Paul Krugman 

Los vampiros de Wall Street

El año pasado, los vampiros de las finanzas se compraron un Congreso. Sé que no es amable llamarlos así, pero tengo mis razones, que explicaré en un momento.

Por ahora, no obstante, solo notemos que hoy día Wall Street, que solía dividir su apoyo entre los partidos, favorece abrumadoramente al Partido Republicano. Y los republicanos que llegaron al poder este año están devolviendo el favor, tratando de eliminar la Dodd-Frank, la reforma financiera promulgada en 2010.

¿Y por qué debe morir la Dodd-Frank? Porque está funcionando.

Esta declaración puede sorprender a los progresistas que creen que no se ha hecho nada significativo para frenar a los banqueros desbocados. Y es cierto tanto que la reforma se quedó bastante corta de lo que realmente se debió haber hecho, como que no ha producido triunfos obvios y medibles, como las ganancias en los seguros gracias al Obamacare.

Sin embargo, Wall Street odia a la reforma por una razón, y una revisión más cuidadosa muestra por qué.

El sistema.

Para empezar, la Oficina de Protección al Consumidor Financiero —la creación de la senadora Elizabeth Warren— está, según todas las versiones, teniendo un importante efecto escalofriante en las abusivas prácticas prestamistas. Y los primeros indicios son que una regulación mejorada de los derivados financieros —con un papel importante en la crisis de 2008— está teniendo efectos similares, mayor transparencia y reducción de las ganancias del intermediario. ¿Qué hay con el problema de la estructura del sector financiero, a veces simplificada en exceso con la frase: "demasiado grande para quebrar"? Allí, también, la Dodd-Frank parece estar produciendo resultados reales, de hecho, más de los que esperaban muchos de sus partidarios.

Como acabo de indicar, lo demasiado grande para quebrar no establece del todo el problema. Lo que fue verdaderamente letal fue la interacción entre el tamaño y la complejidad.

Las instituciones financieras se habían convertido en quimeras: parte banco, parte fondo de cobertura, parte aseguradora y así sucesivamente. Esta complejidad les permitió evadir las regulaciones, pero permitió que las rescataran de las consecuencias, cuando les salieron mal las jugadas. Y la habilidad de los banqueros para sacar ventaja de una u otra forma ayudó a preparar a Estados Unidos para el desastre.

Controles.

La Dodd-Frank aborda este problema permitiendo que los reguladores sometan a las instituciones financieras "sistemáticamente importantes" a normativas extras y tomen el control de ellas en momentos de crisis, en comparación con simplemente rescatarlas. Y se requiere que las instituciones financieras en general pongan más capital, reduciendo tanto su incentivo para asumir riesgos excesivos, como la posibilidad de que tomar riesgos lleve a la bancarrota.

Todo esto parece estar funcionando: "la banca de sombra", la que creó riesgos del tipo bancario mientras se evadían las regulaciones de tipo bancario, va en retirada. Se puede apreciar esto en casos como el de General Electric, una empresa manufacturera que se convirtió ella sola en financiera embaucadora, pero ahora está tratando de retornar a sus raíces. También se puede ver en las cifras de conjunto, en las que ya reapareció la banca convencional, lo cual quiere decir que está sujeta a regulaciones relativamente fuertes. Evadir la normativa, parece, no es tan atractivo como solía ser.

Contraataque.

Sin embargo, los vampiros están contraatacando. ¿Por qué los llamo así? No se debe a que le chupen la vida a la economía, aunque sí lo hacen: hay mucha evidencia de que sectores de tamaño excesivo pagado de más —como el nuestro— dañan al crecimiento económico y a la estabilidad. Hasta el Fondo Monetario Internacional está de acuerdo.

Sin embargo, lo que realmente hace que la palabra sea la adecuada en este contexto es que los enemigos de la reforma no pueden soportar la luz del día. Es difícil encontrar defensas abiertas de la derecha de Wall Street para volver a las andadas. Cuando los comités de expertos de derecha sí tratan de afirmar que la normativa es algo negativo que dañará a la economía, pareciera que no tienen el corazón puesto en ello. Por ejemplo, el más reciente de ese tipo de "estudio" del organismo American Action Forum, de cuatro páginas completas, en el que hasta su autor, el economista Douglas Holtz-Eakin, suena avergonzado de su trabajo.

Más bien, lo que se recibe, en gran medida, es aseveraciones de que la esclavitud es libertad, de que, de hecho, la reforma empodera a los malos: por ejemplo, que regular a las instituciones demasiado grandes y complejas les hace un favor a los embaucadores, de una forma o de otra, afirmaciones desmentidas por los esfuerzos desesperados de tales instituciones para evitar la designación de "sistemáticamente importante". El punto es que casi nadie quiere que lo vean como un sirviente por el que pagó el sector financiero, lo cual son, de hecho, y mucho menos quienes son exactamente eso.

Y esto, a su vez, significa que, al menos hasta ahora, los vampiros están recibiendo mucho menos de lo que esperaban por su dinero. A los republicanos les encantaría anular la Dodd-Frank, pero tienen miedo, con razón, de los focos de publicidad que defensores de la reforma, como Warren —quien inspira una asombrosa cantidad de miedo en los perversos— harían brillar sobre sus esfuerzos.

¿Significa esto que todo anda bien en el frente financiero? Claro que no. La Dodd-Frank es mucho mejor que nada, pero está lejos de ser todo lo que necesitamos. Y los vampiros siguen acechando en sus ataúdes, a la espera de volver a atacar. Sin embargo, las cosas podrían estar peor.

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