ECOS
Jorge de Solymar
Canelones

Reclamos: aspiración y pretensión

@|Qué fácil es agitar los ánimos de un pueblo hoy entregado al asistencialismo de un estado que viene infantilizando las fibras de un temperamento humano antes independiente y aguerrido. Qué fácil que es enervar los ánimos e insuflar rebeldía en una modalidad hoy propensa al victimismo.

Cuántos nubarrones se avizoran en el futuro de un país que tiene todo para progresar pero con una creciente masa -felizmente no todos- que se ha creído que su destino depende del gobernante de turno, y que más se consigue cuanto más se grita, se insulta y se reclama eufóricamente, esgrimiendo la razón de Perogrullo: ¡Queremos vivir mejor!

“Si hacen falta más recursos, aumenten los impuestos, sáquenle a los que más tienen, hagan lo que sea: No es nuestro problema”

No hace falta ser economista ni estadista para darse cuenta que lo que está pasando Grecia es el fin de todos los que administran insensatamente su economía. ¿Estaremos realmente tan lejos de llegar a ese callejón de muy dolorosa salida?

La ilusión inculcada es que vivir mejor depende de otros: llámese estado, patrón, empleador o gremio. En tan solo dos generaciones hemos olvidado las enseñanzas del ahorro, del trabajo (serio) y de la administración sensata de los gastos.

“Si no hay cabeza no hay plata que alcance muchacho”. “Si ganás 10 pesos, hacé de cuenta que ganás 9 y ahorrate 1 por si vienen tiempos difíciles” Estos eran consejos que los abuelos de los 40-50 -devenidos de guerras terribles- daban a quienes luego lograron -por su iniciativa y sus ahorros-, tener una vida mucho mejor para ellos y sus familias.

Es fácil imaginar que si el gobierno termina acorralado por la presión combinada de todos los sectores sindicales -verdaderas corporaciones oligopólicas al peor estilo del capitalismo salvaje- terminarán forzando una solución. ¿Pero a costa de qué? Del futuro de las generaciones venideras, que muy probablemente terminarán embretadas en una deuda de la cual ni los intereses podrán pagar.

Sería una manera muy dura de aprender la lección de la ley de correspondencia: yo no puedo vivir mejor a costa del futuro de mis hijos. Tarde o temprano la vida me pasará la cuenta.

¡Qué lejos del concepto de “solidaridad intergeneracional”! Esto solo suena a “egoísmo intergeneracional”.

Sería muy doloroso tener que aprender por medio de adversidades tan tremendas como la de Grecia o de las generaciones de las guerras.

¿Habrá todavía margen para pensar que esto se podría evitar con solo equilibrar la balanza interna entre las aspiraciones nobles y las pretensiones individualistas?

Indignada
Montevideo

Dichos de Sendic

@|Nuestro vice habló el martes ante una nutrida asistencia, claro una cosa es disertar y otra hablar por hablar.

Uno de los temas que trató era la baja natalidad en la clase media y la alta natalidad en la clase baja lo cual provoca un círculo vicioso (algo que todos sabemos).

Por estos dichos me surgen las siguientes preguntas: ¿De qué manera este gobierno fomenta mayor natalidad en la clase media? Porque hasta donde yo sé que soy clase media y tengo dos hijos, si pensara en tener un tercero analizaría muchas variables (posibilidad de mantenerlo, de brindarle educación acorde, sistema de salud), aun así se habla, pero no se fomenta.

El partido de gobierno aprobó la ley sobre el aborto, donde como hace poco salió publicado en este diario en un artículo, se dan pautas para abortar, pero no se asesora para tenerlo.

Sin embargo ser de clase baja y tener hijos es visto como una forma de incrementar ingresos porque hasta determinada cantidad se cobra asistencia en Mides así como asignación en BPS. Entonces, ¿cómo bajar la natalidad en clases bajas y subirla en clase media? Parece obvio, ¿no? Bueno, a este hombre obvio no le resultó, porque solo se limitó a decir que hay que subir una y bajar la otra.

Memorioso
Montevideo

Muertes por inseguridad

@|A diario se producen muertes de personas normales y trabajadoras, quienes tienen la mala fortuna de ser asaltadas y muchas veces ultimadas por delincuentes generalmente menores.

Mientras no se disponga de intensos patrullajes en la ciudad para por lo menos indicar presencia de la autoridad en las calles, esto empeorará día a día.

Parece ser que estas ejecuciones no conmueven a quienes debería, quedando expuestos los ciudadanos a tal barbarie.

Quienes apoyaron el “No a la baja”, deberían ofrecerse como voluntarios para cazar colibríes y ponerlos donde deben estar, y la Justicia buscar apoyo para renovar leyes que a esta altura son tan ridículas como ineficientes y peligrosas.

¿Cuántas muertes diarias deberán ocurrir para que se busque una solución urgente a esto?

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