ALEJANDRO CID

Trabajadores locales y la inmigración

Apostemos a ser generosos. Cerrar las puertas a los inmigrantes termina perjudicando a los trabajadores locales.

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Foto: Petr David Josek

"Nosotros, los sirios, no queremos compasión o limosnas, queremos que nos otorguen permisos para poder trabajar". Los periodistas de The Economist recogen estás palabras de Fawzi Hamama, quién tuvo que abandonar su casa en el norte de Siria para instalarse en Jordania al estallar la guerra tres años atrás. En su familia totalizan cuatro personas y sobreviven en base a los subsidios de agencias internacionales (aunque no cubren los costos de la vivienda ni las cuentas básicas). Al llegar vivieron en un campo de refugiados. Luego fueron "rescatados" por un pariente y se mudaron a un alojamiento en Amman, la capital.

¿Cómo impacta un flujo de inmigrantes con poca capacitación sobre el trabajo de los trabajadores locales que tienen también poca capacitación? Muchos estudios han intentado responder a esta pregunta, pero han tenido poca rigurosidad científica, principalmente por dos razones. La primera es que los inmigrantes se mueven hacia las zonas más prósperas, entonces no se puede decir que la inmigración cause prosperidad sino todo lo contrario: la prosperidad causa inmigración. La segunda es que habitualmente no existe información disponible para poder seguir a un mismo trabajador en el mediano y largo plazo: si no se puede identificar al trabajador, no se puede medir si terminó estando mejor o peor que antes de la inmigración.

El caso danés.

Los investigadores Mette Foged (University of Copenhagen) y Giovanni Peri (University of California) logran superar esos dos obstáculos en el último número de la revista científica American Economic Journal: Applied Economics. Por un lado, su estudio —Inmigrants effect on native workers— emplea información sobre los trabajadores en Dinamarca, en el período 1991-2008: es una base de datos que permite seguir a cada trabajador, con nombre y apellido, a lo largo de esos años. Por otro lado, Dinamarca recibió un gran flujo de inmigrantes procedentes de países en crisis y guerras (Bosnia, Afganistán, Somalia, Irak, Irán, Vietnam, Sri Lanka, Líbano) y, los investigadores citados, aprovechan una circunstancia bien peculiar: hasta 1998 existía en Dinamarca una política de dispersión de refugiados que distribuía a los inmigrantes por distintas partes del país sin importar las preferencias de los refugiados (es decir, ya los refugiados no se pueden ir a las regiones más prósperas sino que el gobierno los distribuía en base a la disponibilidad de alojamiento).

Flujos migratorios.

Los inmigrantes (nacidos en el extranjero) representaban cerca del 3% del total del empleo en Dinamarca hasta 1994. La mitad procedían de Europa y la otra mitad de afuera de la región europea. En 1995 la presencia de trabajadores inmigrantes de países no-europeos comenzó a crecer hasta alcanzar un pico en 2008 (se duplicó).

El programa centralizado del Consejo Danés para los Refugiados se creó en 1986 y existió hasta 1998. Este programa distribuía a los refugiados basándose solamente en información acerca de su nacionalidad y tamaño de la familia. No tenía ninguna información sobre las habilidades, educación, capacitación laboral, o conocimiento de la lengua danesa de los inmigrantes que recibía. Los fines de este Consejo eran dos. Primero, balancear la distribución entre las distintas municipalidades para evitar una sobredemanda de alojamientos. El segundo objetivo del Consejo para Refugiados era favorecer que se agruparan las distintas etnias, con la idea que de esta manera las personas colaborarían más entre ellas porque serían de la misma nacionalidad.

En suma, apareció naturalmente en Dinamarca un experimento para testear el efecto de la inmigración: Foged y Peri aprovechan que se duplicó el flujo de inmigrantes y que el gobierno impidió que los inmigrantes eligieran los lugares más prósperos. Ahora sí van a poder responder: ¿Los trabajadores poco calificados inmigrantes desplazan a los trabajadores similares locales, reduciendo sus oportunidades de empleo y salario? O, por el contrario, ¿complementan a las capacidades locales, estimulando la especialización de los trabajadores locales, incrementando así sus salarios y empleos?

Resultados.

La investigación de Foged y Peri llega a tres resultados. Primero, el incremento de inmigrantes empuja a los trabajadores locales con menos capacitación a cambiar de ocupación. Y esa nueva ocupación es en sectores menos intensivos en mano de obra (es decir, los trabajadores locales abandonan los puestos donde predominan las tareas manuales).

Segundo, los trabajadores locales no sufren caída de salarios ni de empleo (incluso pueden subir). La razón es que la inmigración empuja a la movilidad laboral (incluso movilidad entre ciudades, encontrando mejores condiciones laborales), y también influye positivamente la complementariedad entre locales e inmigrantes. Tercero, estos efectos positivos persisten en el largo plazo.

Como economistas, los emigrantes y refugiados nos interpelan. Como ciudadanos, no queremos pasar indiferentes. Los descubrimientos de los investigadores daneses son auspiciosos. Nos animan a abrir las puertas, a salir del caparazón, a ser generosos.

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