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Apoyo del sector privado a la infancia crece, pero falta medir su impacto

Estudio de Deloitte exhibe las acciones a la interna, la comunidad y proveedores y clientes.

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Educación e infancia. Son las áreas elegidas por las empresas para generar impacto.

Cada vez más empresas adoptan posiciones fuertes de apoyo a la infancia, pero la evaluación de sus acciones destinadas a la comunidad aún es muy «subjetiva». De cada 10 que respondieron a una encuesta de Deloitte, seis dijeron seleccionar los planes que apoyan por su «impacto» en los beneficiarios. No obstante, aún les faltan indicadores para medir resultados.

El estudio «¿Qué están haciendo las empresas por los niños en Uruguay?» fue presentado el miércoles en la Cena Empresarial de Unicef. Aborda las políticas dirigidas al público interno, comunidad y provedores y clientes. En las primeras dimensiones 124 empresas respondieron y en el último, 81. Sus respuestas reflejan avances con respecto a la primera aproximación de Deloitte al tema en 2012.

«En general, la empresa piensa que el mayor impacto que tiene es en su público interno, entonces ahí hace las primeras acciones (con políticas dirigidas a madres y padres). Después amplía a su comunidad y luego a sus grupos de interés», explicó Mariella de Aurrecoechea, socia de Deloitte a cargo de los temas de RSE.

Además de tener en cuenta el impacto en el beneficiario, las empresas eligen sobre todo acciones en educación (57% de las respuestas) e infancia (54%). «Eso está bueno y está alineado a lo que es la realidad de nuestro país», señaló De Aurrecoechea.

«Lo que debería hacerse por lo menos es tratar de evaluar cuál es el impacto en el grupo de interés que vas a tener. Como si fuera un proyecto de inversión, tratar de rentabilizarlo pero a través del impacto: o sea, qué vas a querer lograr con esa inversión. Puede ser reducir el ausentismo escolar, la repetición, algo que se pueda medir», indicó la experta.

No obstante, dijo que «todavía no estamos midiendo adecuadamente el impacto». «No es sencillo. En Uruguay hay mucho camino para andar en términos de medición. No estamos todavía en un nivel de desarrollo tan grande para que las empresas tengan esto totalmente medido», matizó.

Esto lleva a que se evalúe con subjetividad. «Hay determinadas instituciones que pueden estar bien catalogadas porque transparentan sus acciones e impacto. Subjetivamente se evalúa esa institución y se decide aportar o invertir para que continúe su gestión», explicó De Aurrecoechea.

Según la encuesta de Deloitte, las escuelas y liceos son las instituciones más apoyadas (57% de las respuestas), seguidas por Teletón (44%) y otras como Unicef, Aldeas Infantiles, centros CAIF y Deres, que acumularon entre 25% y 30%. Solo en un 15% de los casos los programas de inversión social son diseñados o implementados junto al gobierno. Los apoyos más mencionados fueron las donaciones en especie o servicios (69%), el voluntariado corporativo (57%) y las donaciones en efectivo (49%).

Cadena de valor.

Además de traducirse en códigos de ética internos, el apoyo a la infancia se puede reflejar en los principales contratos firmados con proveedores y clientes. Así, se van asemejando las prácticas internas de toda la cadena de valor. Solo un 19% de las empresas incorporó exigencias específicas respecto al uso del trabajo infantil en esos contratos y un 13% se encuentra evaluando su inclusión. Si bien los porcentajes son bajos, son mayores que los de 2012, destaca el estudio de Deloitte.

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