ECOS
Prof. Pedro R. Goycoechea
Montevideo

El maestro y nosotros

@| Sr. Martín Aguirre: termino de leer su artículo publicado en el País, el día domingo 24, titulado “El Maestro y nosotros” y, aunque aún no he salido del asombro al analizar las conclusiones a las que usted arriba, quiero, en primer lugar, hacerle saber que, como tantos lectores de El País, he seguido este tema a partir precisamente de la nota publicada por el Sr. Mastandrea en Ovación. También he leído la posterior aclaración en la que se desdice en lugar de asumir la responsabilidad por sus dichos que implican, nada menos, que hacer público un diagnóstico acerca de una enfermedad que aquejaría al técnico de nuestra selección, Maestro Washington Tabárez. Se la adjudica, en cambio, al suplemento del matutino y luego pasa a explicar que de acuerdo a lo manifestado por el propio Maestro, no es el “síndrome de Guillain-Barré” el mal que le aqueja, sino que padece una “neuropatía crónica”. O sea que el periodista, así haya abordado el tema por encargo del equipo de Redacción o por propia iniciativa, no asume que cometió un error garrafal al publicar un diagnóstico de otra persona sin su consentimiento, lo cual hubiera evitado su publicación; porque, tal como se desprende de la aclaración formulada “a posteriori” por el propio Maestro, la misma, además de inconsulta, resultó ser falsa. Y ello resulta más grave, si tenemos en cuenta sus declaraciones previas, en el sentido de que su salud es asunto de su privacidad, lo cual parecería ser un tema que no necesita de aclaración alguna. Me sorprende, eso sí, que la mencionada nota fuera motivo de felicitación de parte de una de las hijas del Maestro, porque en realidad el proceder del Sr. Mastandrea, en mi opinión, ha dejado mucho que desear. No quiero extenderme más en otras consideraciones de su nota -algunas compartibles, otras quizás no tanto-, pero me permito discrepar con su conclusión de estar asumiendo la defensa de un trabajo serio, sobrio y profesional. Más bien, yo diría, aun a riesgo de equivocarme, que tanto usted como el Sr. Mastandrea le están debiendo una disculpa al Maestro.

Yolanda Pérez
Montevideo

Tony Pacheco

@|No hay ninguna duda de que Tony es un caballero. Ha expresado su emoción ante el gran partido del 30 de julio. Partido que va a ser más valioso por la presencia de Morena a quien Peñarol le debe la mayoría de sus campeonatos. Como exsocia (borrada por haber sacado a Pacheco de los planteles) no puedo sentirme feliz. Pero es triste, muy triste homenajearlo por haberlo sacado de sus planteles por decisión del presidente Juan Pedro Damiani. ¡Cómo faltó Tony mientras perdíamos tantos partidos y no lo pudo sustituir ningún clase A! Estaría feliz si fuera un homenaje a Tony cuando Tony hubiera elegido irse del club de sus amores y cuya dirigencia no lo supo valorar.

Álvaro Diez de Medina
Montevideo

Engorro diplomático

@| En su edición del 23/07/2016, El País informa que es intención del ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin, el convocar a una “reunión ampliada” de “líderes políticos” a fin de “analizar cuáles son las respuestas del resto de los países (integrantes del Mercosur, en relación con la presidencia rotativa de ese bloque), cómo nos preparamos para el sábado (30 de julio, en ocasión de la reunión del Consejo del Mercado Común) y qué es lo que tenemos que negociar entre los países miembros del Mercosur”. No sé cuáles serán las reacciones políticas a este planteo, pero me permito adelantarle algunos comentarios. La situación hoy planteada tiene su raíz en la presencia de Venezuela en un mecanismo de integración económica que, para su desgracia, ha devenido un fallido y meramente declamatorio experimento político. La responsabilidad de que así sea está en manos de los gobiernos izquierdistas de los países del bloque, y muy especialmente del uruguayo, entusiasta promotor del ingreso de una economía caduca como la venezolana a lo que era, es, y parece que seguirá siendo, una mera obra en construcción. Ese ingreso, por lo demás, se produjo en menoscabo institucional de un miembro fundador del Mercosur, Paraguay, arrojado por la borda junto con toda cautela en cuanto a las previsibles consecuencias diplomáticas de aquella triste decisión. Es por lo menos insólito que el gobierno frenteamplista, el mismo que ayudara con sus actos a embarcar al país en esta situación, aspire ahora a extender su exclusiva y excluyente responsabilidad en este engorro diplomático. No sé cómo reaccionarán los innombrados “líderes políticos” ante este inocultable reconocimiento oficial de incompetencia y desorientación, por lo que aprovecho este espacio a fin de instar, con vehemencia y por el bien del país, a quienes reciban, desde la oposición política, tal invitación a fin de que la declinen, sin matices, y sin rendirse a la triste seducción de correr a hacer número en otro de los tantos conciliábulos del fracaso a los que se muestra aficionada esta administración. La responsabilidad de la conducción de la política exterior de la República está en manos del Poder Ejecutivo. Es el Presidente de la República y su ministro quienes deben, para el caso de que lo pudieran hacer, resolver esta absurda situación, creada por la formulación de una línea política equivocada, imprevisora y digna de aficionados. Y corresponde a la oposición política el hacerle saber al país que nada ha tenido que ver en ese vergonzoso proceso, que nada puede contribuir a la hora de prestarle credibilidad ante países que hoy están meramente actuando en lógica consecuencia de premeditados hechos políticos, y que solo dará a conocer su parecer en este punto cuando le llegue a la República la hora de recibir una alternativa seria, y digna del prestigio que hoy ha perdido, para su mal. Si en otros ámbitos puede la oposición invocar coartadas para entrar en los corrales de ramas de supuesto diálogos políticos en los que el oficialismo visceralmente descree, no es así el caso en el de la política exterior del Estado, donde no pueden admitirse duplicidades: el país necesita saber si cuenta o no con una alternativa digna de su mejor tradición, o apenas con el consentimiento político a la desorientación aldeana que hoy caracteriza nuestra posición ante el mundo. Hacer de comparsa antes del 30 de julio podría representar para la oposición el precio de darle a la opinión pública del país, y a la internacional, este trágico mensaje.

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