ECOS
Joaquín Winkler
Montevideo

Los intereses mandan

@| Hace más de seis décadas que vengo disfrutando el fútbol. Y digo disfrutando porque, como en tantas otras cosas, en el triunfo o en la derrota, en la risa o en la lágrima, está mi pasión, la foto, el espejo donde veo, o vislumbro, que estoy vivo. Aún desde cuando solo se escuchaba por radio, siempre y cuando, recuerdo, lo transmitieran. Años después, cuando la televisión descubre que el deporte, y fundamentalmente el fútbol, tiene un rating mayor, más inocente y más sano que la cholulez, el desencuentro y la violencia, la competencia deportiva se dividió en dos. Deporte y negocio. Uno expuesto, el otro oculto. Parecen aspectos separados, pero terminaron uniéndose, mimetizándose, alimentándose indistintamente el uno del otro. El rating que pueden alcanzar los Juegos Olímpicos, un campeonato de tenis, una pelea por el título, o un Mundial de fútbol, es de un mercado tan masivo, de una invasión popular e individual tal, que ningún sponsor quisiera estar ausente, y por supuesto, están solo los que pueden. Son financiaciones millonarias y el fútbol más, ya que es una pasión cuasi mundial. Y nosotros, intrascendentes contribuyentes, colaboramos desde nuestro infranqueable lugar frente al televisor, porque sin nosotros, nada.

Nuestro ídolo, icono y orgullo literario, Eduardo Galeano, decía que “el gol es el orgasmo del fútbol”. Humildemente, mi querido Eduardo, voy a disentir. Me animo a decir que ningún orgasmo conlleva la tristeza ajena, salvo casos de severos estudios. Entonces hay que tener mucho cuidado con lo que se cobra. Después de ver el gol de Diego con la mano, después de ver a España sacada del Mundial Corea-Japón 2002 con un gol de Corea tras un centro tirado desde medio metro afuera, después de ver el gol de Lampard para Inglaterra que Larrionda no vio, y como esas muchas circunstancias más, me pregunté siempre, ya que me daba tanta bronca, por qué no se implementaba un sistema como en los Juegos Olímpicos, o en el tenis, donde tecnológicamente se puedan, con justicia, sentenciar jugadas decisivas. No puede ser que millones de personas en un replay vean la injusticia, menos el único que realmente la tiene que impartir, el juez. Y siempre supuse que no se implementaba, porque, vuelvo al negocio, justamente lo único manipulable para el rating, el mercado de recepción y la decisión de quienes conviene a nivel emocionalmente masivo, era justamente el juez. Qué casualidad, verdad, que esto pasa luego de un inédito destape de una de las corrupciones más estructuradas que había (¿había?) en los grandes monopolios económicos y financieros del mundo, la FIFA. No puedo creer la dualidad de opinión, incluso, de gente del fútbol. En el tenis, si el replay muestra que la pelota toca medio centímetro la línea, pues vale el tanto. Y tiene que ser así. Porque entonces, si así no fuera, la estúpida y supuesta frescura del deporte más importante del planeta, disfraza y oculta su propia esencia pasional, el verdadero logro deportivo. Es gol, es gol. Es penal, es penal. Fue afuera, fue afuera. Incluso llegué a escuchar que, al fin y al cabo, para qué estaban los líneas entonces, si el offside se determina por el VAR. Señores, una cancha tiene aprox. 7.000 m2. ¿Me quieren decir cómo, pero cómo, una sola persona, ya es heroico tres, puede impartir justicia? El VAR se aplica cuando hay una duda seria, razonable y determinante. Después, con nuestro equipo en el aeropuerto, volviendo moralmente campeones, vemos y revemos las jugadas que nos eliminaron, protestamos, nos violentamos y nos enardecemos odiando los goles ajenos con la mano, en offside o que no entraron, rasgándonos las vestiduras. Bienvenido VAR. Increíbles opiniones de integrantes de un país tan chico, con una consecuente, gloriosa y envidiable historia, donde tantas y tantas veces nos jopearon, nos estafaron y nos sacaron de taquito porque solo nos miraban tres millones. Ya era hora, es parte obligada de la depuración que el propio sistema se está realizando, justamente para subsistir.

Cra. Sandra Sorrentino
Montevideo

Difamación e injurias

@|La Ley de Duelos fue abolida en la presidencia del Dr. Lacalle Herrera, sin embargo cabe aclarar lo siguiente:

Hay dos artículos del Código Penal que tratan el tema de Difamación e Injurias.

La persona que exponga a otra al desprecio público tiene castigos de prisión y penitenciaría y multas en UR que varían según el caso.

El que ofende con palabras el honor también puede ser castigado con prisión y con multas en UR.

Estos hechos que atacan la dignidad y el honor de una persona se dirimen en la Justicia penal y no con duelo mediante armas.

Creo que en una sociedad en que no hay pena de muerte ni cadena perpetua para aquellas personas que matan para robar, otras que matan por violencia de género a sus parejas o exparejas, a sus propios hijos, y reciben pena de prisión o penitenciaria, sería inadecuado agregar un duelo por honor con armas.

Estamos en una sociedad inclusiva en la cual se nos ha aconsejado que no es conveniente tener armas, porque lamentablemente si se tienen se usan. Que cuando nos quieran robar es mejor no resistirse ya que agravamos la situación, porque el que pretende robar se enfurece, se vuelve más violento y agresivo, y además posee un arma la que puede usar en cualquier momento.

Si pensamos todo eso, ¿por qué los políticos pueden batirse a duelo con armas y matar a su oponente, lo que puede ocurrir y ha ocurrido en nuestro país?

Si queremos un país inclusivo, educado, sin violencia, y que en caso de que una persona se sienta injuriada y ofendida en su honor, ya tenemos en nuestro Código Penal cómo proceder. Es decir, se dirime en la Justicia y no con las armas.

Bien podemos asimilar la Ley de Duelos con el ajuste de cuentas. Cada vez mueren más personas inocentes por los ajustes de cuentas y en general quedan sin resolver.

Me parece que en el gobierno de nuestro país en el que los Consejos de Ministros son abiertos, es esperable que cualquier persona opine, esté preparada o no.

En mi opinión, el respeto es fundamental en una sociedad y el que no respeta o ataca ofendiendo debe ser sancionado. Por lo tanto, no procede la Ley de Duelos.

Basta ir a la Justicia donde se dirime el ataque al honor de la forma establecida por nuestro Código Penal.

Dr. Jeremías M.Taurydzkyj
Argentina

La excepción es la norma

@|Esto es “figurita” repetida, en Uruguay y también en la Argentina. O sea, cuando una intendencia como la de Maldonado vota una norma de excepción, el tufillo que sale de la misma no es precisamente el de un perfume francés.

He leído en vuestro prestigioso diario del día 19 de junio, que la Intendencia de Maldonado, o sea del gobierno de Enrique Antía, votó una norma de excepción que le permite a un grupo argentino construir 4 torres en la parada 17 de la Mansa, con una altura que podría llegar cerca de los 100 metros de altura.

En la zona, la altura máxima para construir son P.B. y tres pisos, como lo demuestran muchos de los edificios que están frente a la Williman y que se extienden a lo largo de la emblemática rambla.

Pero siempre en aras de “mejorar la calidad de vida de la zona, de preservar la ecología, de progresar, etc.”, los ediles de la Junta Departamental de Maldonado con el intendente Antía a la cabeza, firmaron esa norma de excepción (léase “anuencia especial”), que por los antecedentes de Punta del Este y Maldonado, hoy se convierte en regla.

“Estamos convencidos de que la propuesta (...), contará con el beneplácito no solo (…) sino también con el de parte de los potenciales futuros usuarios de Venetian Tower y del resto de los ciudadanos de Maldonado”, dijo el arquitecto Daniel Weiss, director de WMW en nota cursada al intendente Enrique Antía.Transcribo textualmente y en forma acotada las palabras del dueño del proyecto.

Pues bien Sr. Arquitecto D. Weis y Sr. Intendente Antía, ya que ustedes y los ediles votantes obviamente hicieron suyos los conceptos antedichos, tenga presente que no todo el resto de los ciudadanos y turistas de Maldonado compartimos los mismos, y que si bien entendemos que el progreso es inevitable, también estamos seguros que las normas son para cumplirse, no para eludirlas o esquivarlas vía de excepciones de aprobación “espontánea”.

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