GAYLE ALLARD

Trump y la economía

Lo que parecía imposible se ha hecho realidad: Donald Trump va a ser el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. ¿Cómo ha ocurrido esto, y qué significa para la economía de EE.UU.?

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Donald Trump llega también como favorito a Carolina del Sur. Foto: AFP

Para entender el fenómeno Trump, hay que remontarse a la crisis financiera y las décadas de aumento en la desigualdad. La clase media y baja, muchos de cuyos miembros perdieron su trabajo o han visto estancarse sus salarios, está frustrada y enfadada. Aunque las propuestas que ofrece Trump no van a solucionar sus problemas, se emocionan de ver que alguien se preocupa por ellos y les habla con lo que ellos perciben como honestidad. El mismo fenómeno ocurre en muchos países europeos que sufrieron la crisis, y casi todos acaban echando la culpa de sus males a los inmigrantes o a personas de otra raza o religión.

Si Trump al final lograra convencerlos para que le votaran presidente, ¿Cómo cambiaría la economía del país? De entrada, se volvería más proteccionista. Acuerdos como la TTIP con Europa, tradicionalmente apoyados por los republicanos, probablemente no prosperarían y la marcha hacia un comercio global más libre se frenaría. Podría verse alguna medida para reducir las importaciones de productos chinos, que han acaparado tanta cuota de mercado. También habría alguna limitación a la inmigración, una postura que ha sido eje en la campaña de Trump. En cuanto al gasto público, su deseo de "hacer América grande otra vez" implicaría más gasto militar. Pero él insiste que no supondrá una carga para el contribuyente americano, porque quiere que los aliados de EE.UU. tomen más responsabilidad económica por su propia defensa. Por el lado de los ingresos, Trump quiere reducir impuestos y simplificar el sistema: una pareja ganando menos de US$ 50.000, por ejemplo, no pagaría impuestos, y el interés máximo del impuesto personal bajaría al 25%. Confía en compensar estos ingresos perdidos con un vago plan de simplificar deducciones y gravar más a las empresas grandes que retienen sus beneficios fuera del país. Es improbable que sus reformas consiguieran reducir la deuda pública y devolver las cuentas americanas al equilibrio, y podrían aumentar la desigualdad.

Sería difícil que las propuestas de Trump se llevaran a cabo. Incluso suponiendo que ganara en noviembre, tendría que contar con el apoyo del Congreso para sus reformas, y el movimiento "Stop Trump" podría privar a los republicanos de muchos de sus escaños. Además, los cambios que propone son radicales. Van en contra de una larga tradición de apoyo al libre comercio e inmigración, en una nación de inmigrantes y comerciantes. En caso de implementarse, es probable que estas medidas acabaran reduciendo el crecimiento de la economía americana. Pero si hemos aprendido algo de esta emocionante y sorprendente campaña, es que los americanos ya no tienen paciencia para "politics as usual". Se sienten defraudados y lo que exigen son precisamente cambios radicales. Todo es posible.

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