Paul Krugman

Vudú de izquierda y derecha

Los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos son muy diferentes entre sí y una de esas diferencias implica la disposición a entregarse a fantasías económicas.

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Bernie Sanders. Foto: AFP

Los republicanos sistemáticamente se dedican a un vudú profundo y hacen declaraciones extravagantes sobre los efectos positivos de bajarles los impuestos a los ricos. Los demócratas tienden a ser cautos y cuidan de no prometer demasiado, como lo ilustró recientemente el hecho de que Obamacare hay resultado significativamente más barato de lo proyectado, pese a que los conservadores insistían en que iba a desfondar el presupuesto.

¿Está por cambiar todo eso?

Días pasados, cuatro ex directores demócratas del Consejo de Asesores Económicos del presidente —tres que se desempeñaron con Barack Obama y uno con Bill Clinton— emitieron una punzante carta abierta dirigida a Bernie Sanders y Gerald Friedman, profesor de la Universidad de Massachusetts que ha generado gran parte de las cifras que maneja el equipo de campaña de Sanders. Los economistas criticaron a Sanders por hablar de "pretensiones extremas" de Friedman, que "exceden incluso las predicciones más grandiosas de los republicanos" y que podrían "socavar la credibilidad de la agenda económica progresista".

Eso es muy duro. Pero es muy duro por una razón.

Las pretensiones de las que hablan los economistas vienen del análisis del programa económico de Sanders hecho por Friedman. La buena noticia es que esta no es la evaluación oficial de su campaña; la mala es que el análisis de Friedman ha sido muy encomiado por los funcionarios de campaña.

Y el análisis en verdad que se cuece aparte. Los candidatos republicanos han sido el blanco de amplias y muy justificadas burlas por sus declaraciones, cada vez más pretensiosas, de que pueden lograr un increíble crecimiento económico, empezando con la promesa de Jeb Bush de duplicar el crecimiento a 4% y partir de ahí para arriba. Pero Friedman deja chicos a los republicanos, pretendiendo que el plan de Sanders generaría un crecimiento de 5,3% anual en el curso de los próximos diez años.

Aun más reveladora, diría yo, es la proyección que hace Friedman de los empleos, en el que el porcentaje de adultos con trabajo se eleva al que era allá en el año 2000. Eso puede parecer posible, hasta que recordamos que para 2026, más del 25% de la población de más de 20 años tendrá 65 años o más, a diferencia del 17% en 2000.

Lo siento, pero no hay forma de justificar estas cosas. Para los estudiosos como yo, esto es francamente horripilante.

Empero, estas son cifras de un programa que Sanders, aunque llegara a la Casa Blanca, tendría muy pocas posibilidades de poner en práctica. Entonces, ¿qué importancia tienen?

Por desgracia, la respuesta es que sí tienen importancia y por varias razones. Una razón es que, como advierten los economistas, las matemáticas imprecisas de la izquierda hacen imposible criticar efectivamente el vudú de la derecha.

Más allá de eso, esta controversia es una señal de una campaña, y quizá de un candidato, que simplemente no está listo para el horario estelar. Las pretensiones del programa de Sanders no solo son inverosímiles, sino que son vergonzosas para cualquier persona remotamente conocedora de la historia de la economía (que establece que incrementar el crecimiento a largo plazo es muy difícil) y de los cambios demográficos. Los números debieron haber hecho sonar todas las alarmas, pero obviamente no fue así.

Sanders está propugnando por la ampliación de la red de seguridad social de Estados Unidos, cosa que es algo que también a mí me gustaría ver. Pero el problema con esa medida es que probablemente crearía tantos perdedores como ganadores: un número sustancial de estadounidenses, sobre todo en la clase media alta, que acabarían pagando más en impuestos adicionales de lo que ganarían con el aumento de beneficios.

Al apoyar pretensiones económicas desmesuradas, el equipo de campaña de Sanders básicamente está dando a entender que no cree que pueda convencer de su programa por sus propios méritos, que tiene que invocar un milagro de crecimiento para reducir los aspectos negativos de su visión. Pero, en la práctica, lo que está haciendo es confirmar las peores sospechas de sus críticos.

¿Qué sucede ahora? La campaña de Sanders ha respondido a las críticas en ocasiones anteriores impugnando los motivos de sus críticos. Pero los autores de la carta crítica que salió días atrás no son solo economistas importantes; son personajes importantes en el movimiento progresista.

Así que Sanders necesita reprimir fuertemente el instinto de su equipo de campaña por lanzar ataques. Más que eso, necesita desasociarse a sí mismo del vudú de la izquierda, no solo por los riesgos políticos, sino porque hablar con la verdad es —o debería ser— un valor fundamental de los progresistas.

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