HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Empleo y salario industrial van en sentido contrario

La producción manufacturera uruguaya enfrenta serias dificultades, con una reducción en las ventas y en los márgenes de ganancia que está afectando la confianza y la toma de decisiones estratégicas de mediano y largo plazo.

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Salarios crecieron apenas por encima de la inflación en 2015. Foto: archivo El País

Es como una prensa que hace unos años está apretando de los dos lados en forma continua. Por arriba, las malas condiciones de demanda hacen que se reduzcan las cantidades transadas y los precios logrados. Por abajo, hay una suba en los costos, principalmente por presión de los salarios y las tarifas públicas.

Corrección.

Hay un acontecimiento estadístico que vale la pena corregir porque afecta las comparaciones y puede inducir a error. El inicio de la producción de una nueva planta de celulosa, por su tamaño, lleva a que las comparaciones de los dos últimos años terminen distorsionadas.

Mientras el índice del volumen de producción del total del sector aumenta 3,1% en el año, cuando se excluye a la producción de celulosa se observa una caída del -1,7%.

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Esta caída es representativa de lo que está ocurriendo en forma generalizada en el sector: menos unidades producidas y en consecuencia menor cantidad de horas trabajadas y menor cantidad de personas ocupadas.

En el gráfico superior del cuadro adjunto se observa la última década del sector sin incluir a la refinería de Ancap y a la producción de celulosa y papel. Tal como se destaca en el gráfico, es claro que el nivel actual es alto y la caída en los dos últimos años en un escenario de dificultades que se inició en el año 2013. Pero la caída es cada vez más generalizada entre las ramas industriales y en muchas de ellas marca una tendencia persistente. Hay información desagregada para 62 ramas a cuatro dígitos en la clasificación utilizada por el Instituto Nacional de Estadísticas, el mayor nivel de desagregación posible en la encuesta industrial oficial.

De ese total, el promedio del año pasado fue inferior al del anterior en 44, o sea más del 70% de las industrias tuvo un año negativo y menos del 30% la empató o creció en algo.

Para la economía en su totalidad ocurrió que en el cuarto trimestre del año pasado algunos indicadores indirectos de consumo y recaudación impositiva dieron la idea de que se produjo una leve mejora.

Con los datos disponibles, se puede afirmar que no fue lo que sucedió en la industria manufacturera. En los hechos la cantidad de sectores con variación negativa en el cuarto trimestre ascendió a 46. El mal momento se va generalizando.

Si se combina el tamaño de cada uno de los sectores con la variación observada en el último año se logra una medida de la incidencia que tiene esa industria en la variación total.

El primer caso a destacar es el conjunto de empresas productoras de alimentos y bebidas que tienen una fuerte participación en el total. Como la variación fue positiva, la incidencia también lo es y llega al 0,9%.

Pero cuando se analizan en detalle las industrias que conforman este sector se observa que los tradicionales como frigoríficos, arroz, lácteos, cervezas y bebidas sin alcohol tienen variaciones negativas.

En este panorama generalizado de reducciones en la actividad, los que muestran incrementos son la elaboración de raciones para animales y el rubro otras empresas no clasificadas en otra parte, que está dominado por la producción de concentrados para bebidas en zona franca.

Algo diferente es la realidad de sustancias y productos químicos donde hay una incidencia de 0,9 apalancada por la elaboración de pinturas y las empresas no clasificadas, pero en el resto no se observan retrocesos significativos, de acuerdo con la información del INE.

Las mayores incidencias negativas se observan en curtiembres, productos metálicos, vehículos, maquinarias y en la industria metálica básica.

En general, la menor producción viene acompañada de menor cantidad de horas trabajadas. Esta evolución año a año se ilustra en el gráfico que integra el cuadro adjunto.

Es una tendencia descendente persistente en el último quinquenio con una caída más pronunciada en el año 2015.

Por lo general, el primer indicador de trabajo que recibe el impacto del menor nivel de actividad es el total de horas trabajadas.

La primera reacción al ajuste en las empresas es el seguro de paro y la reducción de horas extra. Luego viene el impacto sobre el empleo y es ahí donde se empieza a generar las consecuencias sociales negativas. En el gráfico adjunto en el cuadro se puede observar cómo el nivel de ocupación viene descendiendo en el último quinquenio.

Lo notable del momento es que el salario sigue una evolución contraria y sigue la tendencia al alza de los primeros años del quinquenio.

En el mismo gráfico en que se ilustra el empleo industrial se pone un índice del costo salarial relativo al precio de venta de los productos industriales. Cuando se presta atención a la pendiente de las dos líneas se comprueba que en 2015 hay una caída más intensa en la ocupación y una suba más fuerte en el costo relativo de contratar trabajo.

Las estadísticas ilustran un escenario en el que no debe sorprender que haya aumentado la conflictividad y las dificultades para lograr acuerdos salariales.

Son varios los cambios negativos en las condiciones para producir y no parece razonable pensar que vayan a ser temporarios. Hay muchos elementos que se deben considerar como permanentes.

En este contexto, el optimismo de los empresarios sigue flaqueando. De acuerdo a los sondeos estadísticos de la Cámara de Industrias sobre las expectativas del nivel de actividad para las propias empresas, el saldo de respuestas negativas supera largamente las positivas. En el gráfico inferior del cuadro adjunto se puede ver como se pasa de saldos positivos hasta 2012 a dos años donde las expectativas fueron levemente negativas (con un saldo de respuestas promedio de -6%). En 2015 hay un deterioro marcado y en los dos últimos datos disponibles de octubre y noviembre el saldo es negativo y en el orden de -27%. Es un saldo negativo similar al observado en la crisis internacional de 2009, algo inferior al momento de la devaluación del real en 1989 (-37%) y bastante modesto con los saldos de -48% en la crisis de 2002.

La visión negativa sobre el futuro de la empresa responde a las bajas expectativas tanto sobre las ventas al exterior como en las orientadas al mercado interno. El saldo de respuestas para las exportaciones pasa del -4% en 2014 a -24% en la segunda mitad del 2015. Por su parte, las expectativas para las ventas en el mercado interno siguen la misma evolución, con un promedio neutro en 2014 y un saldo negativo de -24% en la segunda mitad del año 2015.

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