JUAN SÁNCHEZ

Reconocer, y luego voltear la página

En las últimas semanas, se han dado discrepancias dentro del Gobierno y en la oposición. Desde el Gobierno, lógicamente la apuesta es a corregir errores, enfrentar las omisiones, manteniendo la prioridad en los sectores populares.

Desde la oposición, son conscientes que para alcanzar el Gobierno no basta con marcar errores, se requiere propuesta, pero deben rescatarse los aciertos del Frente Amplio en 12 años, la inclusión social y quizás la heterodoxia que demostró en un macro-entorno favorable, lo que los gobiernos anteriores no se permitieron, no pudieron o no se percataron.

Nuevos paradigmas.

Columnas atrás escribimos sobre dogmatismos y nuevos paradigmas, hoy no hay referencias y la discusión sobre la distribución de la riqueza se empieza a dar insistentemente en Occidente.

Krugman carga las tintas en los republicanos, diversos estudios concluyen en The New York Times que la clase media y baja en EE.UU. es más pobre que en Canadá y empeora con Europa, en Cambrigde dicen que en Gran Bretaña la productividad cae por la baja de los salarios; en Columbia, que desde las crisis los bancos se inclinan a favorecer a las empresas intensivas en capital, y en Harvard que el capitalismo es muy bueno para asignar recursos, pero muy malo distribuyendo la renta.

Jerarcas y actores políticos, ante el grado de incertidumbre que esto supone están más condicionados; y no es una innovación decir que están menos preparados para enfrentarla.

La competencia en el ámbito político tiende a consolidar ciertos perfiles en los actores en detrimento de otros. Si se generan fallas, el sistema no genera espontáneamente un correctivo. El juego democrático no dará a mediano plazo la mejor solución, así como el mercado no genera necesariamente el máximo bienestar para todos los individuos. Quienes soñaban con esta magia de los mercados, por ventura hace tiempo no toman decisiones.

Estaba visto.

Algunas semanas atrás fallecía el Dr.Alejandro Atchugarry. No coincido con la percepción de Claudio Paolillo sobre esa historia y por respeto a los fallecidos no quiero hacer comparaciones. Aun con discrepancias, no es original decir que Atchugarry fue determinante para la solución y no parte del problema.

En dicha crisis, a las dificultades del manejo de variables que escaparon a la comprensión de muchos, se sumaron otras complejas de combinar, la percepción de la opinión pública, los medios de comunicación, el confuso conflicto de intereses en una sociedad muy corporativa. Se agregó la incapacidad para valorar el "timing" de ejecución de políticas, que exacerbó las diferencias dentro de la sociedad.

Estas incapacidades preexistentes en nuestra sociedad, llevaron frustración, desilusión e impaciencia, y a partir de allí sobrevino la bancarrota política de sectores que confiaron en aquellos actores.

La crisis fue la fase final de un cambio que fue inclinando la balanza de la opinión pública hacia los sectores más críticos de las políticas dominantes (la Economía). Esa disconformidad acumulada se tradujo en un cambio histórico con el acceso del Frente Amplio al Gobierno.

¿Y Ahora?

¿Por qué el desgaste y errores cometidos luego de 12 años no son capitalizados por los contradictores, como sucedió de la década de los 90 a los 2000?

Es fácil vislumbrar la necesidad de cambios en temas sustantivos a mediano plazo, pero no está claro a quién le tocará esa responsabilidad, muy a pesar de los descontentos de una parte y de la otra.

Como señalábamos antes, empiezan a aparecer discrepancias entre sectores del Gobierno y de la oposición. En el partido de Gobierno hay sectores que no están dispuestos a justificar cualquier error y otra fuente de tensión es la subestimación que algunos sectores hacen de los equilibrios macro, que otros sectores que acompañan la conducción económica no abandonarán.

Dentro del sector mayoritario de la oposición aparecen diferencias sobre la valoración de la gestión del Frente Amplio estos años, algunos tienen disposición a adoptar y continuar ciertos programas y en gran parte la conducción macro, y otros entienden que todas las orientaciones de política que se han dado en los Gobiernos del Frente Amplio han determinado excesos de gasto y/o un gran retroceso.

El Meollo.

Más allá de matices, una cuestión central en la postura de los actores políticos es la defensa de posiciones que lleva al reforzamiento de errores y subestimación de virtudes de otros, y hay un factor que estaría incidiendo negativamente en esta situación y son las modalidades de financiamiento de sectores y partidos. Esto lleva a una distorsión en la forma de encarar la gestión, llevando a la proliferación de cierto tipo de perfiles y no de otros(*).

¿Cómo enfrentar esta realidad? Errores existieron, pero, debe reconocerse que hubo cambios y cierta heterodoxia de las políticas que permitió la aplicación de medidas focalizadas en los sectores de menores recursos, también reconocer la continuidad de la macroeconomía y de los regímenes de promoción, así como el fortalecimiento de la demanda interna. Otros aspectos de las políticas públicas no gozaron de tanta luz (gestión de empresas públicas, regulación de mercados, política tarifaria, gestión y control presupuestario).

Hay en la oposición una falla en el reconocimiento de errores propios en el pasado, sin los cuales no es posible conquistar nuevos objetivos, y los anteriores no tienen gracia ni sentido.

(*)El Ec. Conrado Ramos ha insistido en la mejora de la gestión de la cosa pública en dos vertientes principales, la Reforma del Estado y el mecanismo ad-hoc de financiamiento de los partidos como instrumento de perversión del Sistema, está todo convenientemente solapado y muy extendido. El tiempo parece darle la razón ya que se termina traduciendo en despilfarro y graves errores de gestión. Más temprano que tarde que debe abordarse con seriedad

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