Campos están sobre exigidos y podría seguir faltante de ganado

Base forrajera y desconfianza son un freno al crecimiento ganadero

Los campos uruguayos soportan cargas altas que los ponen prácticamente en el límite productivo. Por otro lado, la base forrajera no avanza como para descartar la escasez de ganado gordo en los próximos años.

Pablo Antúnez

Los avances en la producción de carne por hectárea, la reducción de la edad de faena y la baja en la edad de entore, fueron parte de los grandes pasos que dio la ganadería uruguaya entre los `90 y 2013. Esto mostró el poder del rubro, pese a que en ese lapso perdió área frente a la agricultura granelera.

Pero, el crecimiento de la desconfianza entre productores e industriales, incentivada además por las declaraciones del presidente José Mujica que acusó a la industria de concertar una maniobra para reducir la faena y bajar el precio del ganado, se convierten en parte de los nubarrones que podrían opacar el crecimiento logrado a futuro. Más allá de esa desconfianza, hay otras luces amarillas, como las altas cargas ganaderas por hectárea que tienen los campos en la actualidad.

Con las lluvias, los productores ganaderos se olvidan de la amenaza que puede representar esa alta carga por hectárea si viene una sequía a la entrada del otoño o si se enfrenta un invierno más frío que lo normal. Tampoco reparan en los perjuicios sobre los precios del mercado que puede ocasionar sacar de golpe ese ganado sobrante.

Si no se resuelven estos desafíos, parece difícil pensar en que la ganadería uruguaya pueda consolidar el gran avance logrado para aprovechar las oportunidades que ofrece un mundo ávido de proteínas de origen animal y alimentos.

Alerta.

En la sequía 2008/09 el clima hizo perder casi 400.000 hectáreas de mejoramientos forrajeros que nunca se recuperaron. Hasta ahora, la productividad de la ganadería vino de la mano del clima y de la aplicación de algunas tecnologías, como el caso de la suplementación.

En 2010 el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) hizo algunas estimaciones para ver si era posible faenar 3 millones de bovinos anuales y demostró que es posible, pero para lograrlo hacen falta más cambios tecnológicos.

Entre ellos, se precisa que el 20% del área total ocupada por el sector esté mejorada con praderas, el nivel de destete debería ser de 75% y el servicio de las vaquillonas debería hacerse a los dos años de edad. Aplicando esas tecnologías se podrían producir más de 100 kilos de carne vacuna equivalente peso vivo por hectárea.

El problema es que además de las altas cargas, la base forrajera retrocede. Según la información publicada en el Anuario 2013 de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), la ganadería uruguaya está concentrada en 13,5 millones de hectáreas. Cerró 2013 con 10,9 Unidades Ganaderas, por lo que la carga sería de 0,8% Unidades Ganaderas por hectáreas. En esos 13,5 millones de hectáreas que ocupa hoy el sector, sólo el 15% del área alberga pasturas mejoradas y encima la carga de los campos es muy alta.

Tomando como un ciclo completo a toda la ganadería, para tener niveles de productividad por encima de los 100 kilos de peso vivo por hectárea -se está en 80 kilos de carne por hectárea-, la carga debería ser de 0,7 Unidades Ganaderas y el área mejorada debería abarcar el 15% del área total, consideró el director del Programa Carne y Lana del INIA, Fabio Montossi, al ser consultado por El País.

El sector criador, es decir, la máquina de producir terneros, está ubicada en la zona de basalto, campos con poca producción de forraje y los más vulnerables a las sequías. De las 4 millones de hectáreas que ocupa el basalto sólo el 5% es área mejorada con pasturas y la carga está por encima de la que puede recibir el campo.

En la zona de las Sierras del Este, otra zona ganadera por excelencia, sólo hay un 10,8% del total de área mejorada y en el Norte, apenas se llega al 12,5% del área mejorada según datos del INIA.

Decisiones.

Frente a este panorama, Montossi insistió en que los productores deben analizar los números de su establecimiento y planificar la compra de insumos planteándose todos los escenarios, incluso uno desfavorable. "Hay dos grandes grupos de tecnologías que son las de proceso -son las que generan gastos menores- y como el uso de los diagnósticos de gestación para darle mejor comida al ganado preñado o los destetes temporarios, por ejemplo. También están las tecnologías asociadas a los insumos, como bien puede ser definir un área mejorada o el uso de la suplementación", recordó Montossi.

El investigador sostiene que Uruguay tiene un paquete tecnológico que le permite al productor ganadero poder enfrentar situaciones climáticas rigurosas como las sequías, pero primero hay que planificar bien las acciones.

"Hay que empezar a hacer los números para tomar hoy las mejores decisiones pensando en que pueden darse problemas climáticos. Si no los hay mejor, pero hay que estar prevenido", advirtió el experto del INIA.

Estímulos.

Volviendo a las señales que reciben los productores, si los ganaderos y la industria no se juntan para analizar definitivamente los caminos que permitan fortalecer una confianza perdida, parece difícil pensar en que Uruguay pueda tener una oferta ganadera más alta de cara a los próximos ejercicios.

Desde 2011 hasta el año pasado, la relación de precios entre el valor del ganado gordo y del ternero fue muy favorable. Hoy esa relación de precios ha bajado, cambiando el escenario que se tenía hace dos años, pero los costos subieron.

Si el sector de la invernada (los engordadores de ganado) no se ve estimulado, al igual que la cría, con relaciones de precios no tan buenas, el ritmo de crecimiento que logró la ganadería se va a desacelerar.

Medirán el uso de la suplementación

El uso de la suplementación en la ganadería de carne ha crecido, principalmente de la mano de una agricultura que cada vez ofrece mayores oportunidades.

Más allá de haber desplazado a las vacas a tierras de inferior calidad o campos marginales, el crecimiento de la agricultura granelera le ofrece a la ganadería una mayor variedad y cantidad de suplementos, de los que buena parte, pasaron a formar ración de la alimentación del ganado.

No existen datos a nivel país que muestren la magnitud del crecimiento que tuvo la suplementación, pero el sector sabe que es mucho mayor a la que se aplicaba décadas atrás. Por eso, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), a través de un proyecto que comienza a ejecutarse este año, intentarán medir el volumen de granos que consume el sector ganadero.

La suplementación posibilita no solo terminar mejor el ganado, también ofrece la posibilidad de lograr mayor cantidad y calidad de terneros, destetes con más kilos y preparar a las categorías de recría para que soporten inviernos duros.

El avance en la calidad de carne también es notorio en los últimos años, pero lejos de estar terminando el ganado a granos, Uruguay tiene la ventaja de hacer todo el ciclo que va desde la cría hasta el engorde sobre pasturas naturales. Solo los vacunos destinados a producir carne para la cuota 481 de la Unión Europea (por la que ingresan sin pagar arancel) son terminados en base a granos en los últimos 100 días.

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