, venta en la calle, pero cuando asumí la gerencia contaba con muy poca experiencia en una empresa líder y que tenía un crecimiento importante. En esos momentos llegó el «quiebre de la tablita» en 1982; fue lo primero que me agarró al frente de la empresa. Aprendí mucho de los errores en esos momentos.

¿Qué metales recicla Werba?

Reciclamos principalmente metales no ferrosos: aluminio, cobre y bronce. Son nuestro principal negocio, representa un 65% del total. Paralelamente, llega a nosotros casi como un camino lógico natural el reciclaje de material electrónico. Hoy es un 15% del total, pero si bien cada vez es más volumen, ya no es un gran negocio porque los productos electrónicos tienen más plásticos y el petróleo (materia prima del plástico) tiene un precio tan bajo que el plástico reciclado no llega a competir. En 1998 trajimos nuestro primer equipo para reciclar materiales informáticos. En esos inicios se componían de mucho más metal. Antes una computadora valía US$ 2.500, ahora sale US$ 400. Ahora cambiamos cómo es el negocio, antes pagábamos por estos productos, ahora cobramos por reciclarlos.

¿Cuánto se recicla y se descarta de lo que llega?

Con los años y los avances tecnológicos se ha incrementado lo que se aprovecha de cada producto. En nuestra empresa se procesan unas 800 toneladas de residuos mensuales. De esto se recicla cerca de un 95% de lo que entra. Significa que quitamos muchas toneladas de basura de circulación y logramos que vuelva una gran parte como materia prima. Eso evita, entre otras cosas, un gran gasto de energía y agua para generar la materia prima. Por ejemplo, en comparación con la minería, producir la misma tonelada de producto necesita 60% menos agua y energía. Se trata de reciclaje puro del material. O sea, lo volvemos a poner en el mercado. Por ejemplo, un perfil de aluminio que llega acá, se limpia se procesa y se vuelve a vender a las empresas para que lo fundan y sea utilizado para confeccionar otro perfil de aluminio de similares características que uno nuevo. Hay residuos, como las latas de aluminio, que muchas veces no se sabe qué hacer con ellas que nosotros los podemos clasificar, limpiar y vender a esas empresas. También en cobre. Las industrias descartan muchos elementos que acá los volvemos a transformar en materia prima para cables. Como en Uruguay hay pocas empresas que hagan esto, entonces nuestros productos terminan en el mercado internacional, en Europa, EE.UU., India, entre otros, donde sí hay empresas que lo hacen.

¿Compran solo lo que pueden reciclar?

Al inicio tomábamos lo que podíamos reciclar, ahora más. Es que en el mundo hay tecnología para aprovechar casi todo y para lo que no, es una cuestión de tiempo para que se descubra. Por eso tenemos celulares guardados, porque hay partes que aún no tienen destino pero es cuestión de tiempo para que aparezca un mercado. Por ejemplo, las baterías de celular son caras de reciclar pero están apareciendo países que pueden hacer el reciclaje. En Uruguay no existe un problema particular que no se pueda resolver. Tenemos seis depósitos. El central es de recepción de mercadería y administración, cables, Ceibal, electrónico, material complejo (como baterías y monitores), residuos electrónicos y desarme de equipos de gran tamaño.

La exportación es el principal destino de lo que generan, ¿cuánto es?, ¿a qué destinos?

Es un 70% de lo que generamos. Los principales destinos son China, Holanda, España, India, Israel e EE.UU. En total, exportamos a casi 20 países en todo el mundo. Les vendemos cobre, bronce, plomo, aluminio, materiales electrónicos y baterías de auto, entre otros. La exportación de baterías es uno de los negocios más recientes y requiere de permisos especiales por su contenido de plomo. Le vendemos a Israel, para lo cual se gestionan permisos muy específicos para el sistema de acopio, proceso, depósito y manejo. También los solicitamos en cada país por donde transitará, que implica cada puerto que toca e incluso por aquellos países que se pase por aguas territoriales. Todos estos permisos hay que presentarlos a la Dinama para que habilite la exportación. Cada año hay que hacerlo y el trámite dura unos ocho meses. Incluye el permiso de la empresa que recicla la batería. Exportamos unas 200 toneladas por mes, cerca de 12.000 unidades. El reciclaje de la batería termina generalmente en una batería nueva, porque se aprovecha casi todo, la caja, el plomo de adentro, etcétera. Al mercado local vendemos aluminio y cobre.

¿Quiénes son sus principales proveedores?

El Estado, los privados y los depósitos de residuos. No compramos a hurgadores ni a personas en forma individual. El principal origen son los privados (empresas y depósitos), que significan un 60% de lo que procesamos. El Estado es el otro 40%, aunque a veces varía si hay una licitación.

¿Cómo evolucionó la actividad de Werba los últimos años?

Tuvimos un crecimiento constante que duró unos 12 años. En ese tiempo llegamos a duplicar nuestro negocio. En 2015 el negocio se estancó y este año llevamos una caída de un 30%.

¿Cuáles son los motivos?

Tiene que ver con la economía y una menor producción de las empresas. Por ejemplo, si hay menos construcción, las carpinterías de aluminio producen menos ventanas, las tornerías precisan menos material para tornillos o una fábrica de cable necesita menos material porque hace menos instalaciones. También en el plano individual se consume menos, se cambian menos los electrodomésticos... El crecimiento industrial fue lo que impulsó este negocio en los últimos años y ahora se nota el retraimiento. No tenemos una entrada definida de mercadería, sino que es aleatoria. Se genera espontáneamente por el uso, el consumo, el descarte, la fabricación. No podemos decir como una empresa textil: «Este mes mandame tantos metros de tela que necesito hacer determinada cantidad de ropa». También inciden el valor del dólar, los altos costos y la baja del precio de las materias primas en el exterior.

El área de electrónicos ha crecido y con ello el ritmo de cambio y descarte, ¿qué es lo que llega ahora a su empresa?

Electrónicos crece de la mano de los teléfonos, computadoras de escritorio, monitores, tablets, Plan Ceibal, y algo de notebook. En volumen es poco, porque son pequeños productos. La planta de electrónicos que tenemos está al mejor nivel del mundo para la clasificación. También iniciamos a fines de 2014 un proyecto en la cárcel de Punta de Rieles con el Instituto Nacional de Rehabilitación para el procesamiento de material electrónico. En total se generan unas 25 toneladas de metales. Creamos allí una planta donde trabajan unos 20 reclusos. Invertimos unos US$ 200.000 en el espacio, maquinaria, etcétera. Se les paga a las familias de los reclusos un sueldo por el trabajo. Estamos muy contentos con este proyecto porque además de darles un sueldo, tienen algo en qué pensar, adquieren un hábito de trabajo y se sienten orgullosos de mantener a sus familias. Incluso, cuando salen tienen un oficio. Es más, hoy uno de ellos está trabajando con nosotros. El objetivo a fin de este año es llevar la producción al doble para lo cual estamos terminando las instalaciones y vamos a contratar a más personal.

¿Cree que el poco reciclaje en empresas es por un tema cultural o por falta de información?

Por ambas causas. Muchas empresas nos están llamando porque salimos a decir lo que hacemos. Querían hacer las cosas bien, pero no sabían cómo. Por ejemplo, hay empresas internacionales que tienen como norma de sus casas matrices el reciclado pero no encontraban quién lo hiciera.

Se hizo cargo de la empresa muy joven, ¿le gustaría que sus hijos siguieran ese camino?

Creo que la familia es la única que puede hacer que la empresa pueda trascender. Puedo contratar profesionales para la gestión, pero el único que la puede trascender es un familiar directo. Hace dos años ingresó mi hijo mayor. Claro, tiene que tener ganas y debe existir armonía familiar, no puede haber conflictos de orden afectivo. Para ello hay que ordenar las relaciones y mantener una distancia con la empresa, debe servir para fomentar las relaciones y no ser algo que las afecte negativamente. Nosotros, por ejemplo, fuera de horario de trabajo casi no hablamos de la empresa, solo lo necesario. Igual es fácil decirlo, pero muy difícil hacerlo.

¿Cuáles son los planes a futuro de la compañía?

Uno es incursionar en el negocio de reciclado de neumáticos. Tenemos un depósito con el know how del granulado de cobre, que es casi lo mismo que el que se aplica a neumáticos. Tenemos un espacio de depósito de dos hectáreas en San José con 6.000 metros cuadrados para esto. Ya negociamos el cliente final, una cementera que tiene la tecnología para incluirlo en sus productos, solo falta que la Dinama lo autorice y que los distribuidores de neumáticos se encarguen del acopio para que nosotros se lo compremos.

También comenzamos a ofrecer nuestro servicio de recolección y distribución de residuos industriales de todo tipo en el marco del Decreto 182/013 («Reglamento para la gestión ambientalmente adecuada de los residuos sólidos industriales y asimilados»). Podemos hacer la recolección y traslado hacia quien los procese. Tenemos la infraestructura (flota de camiones), el conocimiento y la facilidad de estar en este rubro hace 80 años.

«Si el americano tira una olla, la tira limpia. Eso facilita el trabajo»

Uruguay es uno de los países que más desechos genera per cápita. Desde su perspectiva, ¿creció la conciencia de reciclaje?

El uruguayo no es de reciclar. No hay conciencia aún. Y no es un tema de infraestructura, sino de cultura. Por eso, en Uruguay una empresa como la nuestra sigue siendo basurero, chatarrero; en otros países estas compañías tienen más estatus por el papel que cumplen en la sociedad. En EE.UU., por ejemplo, trabajan muy bien porque el material les llega discriminado y limpio desde los hogares. El americano que tira una olla, la tira limpia, sin mezclar con comida. Eso facilita el trabajo, porque no viene contaminado. Y eso es porque saben que no deben mezclarlo desde un inicio. Acá llegó tarde el tema del cuidado del medio ambiente. Igual, de a poco se está reciclando y hay más controles con las empresas. Por ejemplo con el tema de residuos industriales se mejora a raíz del Decreto 182/013, a punto de regularse, que obligará a cada empresa a ser consciente y clasificar lo que desecha. A futuro deberán contar en su plantilla con alguien que entienda de la temática como hoy existe el médico prevencionista.

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