Javier de Haedo

Se suman datos de un nuevo tiempo

Como pocas veces, el dato del PIB difundido a mitad de mes permitió apuntalar tanto a quienes prefieren ver la parte llena de la botella como a quienes centran su atención en la parte vacía.

De hecho, los titulares de los principales sitios web de esa tarde ponían el énfasis en uno u otro dato: el PIB había crecido nada menos que 4,0% entre el primer trimestre el 2014 y el primero de 2015, y al mismo tiempo solo 0,6% entre el cuarto trimestre del año pasado y el primero de este año (o 2,3% en términos anualizados). La novedad, en esta oportunidad, consiste en que el MEF puso el foco en la cifra menos auspiciosa, que resulta funcional a su propósito de prudencia y cautela en tiempos de preparación del presupuesto.

El MEF tiene razón, y ahora comparte el diagnóstico de desaceleración que desde hace algunos trimestres vienen refiriendo los economistas independientes. De hecho, de aquel 4%, más de la mitad tiene nombres propios: Montes del Plata y UTE. La incidencia de la puesta en marcha de la segunda planta de celulosa a mediados de 2014 y la generación de electricidad mayormente por medio de las represas, con bajo costo y alto valor agregado, explican más de dos de aquellos cuatro puntos de suba. Finalmente el MEF ha entendido que la economía está en proceso de desaceleración, aunque esta no empezó con los datos recientemente divulgados sino hace ya varios trimestres.

Optimismo peligroso.

Sin embargo, todavía el MEF sigue manejando supuestos de crecimiento económico para los cinco años del actual período de gobierno que exceden las estimaciones de los economistas independientes: aquel estima que el PIB crecerá entre 2,5% y 2,8% en los tres primeros años y 3% en los dos finales, mientras que éstos ubican en torno al 2% anual la tasa media de crecimiento en el quinquenio. El supuesto que utilice el MEF para el crecimiento quinquenal es clave por dos razones. Una, al asumir cierto crecimiento se asume cierta evolución de la recaudación de impuestos y si se es optimista con la expectativa de crecimiento también se lo es con la de los ingresos fiscales. Si finalmente los economistas independientes tienen razón y crecemos menos, el agujero fiscal será mayor al programado. Dos, los supuestos de crecimiento del PIB que ahora asuma el MEF lo serán también para las próximas instancias de los consejos de salarios y serán el piso de lo que pedirán los sindicatos como aumento real de los salarios, pues ellos están manejando, equivocadamente, que las variaciones del PIB y de los salarios reales deben ser similares, cuando en realidad el PIB se vincula con la "masa salarial", que incorpora al salario real y también a la cantidad de personas ocupadas. Asumir desde el vamos que los salarios reales deben recoger todo el aumento del producto conduce a suponer que desde ahora no crecerá el empleo y, si ex post el PIB crece aún menos de lo previsto, además se perderán puestos de trabajo.

Cae el empleo.

Sin ir más lejos, entre los primeros cuatro meses de 2014 y 2015, se perdieron 23.600 puestos de trabajo en el total del país urbano (localidades de 5.000 y más habitantes) o 1,4 puntos porcentuales en la tasa de empleo. Entre los mismos períodos, el salario real privado creció en promedio 4,2% y el PIB "relevante para la recaudación y el empleo" (sin Montes del Plata y UTE) creció menos de 2%. La aritmética tiene eso…

El otro dato interesante que surge de la información de la encuesta de hogares de abril, y como interesante que es, poco o nada difundido, consiste en estimar cuál sería hoy la tasa de desempleo si no hubiera habido en el último año una fuerte reducción de la oferta de trabajo, o sea de la tasa de actividad. Si comparamos la cantidad de personas ocupadas en enero-abril de 2015 con la cantidad de personas activas en enero-abril de 2014, la tasa de desempleo (una vez más en el promedio del país urbano) sería de 9,1 y no de 7,6 como es la observada en el cuatrimestre. O sea que si no se hubiera dado una importante salida de personas del mercado de trabajo (que ahora son inactivos) la tasa de desempleo estaría arriba del nueve.

Pero los indicios de desaceleración (o algo más) surgen por doquier como los hongos después de la lluvia. Veamos algunos de los más notorios.

Más indicios.

Uno, el índice de confianza del consumidor, de Equipos, mostró una fuerte caída de 12% en marzo y abril, y se acerca a la zona de "moderado pesimismo" en la que no está desde el cuarto trimestre de 2008. De acuerdo con el informe de esa firma de consultoría, en esos meses se dieron caídas significativas en la "predisposición a la compra de bienes durables", es decir electrodomésticos, automóviles y viviendas. Naturalmente, en casos de precios denominados en dólares por ser bienes importados, o dolarizados por costumbre, como en las viviendas, la propensión a su adquisición se desploma junto con el aumento del dólar como precio relativo en la economía. En los primeros casos, el ajuste seguirá siendo por cantidad y en el restante, en algún momento lo será también por precio. Y esto recién empieza…

Dos, las cifras de Ascoma y ACAU sobre ventas de automotores cero kilómetro al mes de mayo también muestran una significativa caída, en línea con lo que se esperaba de acuerdo con el informe antes referido. En el conjunto de los cinco meses, la caída interanual es de 5%, pero en el primer trimestre subió 1%, en abril cayó 6% y en mayo cayó 19%.

Tres, las exportaciones de mayo, según Uruguay XXI, cayeron 23% y en el conjunto de los primeros cinco meses se redujeron 10%. Estas cifras se refieren al valor de las exportaciones, a precios corrientes, en dólares. Con datos de la Cámara de Industrias a abril, sabemos que los precios de nuestras exportaciones están cayendo al 8% interanual, por lo que "el factor precio" sería la principal razón de aquella caída, como antes, en los 10 años anteriores, lo fue de su extraordinario aumento. Pero también, aunque en forma incipiente, ya caen las cantidades exportadas.

Cuarto, siempre resulta interesante analizar la evolución de la recaudación impositiva, pero hay que mirar bien los números. Primero, elegir bien el impuesto o conjunto de impuestos a monitorear: en este caso, me quedo con el IVA a las importaciones, que está estrechamente relacionado con el nivel de actividad de la economía y representa casi un cuarto de la recaudación de la DGI. Segundo, elegir bien la unidad de cuenta para ver su evolución: si lo vemos a precios constantes (crece 2% entre enero-abril de 2014 y 2015) tenemos el problema de que parte de su crecimiento no es "real" (o sea, por mayores cantidades importadas) sino por el efecto del aumento relativo del dólar. Si lo vemos entonces en dólares corrientes, la recaudación cae un 7% que sí refleja mejor la evolución de las cantidades.

En definitiva, ahora el escenario es otro, hace bien el MEF en asumirlo y predicarlo, y en los próximos meses los datos que se habrán de suceder pintarán un panorama aún más complicado. Estamos a tiempo de que se "aterricen" un poco más las expectativas de crecimiento supuestas para el presupuesto y los consejos de salarios. Quizá sea necesario que se acumule más evidencia acerca del nuevo escenario para que a las autoridades les resulte más fácil "venderlo" en la interna del gobierno y del PIT-CNT, que son los protagonistas de la obra en curso.

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