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INFORME REGIONAL

Costo del delito en Uruguay alcanza a US$ 1.592 millones

América Latina y el Caribe destina el 3,55% de su PIB al crimen, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Foto: Fernando Ponzetto

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03 feb 2017

Los altos índices de criminalidad que atraviesan a los países de América Latina y el Caribe generan que las personas modifiquen su conducta para participar o evitar la actividad criminal, hacen que los hogares destinen dinero a protegerse de ella, que las compañías asignen gastos a este rubro y que los gobiernos tengan menos para volcar a otras áreas. La inseguridad en la región es un "desafío para el desarrollo", según el estudio "Los costos del crimen y de la violencia: nueva evidencia y hallazgos en América Latina y el Caribe", elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo.

El trabajo releva para 17 países de la región (entre 2010 y 2014) el costo de los crímenes: los sociales (victimización "letal y no letal" y pérdida de ingresos de la población carcelaria); el gasto privado en seguridad de empresas y hogares; y el gasto público (donde se incluyen los costos del sistema de justicia, el gasto en servicios policiales y en administración carcelaria).


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Más allá de los avances que América Latina y el Caribe alcanzaron en los últimos 10 años —tanto a nivel social como económico—, la región continúa siendo la más violenta del planeta. Para muestra basta un botón: el 33% de los homicidios se comete en esta zona del planeta, a pesar de que solamente el 9% de la población mundial vive en ella.

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De acuerdo al organismo, "el crimen en América Latina y el Caribe es costoso y genera múltiples distorsiones para todos los agentes de la economía".

Según las estimaciones del informe del BID, el delito les cuesta en promedio a los países de América Latina y el Caribe 3,55% de su Producto Interno Bruto (PIB). Esta cifra es similar, por ejemplo, a lo que la región gasta por año en infraestructura.

El BID aclara que se trata de una estimación "conservadora", ya que no incluye otros costos directos e indirectos (como programas para prevenir la violencia, gastos en salud derivados de ella o las consecuencias del delito en los precios de los inmuebles).

Este porcentaje (3,55%) es el doble del promedio de los países desarrollados, y es igual a lo que gana el 30% de la población con menores ingresos de estos países. Esto, según el BID, "subraya el grave impacto que la delincuencia tiene sobre el desarrollo de los países". En algunas geografías, incluso, esa cifra llega a duplicarse (más que nada en Centroamérica).

No es el caso de Uruguay, donde el costo del crimen como porcentaje del PIB llegó en 2014 (último dato disponible en el estudio) a 2,23%. Ese número lo convirtió en el país con el guarismo más bajo en este terreno, salvo por México, que cerró la lista con 1,92%. En el extremo opuesto, Honduras (6,51%) encabezó el ranking.

En concreto, para Uruguay en 2014 los costos del crimen totalizaron US$ 1.592 millones (en términos nominales). Solo tres países (Jamaica, Bahamas y Barbados) tuvieron cifras menores. El que presentó los mayores costos fue Brasil, con US$ 124.000 millones. México ocupó un lejano segundo puesto, con US$ 41.000 millones.

El 42% del monto que compone el costo del crimen se explica por el gasto público (en especial, servicios policiales), el 37% por gastos privados, y el 21% restante por costos sociales de la delincuencia.

Diferentes costos.

El estudio distingue entre distintos tipos de costos. Los costos sociales del crimen incluyen, entre otros, a los de "victimización" (que llegaron a US$ 16.500 millones en la región en 2014). También entran en esta categoría los ingresos perdidos (esto es, no generados) por la población carcelaria, que ascendió a US$ 8.400 millones en 2014 en los 17 países que se relevaron.

En tanto, los costos del sector privado (el gasto en seguridad de hogares y empresas para prevenir delitos) son liderados por Honduras. El extremo opuesto lo ocupa Barbados, seguido de Uruguay y Paraguay.

Los costos asumidos por el gobierno (aquí está comprendidos el gasto público en el sistema judicial, servicios policiales y la administración de las prisiones) oscilan entre 0,5% y 2,1% del PIB.

Lo que "destinan" los países a homicidios

Los costos de los homicidios explican la mayor parte del denominado "costo social" causado por el crimen. En la región, su costo total fue de entre US$ 9.800 millones y US$ 11.400 millones en los años 2010 a 2014. En términos relativos, agrega el informe del BID, el costo de los homicidios descendió "ligeramente" en este periodo. El trabajo clasifica a los países en tres grupos en este terreno. El primero lo conforman las naciones cuyos costos sociales por homicidios son menores al 0,10% del PIB. Uruguay integra esta lista, junto con Chile, Argentina, Perú y Barbados. En ellos, el costo se mantuvo estable dentro del periodo de análisis (salvo en Barbados, donde bajó de 0,13% del PIB en 2010 a 0,06% cuatro años más tarde). Dentro de los países que, en cambio, presentan mayores costos por este tipo de crímenes (por encima de 0,50% de su PIB) resalta Honduras. La nación centroamericana tuvo en 2014 un costo por homicidios que llegó a 1,62% del PIB. Se trata, precisa el informe del organismo, de un porcentaje más de cinco veces mayor que el promedio de la región.

Los costos de la violencia contra la mujer.

El estudio del BID también hace especial énfasis en la violencia contra la mujer (VCM) que, indica, contempla un espectro amplio de delitos. De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citados por el informe, tres de cada diez latinoamericanas y caribeñas sufrió violencia física y/o sexual en algún momento de su vida.

Son varios los costos directos de este tipo de violencia: gasto público en seguridad, en el sistema de salud, en atención a las víctimas, en el sistema judicial, entre otros. Asimismo, "los costos directos de la VCM también incluyen los costos sociales, como la pérdida de vidas y la disminución de la calidad de vida debido a la violación y otros delitos violentos", señala el trabajo.

Por el lado de los costos intangibles, en tanto, se enumera otra lista: malos resultados sanitarios para las mujeres y niños inmersos en un ambiente de violencia doméstica; más probabilidades de que las mujeres tengan abortos, sufran depresión u otra enfermedad mental, o contraigan una enfermedad de transmisión sexual. Por ejemplo, un estudio citado por el informe del BID indica que las mujeres que son víctimas de violencia por parte de su pareja tienen 1,5 veces más probabilidades de tener VIH y 1,6 veces más probabilidades de contraer sífilis que las mujeres que no la padecen.

Una de cada 10 víctimas de homicidios en América Latina es mujer. En la región las tasas de homicidios femeninos es de 4,3 por 100.000 mujeres. Este número está cerca de duplicar el promedio mundial (2,3 cada 100.000).

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