INNOVACIÓN

Más allá del "Gangnam style": Corea del Sur, meca de innovación

El país asiático, con cerca de 52 millones de habitantes, logró en pocos años posicionarse por encima de grandes potencias como Japón y Alemania en materia de investigación y desarrollo

El eterno femenino de una imaginativa pintora
K-Pop. El ritmo musical que tiene a Psy y a su "baile del caballo" como referente, ya tienen sus propios fans en Uruguay. Foto: Ariel Colmegna

En las sagas más impactantes de desarrollo apalancado en innovación de las últimas décadas se destacan varias historias de «cenicientas», países que partieron desde cero —o desde varios subsuelos—, sin recursos naturales, y que en pocos años lograron dar «el gran salto» en materia de ingreso per cápita en base a su foco en la economía del conocimiento.

Está el caso de Estonia, una de las naciones más invadidas y devastadas en el pasado, que pasó de tener menos de la mitad de su población con telefonía fija cuando se despegó de la órbita soviética a ser una de las estrellas globales en negocios digitales y pionera en el modelo de e-ciudadanía. O el de Israel, que hasta hace dos décadas basaba su economía en la exportación de naranjas y hoy posee —solo en la ciudad de Tel Aviv— más empresas listadas en el Nasdaq —la Bolsa estadounidense de firmas de tecnología— que todos los países de Europa sumados.

Pero tal vez el caso más icónico en esta categoría de milagros de crecimiento sea el de Corea del Sur, el país asiático que en 2016 quedó primero en el ranking de innovación de Bloomberg, por encima incluso de verdaderas potencias como Japón y Alemania. La medición toma en cuenta indicadores como cantidad de compañías de alta tecnología, gasto en investigación y desarrollo, educación universitaria y patentes por habitante, entre otros factores. Nada mal para un país que hasta 1953 venía de medio siglo de guerras civiles y una invasión japonesa (de 1910 a 1945) que relegó su PBI a un tamaño por entonces similar al de Ghana.

Educación e innovación.

Para hacer el cuadro más desafiante: el país casi no tiene recursos naturales (importa el 97% de su energía) y su superficie (100.210 kilómetros cuadrados, poco más de la mitad del territorio uruguayo) tiene solo un 30% del suelo no montañoso, donde se concentran sus 52 millones de habitantes. «De ahí que la gran apuesta del gobierno surcoreano y de su pueblo es la educación, la innovación, el foco en R&D (investigación y desarrollo) y la creatividad», explica Jin Yi Hwang, una abogada argentina-coreana que viene impulsando desde hace tiempo múltiples proyectos de interacción cultural y creativa entre ambos países.

Un ejemplo de esta relación: hace tres semanas, Hwang fue jurado, junto a Soledad Silveyra y Christian Basso, de la final de Kpop, donde cientos de jóvenes de América Latina participaron con videos de coreografías y canto de bandas coreanas, y cuya final se realizó en el Centro Cultural Konex. El ritmo tiene como referente más famoso a Psy, el autor del baile del caballo del «Gangnam style» que tuvo una viralización explosiva en Internet a través millones de visualizaciones en la plataforma Youtube.

Pero hay cientos de grupos más que mueven un mercado multimillonario. Hay decenas de bandas en la región —la mayoría de adolescentes— que hasta cantan en coreano.

En las antípodas.

Es paradójico: Corea del Sur queda exactamente en las antípodas de la Argentina: si se cava un pozo en línea recta desde Buenos Aires se termina en Seúl, la capital surcoreana. Y sin embargo, el vínculo entre ambas culturas creativas es cada vez más intenso: además del K-pop —que fue uno de los ritmos elegidos para el programa televisivo «Bailando por un sueño» y causó una verdadera revolución—, también el denominado «Kdrama» —telenovelas coreanas— tuvo sus emisiones locales exitosas con Escalera al cielo, Mi amor de las estrellas y Mirada del Ángel, que se pasaron por Telefé.

Esta fiebre acuñó su propio nombre, «hallyu», que es la fonética del término «oleada coreana». En el Centro Cultural Coreano en Argentina tienen lista de espera para aprender el idioma de ese país: la demanda supera con creces a la oferta, cuenta Hwang.

La lengua tiene una particularidad: es uno de los pocos idiomas del mundo que fueron creados intencionalmente y por lo tanto tiene una fecha de nacimiento, en 1443. Ese año el rey Sejong instruyó a sus intelectuales a inventar un sistema para alfabetizar al pueblo.

Jin Yi Hwang estudió Derecho en la UBA, hizo un máster en Nueva York y fue coordinadora de noticias internacionales en el noticiero del canal Telefé, años atrás. Ella viene de una familia con pasión emprendedora en su ADN: su hermana Rebeca, ingeniera química, fue elegida por el MIT en el grupo de los innovadores sub 35 más brillantes del planeta, y tiene en Silicon Valley un fondo de inversión, Rivet Ventures, con foco en empresas en el mercado de mujeres. Rebeca, que se define como una «trotadora global con déficit de atención crónico en la vida», tiene 15 patentes propias registradas en EE.UU.

Mujeres poderosas.

Esta combinación de innovación y género de las hermanas Hwang de alguna forma «marida» bien con la actualidad de Corea del Sur, que por primera vez tiene una presidenta mujer: Geun Hye Park.

La primera mandataria del país presentó cuando asumió en 2013, la «economía creativa» como eje de su gestión. «Una economía creativa es la convergencia de la ciencia y la tecnología con la industria, la fusión de cultura con industria, el florecimiento de la creatividad en las fronteras que antes estaban cerradas. Es ir más allá de la expansión rudimentaria de los mercados existentes y es crear nuevos mercados, nuevos trabajos sobre la base de la convergencia. En el corazón de la economía creativa yacen la tecnología y la industria del IT, áreas que para mí son prioridades», enfatizó Park por entonces, en la ceremonia de asunción.

En esa línea, en 2014 se lanzó un Plan por la Innovación Económica que estableció veinte centros de innovación de la economía creativa en todo el país, coordinado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología de Información y Comunicación, y Planeamiento Futuro —así se llama un ministerio en ese país—. Estas oficinas sirven de apoyo para el crecimiento y expansión de emprendimientos y pymes locales. Además se lanzó una plataforma online www.creativekorea.or.kr, donde los emprendedores pueden sugerir ideas, intercambiar experiencias y generar sinergias.

En las empresas coreanas, la velocidad forma parte del core de la estrategia corporativa, hasta tal punto que muchos ejecutivos argentinos que ingresan a compañías como Samsung y LG suelen comentar que tienen la sensación de que el resto de su vida, en comparación, pasa a transcurrir en cámara lenta. Según el indicador de la Organización Internacional de Propiedad Intelectual (WIPO), Corea del Sur está en el Top 5 de países que presentan más solicitudes de patentes y de diseños industriales. Y el futuro luce prometedor: es la nación del mundo con mayor proporción de estudios terciarios completos para personas de entre 25 años y 34 años.

Solo en investigación y desarrollo, el país asiático invierte cerca de US$ 92.000 millones al año (casi el 5% del PBI), y en esta variable lo ubica entre los cinco principales del mundo. Para tener una idea de comparación, en Argentina ese indicador es menor al 1%. Y eso no es todo. También es el séptimo país más exportador del mundo, el segundo productor global de semiconductores y el quinto de autos.

Hwang está segura de que el proceso de interrelación cultural y creativa con Argentina recién está dando sus primeros pasos, y que las dimensiones vinculares —por ejemplo, en gastronomía— son infinitas.

La «hallyu», la gran ola coreana, apenas está en sus primeros metros de formación.

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