CARLOS STENERI

Rendición de Cuentas frágil

El Poder Ejecutivo presentó finalmente la Rendición de Cuentas, anunciando que el aumento de gasto (US$ 112 millones) será destinado a la educación, a lo cual se anexan otros rubros que vienen por arrastre por mayores pasividades, reconocimiento de deudas y recibo de menores transferencias.

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Danilo Astori en conferencia de prensa. Foto: M. Bonjour

La suma de todos esos rubros eleva el gasto en US$ 312 millones. Estos serán financiados por un aumento del arancel a las importaciones (tasa consular), exceptuadas las provenientes desde el Mercosur y México debido a los tratados comerciales vigentes. Y la creación de un impuesto al juego legal regulado, que exceptúa a los "slots", traga monedas dispersos a lo largo y ancho del país. A ello se le suma la mayor recaudación esperada (US$ 200 millones) generada por el crecimiento del PIB esperado.

Esto le permite al gobierno anunciar con cierta satisfacción que el déficit fiscal se ha estabilizado en el nivel actual del 3,4% del PIB.

Es a partir de aquí que comienzan las dudas. Como es sabido, ese nivel de déficit esta distorsionado a la baja por dos razones principales. Primero la disminución del inventario de petróleo de Ancap, al estar la refinería en fase de mantenimiento. Una vez puesta en funcionamiento, habrá nuevamente que "llenar los tanques" con petróleo. En segundo lugar, un aumento de la deuda flotante con proveedores, que es una forma de diferir gasto temporalmente, al utilizarse para registrarlo el criterio de caja. Ambos rubros agregan al déficit 0,4% del PIB, significando entonces que el déficit verdadero ronda en el 3,8 %y no en el 3,4% del PIB, como fue anunciado. Políticamente esa afirmación es entendible, técnicamente no.

Tampoco se aclara el rol de las tarifas como forma de financiamiento del gobierno. Como fueron planteadas las cosas, es lícito suponer que seguirán en sus niveles elevados, salvo algún retoque (gasoil) que no será sustancial.

La cuestión subyacente relevante es que este nivel de déficit implica por definición financiamiento con aumento de endeudamiento bruto. La pregunta es hasta cuándo, dado que su nivel ha crecido en los últimos años sin indicios de pausa en su continuidad. A tener en cuenta es que esa dinámica se explica por aumento de gasto corriente, inflexible a la baja, y no a la inversión. Generalmente, las deudas se contraen para financiar activos, y solo excepcionalmente gasto, hecho inverso a lo que viene ocurriendo.

Con satisfacción supimos que se logró una colocación exitosa de un bono global en pesos nominales, que permitió estirar vencimientos cortos y obtener financiamiento. Pero no se debe confundir este hecho, repito exitoso, con suponer que hay una canilla libre de financiamiento permanente. Basta recordar que la Fed, contra los pronósticos de la mayoría de los analistas, acaba de subir por segunda vez su tasa de referencia, lo que señala que estamos entrando en otra fase de los mercados de capital, con consecuencias más astringentes para las economías emergentes.

Por consiguiente, lo que hubiéramos esperado, o sea anuncios sobre la trayectoria futura de la deuda, indicando los correctivos necesarios que no son otra cosa que el monto del déficit primario (déficit antes de pagar intereses) no se dio. En estos momentos, hay que recurrir a más endeudamiento para contribuir al pago de interés. Es aquí donde reposa la mayor parte de la sostenibilidad de la política fiscal, y en su fortalecimiento hay omisiones.

Para el final quiero comentar dos temas, uno referido a la educación y el otro a la política comercial.

Existe amplio consenso ciudadano que en el mejoramiento del tema educativo nos va la vida como país. El Frente Amplio, a través de sus diferentes gobiernos hizo suyo ese desafío, canalizando recursos crecientes al sistema y al mismo tiempo anunciando reformas para mejorar su gestión.

Hasta el momento, lo más relevante es que se estaría llegando a un aporte para educación del 5% del PIB, en camino hacia un 6% que nadie puede explicar bien si ese es el nivel adecuado para nuestro país. Parece un número mágico, que logrado resolverá sin esfuerzo las carencias del sistema educativo. En realidad, tiene todas las características de una reivindicación gremial para aumentar los sueldos docentes, algo necesario, pero que debe de ir acompasado de políticas que mejoren la gobernanza de la educación, actualicen los programas, el entrenamiento de los docentes y que fijen criterios para desarrollar la carrera docente.

Los hechos muestran que hay descontento generalizado. La ciudadanía insatisfecha por la calidad de la educación, las autoridades docentes sin proyectar rutas y metas claras de hacia dónde vamos, y los trabajadores diciendo que todavía faltan más recursos para lograr la mejora educativa. Lo cierto es que la mayor parte del aumento del gasto en esta rendición va integro a salarios docentes. La pregunta entonces es sí el gobierno está enfrentando una puja gremial de base salarial, o se trata de algo superior conectado con la modernización necesaria del sistema educativo. La falta de propuestas en esta materia hace suponer que es una reivindicación salarial lisa y llana.

Por otro lado, el hecho de recurrir a un arancel como instrumento recaudatorio es una mala señal, cuando el gobierno anuncia que la apertura comercial y la suscripción de tratados de libre comercio es uno de los ejes de su política. Además, si el gobierno cumple ese cometido, deberá bajar sus aranceles con el país participante del tratado. Eso por definición le dará carácter transitorio a esta medida.

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