Javier de Haedo

Temas viejos del año nuevo

El cambio de almanaque conlleva balances y perspectivas. Me propongo hoy, en mi primera columna del año, plantear los temas que creo que serán los dominantes a lo largo de este 2016.

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Tabaré Vázquez cuando asumió como presidente. Foto: Archivo El País

Y, como ya desde el título planteo, no se trata de temas nuevos sino que en todos los casos, en mayor o en menor medida, están sobre la mesa desde hace tiempo.

Gobernabilidad.

Primero, la gobernabilidad y sus consecuencias. He visto con atención algunas de las entrevistas que el Presidente concedió antes de finalizar 2015 y no me caben dudas acerca de que buscará gobernar con todo el Frente Amplio y no con parte de él y de la oposición. Es notorio que hay temas en los cuales hay mayor afinidad entre algunos sectores del FA (y él mismo) y la oposición (v. gr. inserción internacional), pero el Presidente buscará los acuerdos en la interna de su coalición, y una vez conseguidos, irá a buscar apoyos externos a ella. La consecuencia de esto es impredecible, pues el resultado surgirá de una pulseada en la que no es trivial quien habrá de imponerse. Los antecedentes no ayudan al Presidente, como quedó en claro en los casos del TISA y la esencialidad de la enseñanza, en el año pasado. Si finalmente el Presidente pierde la pulseada, terminará prevaleciendo la agenda de entre un cuarto y un tercio de la sociedad por sobre la del resto. Y, lo peor del caso, se trataría de una agenda retrógrada que además está en retirada en el barrio.

Macroeconomía.

Segundo, el manejo de la macroeconomía. Transcurrido el primer año del gobierno, es claro que se ha decidido seguir "pateando la pelota para adelante", sin enfrentar decididamente el triple desajuste que arrastramos desde hace ya algunos años, como si el mero transcurso del tiempo fuera a ayudar a solucionar las cosas. En el frente fiscal, ha seguido aumentado el déficit, que está en niveles insostenibles, lo que va consumiendo pertrechos construidos en tiempos de bonanza. Dada la actual tasa de inflación, todo déficit mayor a dos puntos y medio del producto implica asumir más endeudamiento. En el mercado laboral, el desplome del empleo a lo largo de 2015 es una señal clarísima de que las rigideces de las reglas de ajuste salarial llevan a ajustar por cantidad. Esta situación se mantendrá en este año, en el cual nuevamente casi no habrá de crecer la economía. Y en el caso de los precios relativos, el ajuste en curso ha sido demasiado lento con relación a lo ocurrido tanto en el vecindario como fuera de él y, al cierre de 2015, los indicadores de tipo de cambio real registraban niveles inferiores y distantes de los promedios históricos. Si bien desde el equipo económico se lo ha negado, cabe volver a preguntarnos si se habrá de continuar con esta situación de dólar sujetado para que la inflación no pase del 10% o si en algún momento se lo dejará flotar para que encuentre el nivel acorde a los fundamentos. ¿Los daños colaterales de esta política, en materia de actividad y empleo, deberán ser aún mayores para reaccionar?

Largo plazo.

Tercero, las políticas que inciden sobre el desarrollo a largo plazo: enseñanza pública e infraestructura. Tal como están planteadas las cosas, al final de este período de gobierno no se llegará a más de 5% del PIB en materia de presupuesto de la enseñanza pública. Por lo tanto, se deberán aprovechar mejor los recursos disponibles, lo que inevitablemente requiere de ajustes y reformas. Las bajas producidas en el año pasado en el equipo de conducción del sistema de enseñanza pública no dan lugar a mayor optimismo con relación a esos ajustes y esas reformas. En principio, estamos transitando otro quinquenio con lucro cesante. En el caso de la infraestructura, más allá de los anuncios estridentes del inicio del período, es poco lo que se ha concretado.

Riesgos.

Como consecuencia de los puntos anteriores se presentan algunos riesgos, que sintetizo en el riesgo de perder parte del terreno ganado en años anteriores, cuando las vacas estaban gordas y soplaba el viento de cola. Y los riesgos tienen relación estrecha con las dos áreas de vulnerabilidades con las que recurrentemente nos tropezamos: el frente social y el frente fiscal.

En el frente fiscal, como vimos, es insostenible mantener indefinidamente un déficit mayor a dos puntos y medio del producto, que es la magnitud del financiamiento inflacionario más el de la deuda mantenida estable en términos del PIB. No ajustar esto implica ir consumiendo reservas, asumir nuevas deudas y poner en riesgo el grado de inversión que se había perdido con la crisis de comienzos de siglo y que se recuperó desde 2012.

En el frente social, mientras tanto, se arriesga perder parte del terreno ganado en materia de ingresos de los hogares y de su mejor distribución. Cuánto más tarden en realizarse los ajustes, como el de los precios relativos, que devuelvan la competitividad perdida, más se verán afectadas la actividad económica y la ocupación. Un Estadio Centenario lleno de personas que perdieron el empleo en el año pasado debería ser una señal de alerta.

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