NÉSTOR GANDELMAN

¿Los ricos ahorran más en América?

¿Do the rich save more?, es el título de un trabajo realizado por Karen Dynan, Jonathan Skinner y Stephen Zeldes de las Universidades de Harvard, Dartmouth y Columbia, respectivamente. Los autores reportan que en Estados Unidos la tasa de ahorro de los más ricos es mayor que la del resto de la población.

Foto: Archivo El País

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20 mar 2017

El Journal of Economic Inequality acaba de publicar un trabajo de mi autoría que hace la pregunta análoga para América Latina, Do the rich save more in Latin America? La región tiene por lo menos dos características que la hacen de interés para académicos, hacedores de política y organismos multilaterales: es de las más desiguales del mundo y se ha argumentado que sufre de bajas tasas de ahorro que obstaculizan su crecimiento. A nosotros nos importa, obviamente, por ser nuestra región del mundo. En esta columna comentaré por qué el tema es relevante, metodológicamente complejo y los resultados de mi estudio.

Pregunta.

La relación entre las tasas de ahorro y los ingresos de los hogares es más polémica de lo que parece a primera vista. El ahorro y el consumo son dos caras de la misma moneda. Mayor tasa de ahorro equivale a menor tasa de consumo. Entender quién ahorra (o consume) una proporción más alta de sus ingresos tiene directas implicancias macroeconómicas. Si los ricos ahorran más, una reforma fiscal progresiva reducirá el ahorro nacional y hará que la inversión sea más dependiente del ahorro del resto del mundo. Por otro lado, un gobierno que enfrenta una recesión encontrará que un estímulo fiscal será más potente si se concentra en los pobres y no en los sectores medios y altos.

Mientras el común de la gente probablemente piense que los ricos ahorran una mayor proporción de sus ingresos que los pobres, los economistas somos más escépticos. En primer lugar, estamos más interesados en medidas de ingresos que reflejen el mediano y largo plazo y no tanto en los ingresos actuales. Un cambio de política permanente (por ejemplo impuestos) tendrá efectos a través de las diferentes fases del ciclo de vida de los individuos. Por tanto, al evaluar un cambio de política es mejor considerar una visión amplia.

En segundo lugar, hay razones teóricas para pensar que las personas más pobres podrían ahorrar una mayor proporción de sus ingresos. Si los individuos de menor nivel socioeconómico experimentan mayores restricciones crediticias, es racional que hagan mayores esfuerzos para generar ahorros precautorios.

En tercer lugar, desde el punto de vista de la medición empírica, la correlación entre el ahorro y los ingresos corrientes está artificialmente sesgada hacia valores positivos. Las personas tratamos de suavizar los cambios en nuestros patrones de consumo. Quienes tienen momentáneamente una mala racha de ingresos, hacen un esfuerzo para que impacte lo menor posible en su forma de vida. Para eso bajan su ahorro o desahorran. La misma mala racha hace que los hogares queden clasificados como más pobres que lo que serían si se toma una visión de más largo aliento. Lo contrario sucede cuando un hogar enfrenta un golpe de suerte que aumenta sus ingresos en un punto de tiempo pero no permanentemente: mayor ahorro y una clasificación por ingresos corrientes más alta que lo normal.

Varios trabajos han reportado la asociación positiva entre las tasas de ahorro y los ingresos corrientes, pero, esta medición es espuria, y si queremos obtener una respuesta real debemos de resolver los desafíos metodológicos planteados.

La respuesta.

En el artículo de Dynan, Skinner y Zeldes para Estados Unidos y en el mío se aplica lo que se llama un procedimiento de estimación en dos etapas. En la primera etapa, se usan los datos de ingresos corrientes, educación y otras características de los hogares para proyectar una medida del ingreso permanente. En la segunda etapa, se computa la relación del ingreso permanente con las tasas de ahorro controlando por las distintas fases del ciclo de vida (los jóvenes y viejos tienden a ahorrar menos).

En mi estudio hago las estimaciones para 12 países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay. Los datos provienen de encuestas representativas de los ingresos y gastos de los hogares. Las fuentes son los institutos nacionales de estadística de cada país.

Encuentro que, considerando la aproximación a los ingresos de por vida, los ricos ahorran una mayor proporción de sus ingresos que el resto de la población en 9 de los 12 países considerados. La diferencia en las tasas de ahorro es de magnitud considerable. La diferencia promedio entre el quintil superior (el 20% de los hogares más ricos) y el cuarto quintil (los hogares rankeados entre el percentil 60 y 80 de la distribución de ingreso) es de 7 a 8 puntos porcentuales. La diferencia de los más ricos con el tercer quintil (donde se encuentra la mediana de los hogares) es de 9 a 10 puntos porcentuales.

Sin embargo, no encontramos una asociación clara entre las tasas de ahorro y los ingresos permanentes en Uruguay y encontramos evidencia mixta para Argentina y Colombia. Las estimaciones para Uruguay se basan en los últimos datos disponibles que son de 2005-2006. Durante el 2016-2017 el INE se encuentra relevando una nueva encuesta de ingresos y gastos que permitirá en el 2018 revisar si estos resultados se mantienen o no. Mientras tanto, queda planteado el puzzle de por qué los resultados en Uruguay son distintos a otros países.

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