ISAAC ALFIE

En el túnel del tiempo

Un par de semanas atrás este suplemento celebró sus 20 años. Ello fue ocasión de reunir a algunos de sus columnistas, repasar los acontecimientos más relevantes de dicho período y escuchar sus opiniones sobre el futuro próximo.

Mi recuerdo fue para el Cr. Hugo Barbosa quien, en 2005, me invitó a participar del proyecto que él y Milton Ferla habían creado. A Hugo le agradezco desde siempre su confianza y también a Milton quien lamentablemente ya no está entre nosotros.

El evento me dejó una sensación extraña y dual, ya que escuchando a los demás disertantes y, a partir de allí, también pensando en lo que personalmente planteé, todo conduce a que hemos dado una vuelva en círculo y estamos más o menos como al principio. Las ponencias me retrotraían a fines de los ´80 y especialmente comienzos de los ´90 cuando en los talleres, conferencias y seminarios especializados se hablaba de:

i) la necesidad para nuestros países de hacer reformas estructurales que potencien la tasa de crecimiento de la productividad,

ii) los imperiosos sinceramientos de las cuentas públicas para lograr la estabilidad de precios a mediano y largo plazo, coadyuvando en el objetivo anterior y, a la vez, aleje a las economías de los fantasmas de las cesaciones de pago,

iii) la notoria carencia de recursos de los fiscos y su compatibilización con las enormes necesidades de infraestructura física,

iv) la necesidad de dotar de un marco legal adecuado para que el sector privado se encargue al menos de parte de la infraestructura,

v) sistemas de previsión social con problemas de medio y largo plazo,

vi) mercados demasiado rígidos y regulados,

vii) la necesidad de apertura e inserción en el comercio mundial que aumente la eficiencia y productividad de los factores, aumente la tasa de crecimiento de las economías y, con ello, posibilitar la creación de empleos que generen valor auténticamente y el alza genuina de los salarios y otros ingresos reales.

Todo lo anterior y otros temas conexos, estuvieron en palabras de prácticamente todos los disertantes, sin ningún tipo de coordinación previa. Como en el ludo, parece que todo volvió al origen y hoy, luego de pasar por momentos difíciles, haber usufructuado el mayor período de bonanza de precios y menor costo de crédito que se tenga registro, hablamos de los mismos temas y las mismas necesidades no resueltas. Con sus particularidades, tanto Argentina, como Brasil y nosotros, estamos más o menos en el mismo punto. Altos déficit fiscales, alta inflación (relativas al mundo), problemas con la dinámica de la deuda pública que constituye un factor de riesgo latente y potencial inestabilidad, mercados cerrados a la competencia internacional, mercados claves regulados en exceso y trabando el desarrollo, carencias de infraestructura por falta de inversión y, dado lo dicho sobre déficit y deuda, sin recursos para encarar las necesidades desde el sector público, etc.

A lo anterior se suma el atraso cambiario de Argentina y Uruguay y, en menor medida, ahora Brasil a partir de la revaluación de casi 20% que ha tenido su moneda en el último semestre. La historia parece un círculo que cada tantos años pasa por el mismo punto y, si bien en el medio del camino hubo un período de reformas, en el mejor de los casos se estancó hace ya una década y, en varios casos, aquellas fueron revertidas. Mirando los extremos del lapso, poco se avanzó en los hechos. Todo lo vivido en todo caso fue el fruto de reformas introducidas hace muchos años, cuyo efecto lógicamente se va diluyendo y una coyuntura excepcional que nos permitió consumir sin pensar demasiado en el futuro. Hoy la realidad nos dice que hay que volver a empezar, que son imperiosas reformas en la estructura de los mercados que impulsen el crecimiento, que no admite demoras corregir los desequilibrios de las cuentas públicas si no queremos volver a penosos períodos de poco más de un cuarto de siglo atrás.

El río de dinero nos embriagó y tapó todos los errores. Como es usual entre los seres humanos, los excesos se pagan y comenzamos a hacerlo. Muchos, luego de tantos años seguidos de vacas gordas piensan que las dificultades serán de rápido pasaje y en poco tiempo volveremos a la fiesta. No luce como el escenario más probable y, aunque lo fuera, la prudencia indica que se debe actuar de otra manera.

La verdad, no sé si siento nostalgia o tristeza. La primera porque es como si volviera prácticamente a mis primeros pasos como profesional en posiciones de cierto rango, en tanto pena por el tiempo perdido, las lecciones no aprendidas y la certeza de que debemos volver a hacer un innecesario sacrificio para poner la casa en orden. Al parecer hay formas de pensar que pese a los fracasos la gente las sigue tomando como acertadas, culpando de aquellos a "otras políticas". La discusión sobre la prohibición de importaciones en Argentina es un ejemplo paradigmático. La propaganda y la repetición de una falacia mil veces crean un "conocimiento" que hace a ciertas ideas, simples pero equivocadas, dominantes en el imaginario popular. Hace unas 3 semanas se conoció un informe donde se expresa la opinión de los finlandeses de nosotros "en Uruguay se discuten cosas que en el mundo hace 40 años ya se sabe cómo son". Es éste el tamaño de nuestro atraso que ratifica el notable acierto del sabio japonés y su elección de un lugar en mundo cuando le avisaron que podrían darse una conflagración nuclear.

Solo espero que mis hijos puedan superar esta parálisis y no que dentro de 20 años, hayamos retornado al origen por enésima vez.

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