Guillermo Dutra - Analista invitado

Empleo sustentable: ¿Pedido a Papá Noel?

Dos meses quedan para finalizar un 2015 señalado por una ronda de Consejos de Salarios que —al decir de empresarios y sindicatos— está regada de frustraciones; una crisis en el sistema educativo alimentada por desencuentros entre las propias autoridades y de éstas con los sindicatos en torno a propuestas que —bajo un aparente consenso— se presentaban durante la última campaña electoral como soluciones a problemas que ya cumplen décadas y por último, una perspectiva de intercambio comercial bastante difusa para un país con reducido mercado interno.

Uruguay quedó fuera del TLC, el TISA y la TPP; el Mercosur agoniza y el acuerdo con la UE al que parece aspirar el gobierno, está relegado por otras prioridades que hoy tiene esa región. La carta a Papa Noel está pasando a ser un listado difícil de cumplir.

Ante un paradigma global irreversiblemente marcado por la economía del conocimiento y los acuerdos comerciales, y una realidad país que poco favor le hace al empleo ¿cuál es la agenda política que asegura la protección del trabajador en términos de acceso y permanencia a un empleo de calidad; componente clave de inclusión social y distribución del ingreso?

Quizás abordar algunas certezas puede ayudar a construir una visión centrada en los mejores intereses del empleo y remediar —aunque en parte— ausencias que seguirán presentes en el árbol de navidad de los trabajadores uruguayos.

Gracias al dinamismo impuesto por las TIC, el sector servicios supera en relevancia a la industria; nuevas funciones —relacionadas con la información y el conocimiento— son asignadas a los trabajadores. La organización del trabajo se apoya en redes y —emulando a Paul Krugman— se estructura con base a puestos Seniors y Juniors. Surgen nuevos rótulos: knowmad para describir aquellos trabajadores más requeridos por ser creativos, imaginativos, innovadores y que pueden trabajar en equipo en cualquier momento y lugar. La tendencia imperante es la diversidad organizativa y la herramienta que mejor simboliza el cambio es la descentralización productiva, es decir, la fragmentación del ciclo productivo y la externalización de los procesos que lo componen. Esto supone trabajadores con mayores niveles de autonomía conviviendo con otros en funciones especializadas y utilizando herramientas con conocimiento integrado. Una nueva división del trabajo que sobrepasa las relaciones laborales tal cual están planteadas en nuestro país.

Varios y sanos cuestionamientos parecen surgir en aras de compaginar competitividad y cohesión social en la fijación de salarios, protección social, formación permanente, condiciones laborales, nuevas formas de empleo, la gestión del tiempo de trabajo y su conciliación con la vida familiar.

En un esfuerzo de identificar posibles fuerzas movilizadoras y de cambio sobre el trabajo, el Institute for the Future for the University of Phoenix Research desde su reporte "Future Work Skills 2020" previó un escenario comprensivo también para Uruguay: longevidad de la población en aumento, conectividad global y consolidación de un mundo computacional; presencia de numerosas máquinas inteligentes; nuevos medios sociales y tecnologías movilizando originales formas de producción y creación de valor. A su vez, en un intento de predecir próximas "disrupciones" tecnológicas, MicroWISE identificó cinco familias que pueden cambiar la economía mundial: la Tecnología Antienvejecimiento (genoma humano); la Robolución (densidad de robots por trabajadores); el Transporte Espacial; Internet de las Cosas: (interconexión de dispositivos) y la Ciberseguridad.

También entonces un firme reclamo se le está presentando a la educación para generar agentes de cambio, y que el perfil de sus egresados contemple otras capacidades. Sin perjuicio de los desalentadores desacuerdos políticos que estamos presenciando, ¿estos objetivos conforman el cambio de ADN que el gobierno quiere hacerle a la educación o seguimos esperando el fantasma de navidades pasadas? Acaso, ¿la creación de un marco curricular común para la transformación del modelo de enseñanza y aprendizaje —resistido por la ANEP— no es una respuesta orientada a barrenar en la interminable ola tecnológica en la que estamos inmersos? Pero asimismo, ¿sería ese paso suficiente para garantizar desde las relaciones laborales, el desarrollo de modelos cognitivos que hagan posible un empleo más sustentable?

Desde otro ángulo, ¿cómo y quiénes son los que están hoy abordando a través de las relaciones laborales estos cruzamiento de revisión de funciones y desarrollo de nuevas capacidades? Mientras, el cambio sigue constante; los trabajadores crecientemente serán evaluados y deberán mantener activa su capacidad de aprendizaje.

Sin pecar de ingenuidad ¿no es posible encarar con generosidad responsable una suerte de ejercicio en torno al "empleo sustentable" valorizando el conocimiento y flexibilizando aunque sea por "lo alto" el modelo laboral vigente, a fin de obtener respuestas más pertinentes con un contexto de globalización e incrementada competitividad? Ojalá tuviéramos el compromiso de asumir con rigurosa grandeza nuestras tareas, porque Papá Noel definitivamente está para otras cosas.

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