PAUL KRUGMAN

Remembranzas de antaño

Si Hillary Clinton gana en noviembre, Bill Clinton tendrá una función doblemente única en la historia política de Estados Unidos: no solo como el Primer Marido, sino, también, como el Primer Cónyuge que solía ser presidente. Es obvio que no pasará el tiempo horneando galletas. ¿Entonces, qué hará?

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Bill Clinton. Foto: Sebastian Derungs

La semana pasada, Hillary Clinton provocó una ráfaga de comentarios cuando sugirió que Bill Clinton estaría "encargado de revitalizar la economía". Se puede ver por qué querría decir eso, ya que la gente todavía recuerda los buenos tiempos que prevalecieron cuando él estuvo en el cargo. Cómo se podría definir su papel en la práctica es mucho menos claro.

Sin embargo, eso no importa. Lo que yo quiero hacer en este momento es hablar de las lecciones que el auge de Clinton I tienen realmente para un potencial gobierno de Clinton II.

Expansión.

Antes que nada, realmente fue un auge muy impresionante y, en cierto sentido, es raro que los demócratas no hablen más sobre ello. Después de todo, los republicanos constantemente invocan los milagros de San Reagan para justificar su fe en la economía de la oferta. No obstante, la expansión en la época de Clinton superó a la economía de Reagan en cada dimensión. Bill Clinton no solo presidió una mayor creación de empleos y un crecimiento económico más rápido, sino que su gestión estuvo marcada por algo de lo que careció notablemente la época de Reagan: un aumento significativo en los salarios reales de los trabajadores comunes.

¿Pero por qué fue tan buena la economía de Clinton? No fue porque él tuviera un toque mágico, aunque sí hizo un buen trabajo al responder a la crisis. En su mayor parte, tuvo la buena suerte de ocupar el cargo cuando cosas buenas estaban pasando por razones no relacionadas a la política. Específicamente, la de los años de 1990 fue una década en la que los negocios estadounidenses finalmente descifraron qué hacer con las computadoras, la década en la que las oficinas se interconectaron, en la que los detallistas, como Wal Mart, aprendieron a usar la informática para administrar los inventarios y coordinarse son los proveedores. Esto llevó a un aumento en la productividad, la cual había crecido solo con mucha lentitud en las dos décadas anteriores.

Nueva era.

El arranque de la tecnología también ayudó a impulsar un aumento en la inversión empresarial, la que, a su vez, produjo creación de empleos a un ritmo que, para finales de los 1990, llevó a que Estados Unidos tuviera pleno empleo de verdad. Y el empleo pleno fue la fuerza detrás de los salarios en aumento en los 1990.

Hubo una burbuja tecnológica al finalizar la década, pero esa fue una parte bastante menor en la historia general y, debido a que no hubo un gran aumento en la deuda privada, el daño que se hizo cuando reventó la burbuja tecnológica fue mucho menor que la destrucción que dejó tras de sí la burbuja inmobiliaria de la época de Bush.

Sin embargo, de vuelta al auge: ¿Cuál fue el papel de Bill Clinton? De hecho, fue bastante limitado ya que él no causó el arranque tecnológico. Por otra parte, sus políticas obviamente no se interpusieron en el camino de la prosperidad. Y vale la pena recordar que en 1993, cuando Clinton aumentó los impuestos a los acaudalados, en general, los republicanos pronosticaron el desastre.

Una gran lección del auge de Clinton, entonces, es que la conclusión que los conservadores quieren que se extraiga de su incesante reaganolatría —que los generosos recortes fiscales a los ricos son la clave de la prosperidad y que cualquier aumento en las tasas fiscales más altas provocara el castigo divino de la mano invisible— es completamente falso. Hillary Clinton está proponiendo aproximadamente mil billones de dólares en impuestos adicionales al 1% de mayores ingresos, para pagar programas nuevos. Si ella llega al cargo y trata de implementar esa política, los sospechosos habituales emitirán las clásicas advertencias terribles, pero no existe absolutamente ninguna razón para creer que su plataforma política dañaría a la economía.

La otra gran lección del auge de Clinton I es que, si bien hay muchas formas en las que los formuladores de políticas pueden y deberían tratar de aumentar los salarios, la única cosa más importante que pueden hacer para ayudar a los trabajadores es buscar el empleo pleno.

En cualquier caso, no toda la inversión productiva es privada. Necesitamos desesperadamente reparar y actualizar nuestra infraestructura; entre tanto, el gobierno federal puede pedir prestado dinero increíblemente barato. Así es que hay argumentos abrumadores para que haya un aumento en la inversión pública y un beneficio secundario de tal aumento sería el empleo pleno, lo que ayudará a reducir otra era de sueldo al alza.

¿Así es que, Bill Clinton tendrá una función importante si gana Hillary Clinton? No tengo la menor idea y ni me importa mucho. Sin embargo, será importante recordar lo que salió bien y por qué durante la gestión de Bill.

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