HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Un repaso a la evolución de la economía

A pesar del entorno adverso, el PIB crece, pero lo hace por debajo de su tendencia.

La recuperación del nivel de actividad que se comenzó a notar en el segundo semestre del año pasado llevó a que la variación de todo el año fuera del 1,5%. Esto genera un piso para la variación que está ocurriendo en el 2017, que seguramente se termine ubicando en el entorno del 2,0%. Es un crecimiento que está por debajo de la tendencia histórica del 3,0% y ciertamente no se puede comparar con la tasa de expansión extraordinaria vivida entre 2003 y 2013 (5,7% anual). Pero, en el contexto recesivo regional que nos toca vivir y con la pérdida de competitividad por la evolución de los precios relativos, es una noticia sumamente positiva.

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El PIB de todo el año, llevado a dólares por el tipo de cambio promedio del año, se ubicó el año pasado en US$ 52.400 millones. De acuerdo a las proyecciones de población del país, son aproximadamente US$ 15.000 por persona por año. Es casi el doble que el promedio de América Latina y el Caribe y menos de la mitad que la OCDE. Ya ingresa en la categoría de países con ingresos altos pero en la parte baja, muy lejos del nivel que tienen los desarrollados.

La estructura del Valor Agregado por los sectores de actividad a pesos corrientes, señala que Producción primaria genera el 7%, Industria manufacturera 14%, Electricidad, gas y agua, 3%, Construcción 10%, Comercio 14%, Transporte y Comunicaciones 6%, Intermediación Financiera 5%, Inmobiliarias 12%, Servicios empresariales 6%, Enseñanza 5% y Salud 7%, Administración pública y seguridad social 6% y Otros servicios 4%. Una economía algo diversificada con cerca de la mitad generado en sectores de servicios.

La evolución en los últimos años fue clara. Luego de un período de fuerte crecimiento que nace en el año 2003, hay un estancamiento que muestra en los dos últimos trimestres un rebrote en el nivel de actividad. La expansión en la década que termina en el 2013 fue del 5,6% promedio anual. Desde ese entonces y hasta el 2016, el ritmo de crecimiento fue de tan solo 1,7% anual.

El peor momento ocurre entre mediados del 2014 y mediados del 2016. En el gráfico superior del cuadro adjunto se muestran las tasas de variación de los promedios anuales terminados en cada trimestre en comparación con el mismo período un año atrás. En este gráfico se decidió excluir del cómputo a la generación de electricidad debido a las oscilaciones que tiene en función de lo que ocurre con el clima. Se observa cómo hay tres trimestres donde no se pudo superar el nivel alcanzado un año atrás. También se puede ver como el último trimestre del año pasado revierte la tendencia al alcanzar un crecimiento del 1,1%.

En este contexto vale la pena analizar primero la tendencia de los tres últimos años y luego lo ocurrido en la segunda mitad del 2016 y cuáles son las explicaciones para el rebrote que nos hace mirar el año en curso con mayor optimismo.

Las actividades primarias en general sufrieron en los tres últimos años. La tasa promedio anual fue negativa en -0,4% pero en su interior se observa que la ganadería y la silvicultura crecen y los cultivos, la pesca y la minería registraron fuertes caídas. Sobre el final del año pasado, las buenas condiciones climáticas para los cultivos cambian el signo en esta actividad, pautando que en el 2017 el sector aportará al crecimiento. En el gráfico de la izquierda en el medio del cuadro adjunto se puede observar la evolución de las tasas de crecimiento en la actividad primaria y cómo hay un estancamiento en el 2014, seguido de una caída y el salto considerable que se pega al incorporar el dato del cuarto trimestre del año pasado.

En la industria manufacturera hay pilares como los frigoríficos, los molinos incluyendo los de arroz, las plantas de celulosa, la farmacéutica y las sustancias químicas básicas. Pero el resto conforma un paisaje extremadamente pesimista, sumido en caídas en la producción y dificultades. Hay casos tendenciales y que hace muchos años presentan una contracción en la actividad como son el textil, la vestimenta y la pesca y otros muy afectados por una coyuntura de precios adversa como los lácteos, por la menor actividad agropecuaria como la elaboración de abonos o por los problemas de la región.

La construcción registraba altísimas tasas de crecimiento en los años previos al 2012. En los dos años siguientes registró altibajos en las mediciones trimestrales como una antesala a los problemas que se observaron en 2015 y 2016 con una caída del -5,0% promedio por año. Hay alguna señal de que el peor momento pasó pero los altos costos en dólares del metro cuadrado hacen dudar de que sea una actividad dinámica por el momento.

En los últimos tres años, las actividades de comercio mostraron una contracción a un ritmo promedio del -2,6% anual, con el peor momento en el primer trimestre del 2016 tal como se puede observar en el gráfico de la derecha en la zona media del cuadro.

Ese momento crítico pasó y esta actividad cuenta dentro de las que repuntaron en el segundo semestre del año pasado. A este empuje se suma la expectativa optimista que deja una temporada turística con mayor cantidad de gente y de gasto.

Cuando la actividad primaria y el comercio se frenan, también lo hace el transporte de carga por vía terrestre y en los tres últimos años esta actividad perdió -3,6% anual. Pero cuando se observan los indicadores indirectos del tercer y cuarto trimestre del año pasado y el comienzo del 2017, aparece una señal de optimismo en la venta de gasoil.

Dentro del PIB en los últimos años aparece un sector como las comunicaciones (telefonía y transmisión de datos) que por innovación y desarrollo comercial, aporta fuerte al crecimiento real. La tasa promedio de los últimos tres años alcanzó los dos dígitos (+11,2%). Sin embargo, como los precios van bajando concomitantemente con la penetración de mercado, el aporte nominal al PIB en plata es muy bajo.

Los sectores de servicios tradicionales muestran tasas de variación en los tres últimos años que están en línea con el promedio (+1,6% anual). Sin embargo, cuando se mira el último año hay un estancamiento debido a caídas en Educación, Salud y Servicios personales y domésticos.

Estas actividades tienen una fuerte relación con el consumo privado. En el gráfico de la zona inferior del cuadro se muestra la evolución de los promedios anuales de esta variable. Es notorio el estancamiento desde el inicio de la segunda mitad del año 2014. Una señal más del ajuste que hizo el sector privado desde ese momento. Los dos últimos trimestres indican que también esta variable acompaña la incipiente recuperación con tasas del 0,7% y 1,3% interanuales. Algo positivo pero nada extraordinario ya que hay que tomar en cuenta que este agregado macroeconómico incluye también la acumulación de inventa rios y en esta fase del ciclo debería empujar para arriba la variación.

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