Julio Preve Folle

Responsabilidad por Venezuela

Nadie se ha hecho cargo hasta ahora de los incumplimientos venezolanos con nuestros exportadores.

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Tabaré Aguerre en Cuba. Foto EFE

Y si bien descarto la mala fe, de igual manera hay que discutir responsabilidades y, por tanto, reparaciones. Los exportadores las exigen y tienen razón.

Los hechos.

Como es sabido, Ancap encontró una oportunidad de cancelar deudas de petróleo con importantes quitas si pagaba una cifra al contado de 267 millones de dólares. Dado que es difícil imaginar el préstamo rápido a una empresa con las dificultades de Ancap, se apeló a la ley para posibilitar esta operación seguramente conveniente. El 7 de julio, al explicar esta especie de trueque de cobros de petróleo por cobros de alimentos, el propio Presidente de la República señalaba textualmente: "Uruguay está seguro que tiene disponibilidad para enviar estos alimentos", dijo Vázquez, quien explicó que los 300 millones de dólares quedarán depositados a través de un fideicomiso de Venezuela en la sucursal uruguaya del Bandes, "como garantía de cobro inmediato ante la venta de cada producto". La propuesta era clara y atinada cuando comercian un estado en quiebra como Venezuela, con otro de investment grade como Uruguay.

El 15 de julio el Poder Ejecutivo envió un proyecto de ley al Parlamento, y con fecha 30 de ese mes el Ministro de Ganadería anunció después de un viaje a Caracas, un acuerdo con aquel país. De hecho este ministro condujo todas las negociaciones realizadas en Venezuela que conducirían a poder colocar y cobrar exportaciones a partir del dinero de Ancap. Durante toda la discusión parlamentaria quedó claro que el préstamo del MEF a Ancap se aprobaba, en el entendido que uno de sus beneficios era garantizar los negocios de exportación a Venezuela, a través de Corpovex, empresa estatal venezolana encargada de estas operaciones. El 26 de agosto el proyecto se convirtió en la ley 19.339, pero como se sabe nunca se constituyó garantía alguna, y además la deuda finalmente fue condonada a Ancap. El fideicomiso que se constituiría a partir de Corpovex en el Bandes tendría como objetivo —en la creencia de la mayoría— asegurar las operaciones y su cobro. Pero no fue así. Lo único que ocurrió es que Corpovex estableció un procedimiento para cobrar y pagar que en absoluto representaba garantía para nadie. Establecía que nuestros exportadores debían inscribirse en el Bandes y a partir de un fideicomiso de Corpovex en el propio Bandes, concretarían sus operaciones y recibirían sus pagos. Por su parte a Ancap se le determinó que pagara en ese fideicomiso —como si fuera en cualquier cuenta en cualquier lugar— su deuda petrolera. Como puede apreciarse para el que entiende del tema, no había ningún fideicomiso de garantía. Éste solo podría haber ocurrido si el fideicomitente hubiese sido Ancap, constituyendo el depósito de sus deudas en un fideicomiso de garantía, que fuera liberando recursos de acuerdo a un mandato fiduciario vinculado al pago a nuestros exportadores. Este fideicomiso nunca llegó a concretarse, todo fue de un gran voluntarismo, con elementos de ignorancia financiera.

El 29 de setiembre en Caracas se conformó un fideicomiso de administración con Corpovex como fideicomitente y también como beneficiario, en tanto el Bandes fue el fiduciario. Y el 1° de octubre este fideicomiso —repito que de administración, no de garantía— se anotó en nuestro Registro; en esos días el fideicomitente le ordenó a Ancap depositar en él solo una parte de su deuda, derivando la mayoría de los fondos a China.

Nunca hubo pues operación alguna garantizada; Ancap como eventual fideicomitente nunca firmó contrato alguno, y el único fideicomiso que existe hoy es uno a pedido y utilidad de Corpovex, fideicomitente y beneficiario del mismo. El que exportó lo hizo alentado por intervenciones verbales pero no por contratos. Algunos gobernantes hablaron de garantías que nadie organizó. Seguramente con buena fe pero con una impericia y atropellamiento claros, algunos funcionarios, empezando por el ministro de ganadería —pero no solo él— indujeron a mucha gente a error. Incluso es llamativo que los legisladores, en un exceso de confianza, hayan votado todo, sin pedir al menos un borrador del contrato.

Culpabilidad.

En todo este doloroso quebranto hay pues responsabilidades económicas y políticas. De estas últimas no me interesa escribir, pero de las económicas sí. Las tiene Ancap que aunque no estaba obligada por fideicomiso alguno, no podía ignorar que la plata que giraba a China tenía otra función. Las tienen el ministro de ganadería y sus compañeros de viaje a Caracas, ya que todos salieron en la foto a la vuelta; las tienen aunque atenuadas los legisladores, y las tiene de alguna manera el presidente, sorprendido seguramente en su buena fe por el andar de sus ministros.

Más allá de errores involuntarios y buenas intenciones que descarto, hay que reparar: si el gobierno alentó una conducta económica ahora tiene que apechugar y pagar; tal vez no el 100%, porque alguna responsabilidad tienen los empresarios que se dejaron seducir, por el gobierno algunos, por el propio MPP otros.

Pero hay que reparar, dejando en claro que el gobierno tiene que poner plata fresca, no un crédito. Es de justicia, porque aunque los errores se pueden perdonar, eso no excluye la responsabilidad que hay que asumir por ellos.

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