PAUL KRUGMAN

Ni los ricos se alegrarán

Donald Trump se enfureció por la "cacería de brujas" respecto del tema de Rusia. El presidente aseguró que es una acción que busca distraer la atención de su intento por lograr la aprobación de "una Reducción y Reforma Impositiva históricas".

"Las autoridades siguen esto de cerca. NO EN EEUU!", tuiteó el mandatario. Foto: AFP
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Y en realidad existe una relación, pero va en la dirección opuesta. Si Trump sobrevive a esta crisis —lo que podría implicar que la democracia estadounidense no lo logrará—, la reducción de los impuestos estará muy relacionada.

Porque los republicanos en el Congreso saben muy bien que Trump es totalmente inadecuado para ocupar el cargo y ha abusado del mismo para su propio beneficio. Por supuesto que varios de ellos sospechaban, mucho antes de las acusaciones del lunes, que los miembros de su círculo íntimo, y tal vez él mismo, tenían colusión con una potencia extranjera hostil.

No obstante, si cierran filas alrededor de Trump —en particular, si permiten que despida al fiscal especial Robert Mueller, lo cual parece lo más probable—, habrá una razón principal: Trump les ofrece la gran oportunidad de reducir los impuestos a los más ricos. De hecho, el centro de estudios apartidista Tax Policy Center calcula que casi el 80% de la reducción tributaria que propone Trump iría a la gente con ingresos mayores a un millón de dólares: estas personas obtendrán una reducción promedio de cerca de US$ 230.000 al año.

Sin embargo, esto es lo que me impacta: los donadores acaudalados por quienes el Partido Republicano aparentemente haría cualquier cosa, no disfrutarán de la reducción de impuestos.

No quiero decir que la historia los juzgará severamente, aunque así será. Ni siquiera me refiero a que tanto los plutócratas como los plebeyos al final sufrirán si Estados Unidos se convierte en un régimen autoritario y sin ley. Hablo de que unos cuantos cientos de miles de dólares adicionales harán muy poco, si acaso, para que la gente que ya es rica se sienta más satisfecha.

Perfectamente se podrán preguntar: ¿a quién le importa? Aunque la reducción de impuestos alegrara a los ricos, no debería ir en detrimento de la enorme miseria que los republicanos intentan imponer sobre decenas de millones de personas a las cuales quieren privar de atención médica, cupones de alimentos, beneficios por discapacidad y más.

No obstante, por alguna razón me parece fascinante que pudiera acontecer toda esta miseria, además de la posible destrucción del gobierno constitucional, sin que los potenciales beneficiarios sean felices.

Seamos sinceros: se siente bien tener dinero, y en lo personal no soy para nada ascético.

Además hay mucha evidencia tanto dentro de los países como entre ellos que demuestra que, en igualdad de condiciones, mientras más dinero tienen las personas más felices son. Sin embargo, esta evidencia se basa en encuestas que no captan lo que sucede en la cúspide de la escala de ingresos.

Para saber qué significa tener más dinero en la cima, hay que recurrir a fuentes menos formales de conocimiento.

Tomen, por ejemplo, las reacciones que hubo hacia el aumento tributario que realizó Obama en 2013. Pocas personas parecen percatarse de que los más ricos se enfrentaron a un aumento bastante significativo ese año —los impuestos federales promedio del 1% de los más ricos aumentaron del 29 al 34% sobre los ingresos—, gracias a que expiraron parte de las reducciones fiscales de Bush y a la imposición de nuevos gravámenes para pagar Obamacare. Entonces, ¿recuerdan los lamentos y la rasgadura de vestimentas entre la élite económica? Yo no; parece que muchos estadounidenses superpudientes apenas lo notaron.

Ahora bien, es evidente que una buena parte de la búsqueda de la riqueza realmente se trata de estatus y poder: como lo escribió Tom Wolfe en 1968, se trata de "verlos saltar". Esto se percibe en el gusto personal de Trump respecto de sus muebles, que un artículo de Politico describió con agudeza como de un estilo "chic dictatorial": diseñados no para ser cómodos, sino para impresionar e intimidar.

Sin embargo, una reducción de los impuestos dirigida a casi todos los ricos de Estados Unidos ni siquiera otorga el tipo de recompensa en términos de estatus que desean muchos de los verdaderamente acaudalados, pues el tipo de la mansión de al lado tiene la misma reducción.

Podría ser que no importe mucho ninguno de estos asuntos. La agenda política del Partido Republicano que recompensa a los más acaudalados a costa de los pobres y la clase trabajadora sería infame incluso si las reducciones tributarias llenaran de euforia a los ricos. La disposición del partido para hacerse de la vista gorda ante la corrupción con una pizca de traición sería horrenda sin importar cuáles fueran sus motivaciones. No obstante, creo que hay una dimensión adicional de desgracia en toda la situación una vez que te percatas de que toda esta traición no tiene un propósito verdadero, ni siquiera uno malvado.

Y tal vez… tal vez los miembros de la clase donadora del Partido Republicano tomarán en cuenta este momento de crisis nacional para preguntarse qué importa en realidad.

Porque, ¿cuál sería el provecho de un hombre al obtener una reducción fiscal de US$ 230.000 a costa de que su país, que alguna vez fue democrático, pierda su alma?

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