Este año, el ingreso medido en dólares será un 15% inferior al generado en 2014

Uruguay tiene US$ 10.000 millones menos para gastar

Para salir del estancamiento económico es necesario que se produzca una baja del precio de los activos y de los salarios medidos en dólares. En la medida que estos ajustes se demoran, más se dilata el impulso que pueden brindar las exportaciones y la inversión al crecimiento y la generación de puestos de trabajo.

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Foto: El País.

La realidad que le toca vivir a la economía uruguaya en los dos próximos años es que, sin que haya caído el PIB hasta el momento, la sociedad está generando menor cantidad de dólares para gastar.

La crisis del año 2008 en el mundo desarrollado fue el inicio violento de una búsqueda de una situación de equilibrio, luego que en los cinco años anteriores se generaran profundos desajustes macroeconómicos en el mundo.

El desequilibrio macroeconómico generado en ese período de expansión se puede resumir en los niveles de la cuenta corriente de la balanza de pagos de varios países. Por un lado Estados Unidos, Europa y un conjunto de países emergentes, entre los que estaba el Mercosur, generaban un déficit cercano a 3% del PIB mundial en el año 2008. Este exceso de consumo era compensado por los superavitarios que eran principalmente China, Japón y los países exportadores de petróleo.

La crisis global llevó a que en el 2009 se corrigieran los desvíos en forma abrupta y a lo largo de los años siguientes se fuera delineando un nuevo panorama. Estados Unidos sigue teniendo un déficit significativo pero por debajo del 1% del PIB mundial, China ya no tiene tanto superávit, Europa pasó a estar más equilibrado y los países exportadores de petróleo son deficitarios y se están ajustando a la dependencia del precio del petróleo.

Es un camino de adecuación que se va transitando lentamente y está dejando como resultado una década perdida en Europa, déficit fiscal alto en Estados Unidos, cambios profundos en China y un fuerte empobrecimiento en los países exportadores de petróleo y minerales. En cuanto a los exportadores de alimentos como Uruguay, la nueva realidad indica precios más bajos pero con una demanda sostenida para la capacidad de oferta generada en los años de expansión.

Para nuestro país, entonces, se puede esperar que los precios de las materias primas que se exportan no tengan grandes variaciones respecto a los valores de los dos últimos años. En este contexto pasarán a predominar las variaciones provocadas por las oscilaciones en la cantidad ofertada que es muy dependiente de las condiciones climáticas.

Este escenario internacional también impacta sobre Brasil y hace unos años que su economía viene en franco deterioro y eso repercute en nuestro país. El nivel de actividad está cayendo en una recesión que en el contexto de debilitamiento político actual parece no encontrar caminos de salida. En el primer trimestre del 2016 las exportaciones con dicho destino cayeron -34%, afectando sectores manufactureros.

Por su parte, la recuperación de Argentina parece posible, pero el impacto sobre nuestra producción de bienes demorará un tiempo. Por ahora nos debemos contentar con alguna mejora en el flujo de servicios vinculados al turismo.

Nivel de actividad.

Este escenario externo es el marco para una desaceleración que se viene manifestando desde hace varios trimestres, pasando de un ritmo de crecimiento del 3,2% en el 2014 al 1,0% al año siguiente. Si se analiza la evolución del PIB corregida de factores estacionales, se observa que prácticamente desde el segundo trimestre de 2014 se encuentra en el mismo nivel. Uno de los aspectos que caracterizará la coyuntura económica en los dos próximos años será el muy bajo crecimiento, esto exigirá cambios de conducta en las familias y en las empresas.

El otro aspecto característico de esta nueva realidad es el cambio en los precios relativos por el que está atravesando la economía. En el recuadro adjunto se explica con detalle el ajuste por el cual los valores en dólares en nuestra economía están a la baja. El ingreso disponible medido en la moneda estadounidense será este año un 15% inferior al generado en 2014. Esto lleva a estimar en US$ 8.000 millones menos de ingreso entre 2013 y 2016. Al menor ingreso se agrega el impacto del menor ingreso de inversión extranjera en aproximadamente US$ 2.000 millones.

El nuevo contexto marca un cambio en la estructura productiva, con algunos sectores que pierden peso relativo y otros que adquieren un rol como motores de la economía.

El menor ingreso en dólares afectará negativamente el consumo, fundamentalmente el de bienes durables, por lo que esta variable no mostrará el dinamismo del pasado reciente. Los datos de 2015 lo confirman, registrando un estancamiento del consumo final del sector privado.

La inversión, perderá dinamismo en relación a los muy buenos años pasados. A nivel privado se viene contrayendo desde mediados del año 2013, período en el que se vio parcialmente apuntalada por la construcción de la planta de Montes del Plata. Es una variable vinculada directamente a las expectativas y le juega muy en contra la pérdida de competitividad acumulada en los últimos años, que determina una muy baja rentabilidad.

Esa rentabilidad menguada se debe comparar con el precio de los activos que, expresados en dólares, están todavía con los precios de la época de fuerte crecimiento y por lo tanto sobrevaluados.

El sector exportador y en particular el primario es el que se presenta con mayores posibilidades de liderar a la economía, ante una demanda internacional que si bien no tan dinámica como en el pasado reciente, se muestra firme. Pero para que ello se concrete requiere de algunas reformas. La recomposición de los márgenes de rentabilidad empresarial y la mejora de la red vial son algunas de ellas.

Impacto fiscal.

El enlentecimiento de la economía y los cambios en las fuentes de dinamismo tienen implicancias en lo social y en materia fiscal. Desde el punto de vista social, las dificultades tienen su primer impacto en el sector primario y en la industria manufacturera.

Es en esas actividades que se siente fuertemente la caída en los precios de materias primas, la falta de ajuste a la baja de los costos en dólares, las menores compras desde el extranjero y los problemas en la región como consumidora de manufacturas. Luego de ese primer impacto comienza a pasar a los proveedores de estas actividades que por lo general tienen vínculos estrechos con servicios. A partir de ese momento es que empieza a impactar en los hogares urbanos y de ahí al desempleo, la reducción de horas extra y el consumo.

La culminación del ajuste de los precios relativos y la necesidad de ajustar las remuneraciones a un menor valor de la productividad de la mano de obra debido a la caída de los precios de exportación, determinan que la recaudación sobre los impuestos que grava estos ingresos ya no crecerá al ritmo del pasado.

A su vez, el enlentecimiento del consumo también impactará en el IVA. Los impuestos más importantes perderán dinamismo, lo que genera tensión frente a un gasto público muy rígido.

En el corto plazo, el deterioro del resultado del gobierno central será compensado por un mejor resultado de las empresas públicas. Ello permitirá que el déficit global no se deteriore sustancialmente con respecto a los niveles actuales en torno al 3,7% del PIB.

Este valor hay que analizarlo en una perspectiva de mediano plazo. No se trata de un nivel confortable, pero el país cuenta con reservas suficientes para hacer frente a los compromisos por lo menos por un año. Cuenta también con una confianza ganada en el contexto internacional que le permitió acceder al grado inversor y por consiguiente a financiamiento en condiciones relativamente favorables.

Pero no se puede seguir indefinidamente con un déficit de esta magnitud financiado con deuda, ya que esta se puede tornar inmanejable.

Trayecto esperado.

El contexto internacional imperante en los años anteriores posibilitó que la economía creciera a tasas superiores a las de su tendencia de largo plazo, lo que le permitió construir fortalezas que la están ayudando a transitar sin mayores sobresaltos una trayectoria hacia un nuevo ciclo económico.

Pero esas fortalezas o márgenes se van agotando. El no haber llevado a cabo una política contracíclica en momentos de bonanza está pasando factura, ya que la situación amerita prudencia en materia de gastos en momentos en que se resiente la demanda. De ahora en más, la trayectoria será distinta a la de los últimos años.

En este escenario, el PIB no tiene mucho margen para crecer en este año, es posible esperar una moderada recuperación en el próximo y, dependiendo de cómo evolucione la región y las acciones que se adopten internamente, una aceleración mayor en los años siguientes, convergiendo a la tasa de crecimiento de largo plazo.

Para ello es inevitable un ajuste de los salarios y el gasto medido en dólares. También deberá ajustar el precio de los activos medidos en dicha moneda. Esto se puede lograr por baja en las variables nominales o por una suba del dólar superior a lo que ajusten estos precios por la inflación.

La economía uruguaya se debe un ajuste en dólares.

En la medida que la devaluación va superando la inflación se observa que hay precios que bajan medidos en dólares. En el 2015 el dólar aumentó 13% más que la inflación. Se espera que este año gane otro 8%.

A la luz de esta evolución y dado el enlentecimiento del nivel de actividad, el ingreso nacional en el 2016 será aproximadamente US$ 8.000 millones inferior al del 2013 y por año hay aproximadamente US$ 2.000 millones menos de inversiones extranjeras.

Esa cantidad menor de dólares en circulación terminará impactando en la demanda de bienes de consumo e inversión. Por lo tanto, todo aquello que se mantenga caro en dólares tendrá dificultades para su comercialización. En particular los activos como propiedades y empresas.

En el caso de los salarios en dólares la baja se tiene que dar por razones de competitividad. En la actualidad, no alcanza con buscar mejoras en la productividad para explicar aumentos de salarios.

La empresa debe contratar hasta el punto en el que el valor del producto marginal iguala al salario y en ese caso se trata del producto del precio de venta final y la productividad del trabajo. Es el primer componente el que debería estar tirando para abajo en los salarios.

De todas formas, esa presión a la baja de los salarios en dólares, que de no concretarse impactará en el empleo no tiene necesariamente que impactar negativamente en la capacidad de compra de los hogares, ya que ésta se mide en relación al IPC, que se rezaga frente el dólar.

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