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Uruguay: una sociedad dual

Uno recorre el cinturón de Montevideo y es una ciudad de gente muy pobre. Y no importa si esa gente pobre tiene un alto nivel de consumo, que es mucho a lo que se ha apuntado. La pobreza estructural sigue existiendo." Esto decía hace unas semanas Óscar Bottinelli en una entrevista en Voces.

Carros de caballos. Foto: AFP
Foto: AFP

Hay una sensación generalizada de que la marginalidad y fragmentación social sigue siendo enorme, sin embargo esto no se compadece con las cifras más difundidas sobre pobreza. En estos párrafos intentaré analizar en qué medida es cierto lo dicho por Bottinelli.

Según la "línea de pobreza", medida y definida por el INE, la pobreza ha disminuido significativamente. La capacidad de consumo de la sociedad se expandió estos años permitiendo a mucha gente superarla. También ha mejorado la desigualdad monetaria, medida por el índice de GINI. En ambas tendencias mediaron condiciones externas y políticas públicas. Sin embargo, cuando analizamos dimensiones más estructurales de la pobreza, los resultados son menos alentadores. El "Reporte Uruguay 2015" publicado por el Mides habla de "la existencia casi indiscutible de una sociedad dual". A continuación comentaremos algunos aspectos donde es más visible esta dualidad de nuestra sociedad, como son la educación, la violencia, el empleo y la vivienda.

Educación.

Cotidianamente se refuerza la brecha social y cultural como resultado de las vergonzosas diferencias en los logros educativos. Hoy en Uruguay, la gran mayoría del 20% más rico de jóvenes completan el liceo. Sin embargo, según el Ineed, solo 7 de cada 100 jóvenes del quintil más pobre lo logran. ¿Qué tipo de empleo le espera a la mayoría de los otros 93 jóvenes en un mundo donde la robotización está eliminando aquellos de más baja calificación? Un importante trabajo de Leonardo Gasparini —entre otros— (2012) sobre la pobreza en América Latina, estima que la brecha educativa en Uruguay es mayor a la de Argentina, Chile, Paraguay y Venezuela entre otros. Un análisis de desigualdad multidimensional del PNUD e Iecon (2013) también advertía sobre el aumento de las disparidades educativas por quintiles en años recientes. En otras palabras, el Uruguay dual aparece mostrándonos que la desigualdad educativa es mucho más grave que la de ingresos. La educación termina reproduciendo, y quizás aumentando, las desigualdades sociales.

Violencia.

En Uruguay se triplicaron las rapiñas comparado con la salida de la crisis. Esta impresionante evolución del delito parecería contradictoria con la mejora en variables socioeconómicas. Pero más allá de esta tendencia general, es clave entender la tremenda disparidad en la violencia con la que los uruguayos conviven dependiendo de su lugar de residencia, particularmente dentro de Montevideo. Según cifras del MI, hay zonas que alcanzaron tasas de homicidios similares a las ciudades más violentas del mundo en 2015. Lo que sucede estos días en Casabó es un claro ejemplo. Analizando fríamente, el aumento de la violencia nos afecta a todos, pero los ciudadanos de ciertos barrios de Montevideo conviven con niveles y formas de violencia inusitados e inadmisibles.

Mercado Laboral.

Según el "Reporte Uruguay 2015" del Mides, la mejora en la actividad económica de los últimos años permitió un significativo aumento en la tasa de actividad de los quintiles superiores, pero la del quintil más pobre permaneció "relativamente estable". Esto habla a las claras de un sector de la población, de baja calificación, que siguió teniendo muchos problemas a la hora de buscar trabajo y que se benefició mucho menos de la expansión económica.

El deterioro reciente del empleo golpea especialmente a estos sectores donde las mujeres jóvenes se llevan la peor parte, más de un 30% de las menores de 24 años estaba desempleada en junio de este año. Asimismo, el mencionado "Reporte Uruguay 2015" compara el desempleo de las mujeres del primer y quinto quintil en 2006 y 2014. Si bien el desempleo descendió en toda la población, la brecha entre el desempleo de ambos grupos seguía siendo enorme en 2014, y había aumentado con respecto a 2006.

Vivienda.

Hay miles de uruguayos sobre la línea de pobreza que tienen problemas con la vivienda. El "Reporte Uruguay 2015" indica que en 2014 solo el 29% del quintil más pobre de los hogares vivía en viviendas de "buena calidad". Según datos del censo de 2011, cerca del 15% de las personas tenía Insatisfecha la Necesidad Básica de "vivienda decorosa".

En resumen, hay acuerdo en que el aumento del ingreso y consumo de la población no se tradujo en mejoras del mismo calibre en factores estructurales como la vivienda o la educación. Además algunas desigualdades, como la educativa, han aumentado. Este Uruguay dual, tiene a Montevideo como claro ejemplo. Hay barrios que cuentan con todos los servicios, bajo desempleo y una criminalidad "tolerable". A escasos minutos, sus conciudadanos están dominados por el narcotráfico y tienen una educación y servicios públicos de segunda. En muchos sentidos son ciudades distintas, con poblaciones que cada vez comparten y se reconocen menos. Esta fragmentación social se viene disimulando por una coyuntura económica favorable pero, a la larga o a la corta, pasará factura si nos creemos que todo está bien porque el consumo aumenta.

(*) La autoría de este artículo corresponde al Economista Agustín Iturralde.

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