JORGE CAUMONT

El umbral de un nuevo escenario

Finalmente parece que, ahora sí, antes de fin de año, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) dispondría el inicio de una trayectoria alcista para su tasa de interés, la variable más importante del sistema capitalista.

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Reserva Federal de Estados Unidos

Son hoy más numerosas las razones para esa conclusión que lo que lo fueran hasta ahora, y por tanto se debe esperar este movimiento que tendrá efectos globales y locales significativos.

Historia reciente.

Varios hechos afectaron a los consumidores y a las empresas de Estados Unidos durante la década con que inició el siglo. Los ataques terroristas primero y luego la burbuja inmobiliaria, que provocó la crisis bancaria con su más profundo efecto negativo en el cuarto final de 2008, obligaron a un manejo muy expansivo de la política monetaria. Tasa de interés prácticamente nula y creación de dinero a través de compra por la Fed de títulos de deuda, llenaron al mercado local y mundial de dólares. El objetivo: la recuperación de la economía. La crisis bancaria y del mercado de capitales generó una notable pérdida de riqueza que amenazaba con efectos devastadores sobre el consumo y la inversión. La recesión que siguiera debía superarse apuntando a variables que neutralizaran esos efectos y la teoría y la enseñanza de crisis anteriores, sugerían por un lado una tasa de interés como la que se instaló —baja para evitar el ahorro y estimular el consumo y la inversión— y la abundancia de dólares implícita en esa política para reducir el valor de la moneda y estimular la competitividad de la producción transable. Se tardó en lograr una recuperación que redujera a niveles más normales la tasa de desempleo y evitara la deflación, pero desde hace ya dos años el paso hacia una cada vez mejor situación ha sido reconocido por el mercado. La economía creció, el desempleo disminuyó y si bien la inflación no apareció todavía, desde hace ya dos años el mercado anticipa que la política monetaria se hará más restrictiva. De hecho eso ya viene ocurriendo luego que a fines del año pasado la Fed decidiera terminar con un programa de compra de títulos en el mercado abierto, lo que al tiempo que llenaba de dólares al mercado provocaba una notable reducción de sus rendimientos y también un notable incremento en los rendimientos de los títulos soberanos de los países emergentes, incluidos nuestros bonos globales y del tesoro. El simple anticipo de la continuidad de las medidas monetarias menos expansivas provocó la apreciación del dólar y con ello la fuerte caída de los precios internacionales de los commodities en general, lo que permitió una presión deflacionista contraria a la inflacionista del menor apriete monetario.

Más reciente aún.

Tras crecer a un alto ritmo en el segundo trimestre de este año, que anualizado alcanzó a 3,9% debido al aumento del consumo y la inversión, en el tercero la producción de bienes y de servicios de Estados Unidos aumentó 1,5% debido a una menor inversión. De no ser por eso, el PIB habría subido 3%. Ahora la expectativa del mercado es que la inversión volverá a crecer antes de la estación de las fiestas navideñas, y que la menor demanda externa por exportaciones debido a la apreciación del dólar no será de influencia negativa significativa. Los determinantes del consumo interno se presentan vigorosos (ingresos crecientes, tasas de interés aún muy bajas y recomposición de la riqueza financiera y real), lo que hace estimar que nuevamente en el último cuarto del año la economía mostrará buen desempeño. El menor desempleo y la reducción de los precios de los combustibles por la caída de los precios del crudo vienen jugando para que el consumo interno, que representa el 70% del PIB, sea creciente y a buenas tasas: 3,2% en el tercer trimestre. La tasa de desempleo se ubica en 5,1%, un registro próximo a la tasa natural y en consecuencia al pleno empleo, dejando de ser preocupación de la Fed, que ahora concentra más atención en el comportamiento de la inflación que se mueve por debajo del 2% anual que es la meta oficial.

El último comunicado de la Fed, hace unos días, dejó la impresión que comenzará, aunque a ritmo lento, un accionar monetario menos expansivo. Es altamente probable entonces, que en diciembre comience una etapa de aumentos de la tasa de interés de referencia de la política monetaria. Esta nueva etapa tendiente a evitar eventuales presiones inflacionarias por cambios en la demanda por dinero para las transacciones que exige el crecimiento económico, provocará tensiones en el mercado financiero mundial con efectos sobre el mercado de commodities y en otros por el estilo. En el mercado financiero global, porque diferenciales de tasas de interés a favor del dólar generarán movimientos de capitales que le fortalecerán aún más ante el resto de las monedas del mundo desarrollado y emergente, provocando nuevas bajas en los precios de los commodities.

Por ambos motivos, en nuestro país, el consumo interno y la inversión sentirán presiones bajistas tanto más fuertes cuando, por otra parte, más se insista con aumentos salariales incompatibles con la nueva realidad. Se concreta así un escenario muy diferente al de los últimos doce años, lo que exige consistencia en la mezcla de políticas macroeconómicas a usar para solucionar los problemas que ya son distintos a los del pasado reciente.

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