Jorge Caumont

Por el sillón que no fue de Rivadavia

Cuando se publique esta columna ya sabremos quién será el nuevo presidente de los argentinos. Aunque las encuestas anticipan un veredicto que el debate del domingo 15 de noviembre entre los candidatos presidenciales no ha modificado, será el resultado de la votación una semana después, el que finalmente ubique al hoy favorito, Mauricio Macri o a su contrincante, Daniel Scioli, en el "sillón de Rivadavia". En realidad en el sillón de los presidentes constitucionales argentinos, no precisamente en el sillón de quien no lo fuera.

La tarea económica del nuevo presidente y de su equipo debería apuntar a la corrección de los desequilibrios macroeconómicos de corto plazo y a los de mediano y largo plazo, los de la estructura productiva, comercial y de distribución del ingreso. Los primeros son evidentes: la economía no crece, la inflación es sumamente alta y hay un fuerte desequilibrio cambiario pese al "cepo". Y luego deberá preocuparse por los segundos, ya que el escenario no permite otra secuencia temporal. Es necesario para mejorar la economía en el mediano y en el largo plazo, para lograr una estructura productiva que responda a sus ventajas comparativas relativas, que primeramente se corrijan los desequilibrios de corto plazo.

Recién solucionados éstos será posible obtener el financiamiento que hoy no tiene el gobierno para las inversiones que se necesitan para normalizar a una economía muy condicionada por las distorsiones al funcionamiento de numerosos mercados.

Los indicadores.

Los desequilibrios macroeconómicos señalados son evidentes aunque no registrados plenamente por los indicadores oficiales. El público los sufre y lo refleja en una bajísima confianza en el gobierno. La actividad crece según estadísticas oficiales, impulsada por el gasto público, pero los indicadores de avance de la economía como el de la Universidad Torcuato di Tella anticipan contracción. La inflación verdadera, la que registra el Índice Congreso es mucho más alta que la que marca el índice oficial de precios al consumo. El cepo cambiario, lejos de mejorar el resultado comercial y permitir un aumento de las reservas internacionales del BCRA, tiene resultados contrarios: bajan las exportaciones y disminuyen las reservas internacionales de la autoridad monetaria a niveles peligrosamente bajos y desconfiables, pues algunas son por títulos de deuda en dólares de la Tesorería, fundida y sin posibilidades de aporte en efectivo.

Tarea difícil.

Lograr la normalización de la situación será difícil para uno y otro candidato. La propuesta que más se conoce es la del presidenciable oficialista que mantendrá el alto gasto público y los precios subsidiados de los servicios públicos, sean estatales o privados, y que a pesar de continuar con los impuestos a las exportaciones del agro aseguran un fuerte déficit fiscal enteramente financiado con emisión.

Esa emisión, que se expande a un ritmo cercano al 40% difícilmente pueda lanzar a la economía al camino del crecimiento con estabilidad de precios. Y tampoco parece factible que pueda mantener como lo ha señalado en el debate presidencial invocando la política opuesta de su contrincante en ese sentido, el "cepo" cambiario con un Banco Central prácticamente sin reservas internacionales disponibles.

El "continuismo" que Scioli no acepta que se le asigne pero que no hace nada para dejar de identificarse con el programa económico del kirchnerismo, seguramente llevará a Argentina a una crisis perturbadora de la estabilidad política. Scioli en el gobierno mantendría y profundizaría el proteccionismo comercial, desconocería los objetivos y reglas del Mercosur y la inversión argentina en actividades en general y en la construcción e inmobiliaria en particular, seguirían en baja.

Que un gobierno de Macri no sería continuista es obvio. Pero levantar el "cepo" cambiario al que apunta, requiere medidas fiscales y monetarias para frenar una inflación que, solo con el abandono del "cepo" se descontrolaría más. Poco sabemos sobre el nuevo régimen cambiario que propone Macri pero sin "cepo" sería mejor para las exportaciones con la contrapartida de una mayor inflación si no se toman medidas adicionales. Fiscales para bajar el déficit —contracción del gasto, alzas tarifarias— y monetarias —liberando tasas de interés y frenando la expansión de dinero—.

Si en el caso de Scioli sabemos que su programa macroeconómico es "continuista", en el de Macri su programa sigue siendo "imaginable" pues a no ser por los objetivos a los que apunta, poco se sabe sobre las medidas para alcanzarlos. Es sí, más probable que respete los objetivos y disposiciones comerciales del Mercosur y acompañe una mayor apertura de la región al mundo pero no es factible, a nuestro juicio, que de inmediato pueda recomponer con Uruguay un escenario de fuerte beneficio para las relaciones de inversión y comerciales entre ambas naciones.

Por Macri.

En resumen, más de lo mismo con Scioli con alta probabilidad que la crisis económica se acentúe y el proteccionismo y el "cepo" se intensifiquen y algunos cambios con Macri que probablemente liberaría lentamente el mercado de cambios, reduciría el proteccionismo y respetaría más al Mercosur.

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