ECOS
Enrique Artagaveytia Gómez
Canelones

Peña, ¿una pérdida?

@| La voy a hacer muy cortita. ¿Se olvidan los señores integrantes de Alianza que hace unos años el diputado Peña espió los e-mail del colega y correligionario Luis A. Lacalle Pou? En aquella oportunidad escribí en este mismo medio solicitando la inmediata expulsión del Partido Nacional por su falta de calidad humana para integrarlo. Ahora, ya lo hicieron crecer bajo la bandera partidaria y cree que es alguien. Craso error.

Carlos
Montevideo

Atención en BROU

@|Me ha sorprendido lo mal que atienden al público algunas sucursales del Banco País. Varias han sustituido a los cajeros personas por cajeros automáticos. Pero en las que han quedado personas, tal como en la sucursal 19 de Junio, han dejado a lo sumo dos cajeros. Esto significa largas colas con una hora de espera para ser atendido. Además, sacaron las sillas donde las personas mayores podían esperar sentadas a ser atendidos. Con el agravante que por razones gremiales a las 18 cierran las cajas y si hay 4 o 5 personas que no han llegado a las ventanillas deberán volver al día siguiente. En la sucursal de Inversiones se debe agendar telefónicamente para solicitar día y hora, pero ese teléfono no es atendido por nadie, “porque no hay telefonista, porque falta personal”. No hay jefes ni gerentes que hagan cumplir a los funcionarios. Su deber es atender bien a los clientes que son el sostén de su actividad. Parecería que no les interesa.

Guillermo Diez
Montevideo

El vuelo al Cielo

@|Cuando era niño, obviamente hace muchos años de eso, mi vecino de puerta era un joven piloto aviador militar de la Fuera Aérea Uruguaya. Como toda criatura inquieta, asiduamente lo visitaba y era siempre bien recibido en ese cálido hogar que mucho me encantaba, tanto por la casa como por los que moraban en la misma, o sea el matrimonio, ambos eran muy jóvenes, aún no tenían niños. Con frecuencia yo iba con su esposa a buscarlo a la Base Aérea Nº 1 cuando finalizaba sus rutinas de vuelo de entrenamiento. Un día, mi vecino amigo, que yo como niño consideraba mi héroe real de carne y hueso escapado de una revista de historietas, despegó de Carrasco para nunca más volver. Como no regresaba a mi me dijeron que se había ido volando al Cielo. Aquel infortunado acontecimiento no fue un accidente por desperfectos en la aeronave, sino por un mal cálculo de vuelo, un error humano. Desde aquella trágica experiencia, con la perspectiva que dan los años, habida cuenta si se compara el material aeronáutico que actualmente posee nuestra Fuerza Aérea, hoy estos aviadores, en silencio, completamente olvidados del pensamiento civil que no tiene ni la más vaga idea del esfuerzo de estos integrantes que no solo son profesionales a carta cabal, sino también humildes, sacrificados y disciplinados servidores públicos, hacen ingentes esfuerzos para mantener en el aire aparatos que como bien dijo en su momento el desaparecido Sr. Ministro de Defensa Fernández Huidobro, hace rato que deberían estar en un museo. Es cierto que esta es una profesión de hombres recios, de alta dedicación, preparación, temple y obviamente de serios riesgos asumidos por vocación, pero si a eso se le contrapone un material de vuelo al límite de lo imposible por su fatiga y obsolescencia, la combinación puede ser altamente preocupante y eventualmente trágica. Hoy, tal vez nuestros lamentables y recientes accidentes aéreos militares huelen mucho más a fallas materiales que humanas. Si hacemos simples cálculos a vuelo de pájaro, el avión P-51 que volaba mi vecino tenía en el peor de los casos diez años de antigüedad. Él no llegó a ver los F-80 y T-33 que nuestra fuerza adquirió poco tiempo después de su accidente y estas eran aeronaves que a lo sumo no poseían más de 5 o 6 años de uso. Para tener una idea, hoy la mayoría de nuestros aparatos tienen en promedio más de cuarenta años de cansancio sobre sus alas. Es evidente que para nuestras Fuerzas Armadas hubo un antes y un después con la vieja Ley de Préstamo y Arriendo desaparecida junto con la Guerra Fría y en consecuencia la balanza económica nacional para el mantenimiento del equipamiento de las mismas se fue haciendo cada vez más difícil de encarar. De las tres armas, la Fuerza Aérea y la Marina son las que están absolutamente más deprimidas, rayanas en la desesperación y el peligro y las que necesitan mayores esfuerzos financieros para la actualización de sus equipos porque su razón de ser depende estrictamente del material logístico que posean. Si no hay aparatos aéreos razonablemente nuevos, no hay posibilidad alguna de realizar la misión que la circunstancia requiera. Si no hay barcos medianamente nuevos y actualizados, de nada sirve que ahora dispongamos de mayor frente marítimo de jurisdicción nacional. Por viejas concepciones ideológicas, mucha gente dentro y fuera del gobierno, aún creen ver en nuestras Fuerzas Armadas gente de no fiar, que solo cobran sueldos (modestos) no se sabe muy bien para qué y no como fieles servidores de la comunidad. Que ellos no olviden que sus viejas y nobles aeronaves, sus aviones de transporte y en especial sus helicópteros siempre están a disposición día y noche bajo cualquier condición climática cuando las difíciles circunstancias lo requieran, en momentos de inundaciones, tornados, incendios, rescate de tripulantes heridos en barcos de alta mar, transporte de enfermos graves desde el interior, o para urgentes traslados de órganos humanos para trasplante donde el tiempo apremia, etc. y porque además, detrás de esas misiones el imprescindible personal de tierra complementa dicha tarea en la operativa y el mantenimiento, en el estudio, en el oficio, la técnica, la disciplina, la contracción al trabajo, la capacitación, la camaradería y la ética en valores. No fui militar, tengo una óptica civil desapasionada, pero nadie crea lo que maliciosamente a veces se dice por ahí, que en el cuartel no se hace nada, solo se toma mate y “ todo lo que se mueve se saluda y todo lo que no se mueve se pinta de blanco”.

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