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La recaudación se desacelera gradualmente

Pérdida de dinamismo en consumo privado y en renta empresarial impacta en la Dirección General Impositiva.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
DGI aclara en el informe que no hace juicios de valor sobre exoneraciones. Foto: A.Colmegna.

HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

El ciclo económico en su fase más lenta está reduciendo gradualmente la capacidad de expandir el gasto público y se presenta, en la primer mitad de 2015, con una tendencia al estancamiento en la tasa de expansión de los ingresos de la DGI y el BPS. Con un poco más de detalle, el escenario se caracteriza por un consumo privado cada vez menos dinámico, problemas de rentabilidad en las empresas privadas, nivel alto de la masa salarial y las pasividades y un impulso en los impuestos sobre los combustibles.

BPS y DGI.

En el año terminado en junio de 2015, la DGI logró una recaudación neta de $ 255.331 millones, que representan el 18,2% del PIB en el período.

Por su parte, el BPS tuvo una recaudación propia del $ 133.760 millones, que agregan 8,1% adicionales del PIB.

Estos recursos son los que deben sostener el Presupuesto Nacional y los pagos de la seguridad social que realiza el BPS. El aumento real para la DGI en el último año fue del 1,8% mientras que un año atrás la tasa que se registraba una variación del 5,2%. En el caso de los ingresos pertenecientes al BPS la tasa en los doce meses a junio de 2015 fue 6,6% pero un año atrás se ubicaba en el 8,0%.

En esta recaudación, los impuestos al consumo tienen un papel relevante. Tanto el IVA como el Imesi son puntales de la generación de recursos financieros para el presupuesto nacional y su evolución tiene que ver con el consumo del sector privado, aunque no es la única variable que determina su evolución.

El IVA se calcula sobre todas las ventas pero termina gravando, como su nombre lo indica, el valor agregado involucrado en cada transacción. El valor agregado es la diferencia entre el precio final de venta y el precio de todos los insumos intermedios, y el IVA que está obligado a entregar a la DGI cada empresa es la diferencia entre el impuesto que cobra por sus ventas y el que paga por la compra de insumos. Los productos de mayor valor agregado tienen una mayor carga impositiva que los de menor valor agregado y esto es importante para entender la reacción de la recaudación a lo largo del ciclo económico.

Si no puede ver los gráficos haga click aquí.

Menos crecimiento.

El gráfico adjunto muestra cómo la tasa de expansión del IVA pagado por contribuyentes del sector privado (excluyendo a las empresas públicas) registra tasas reales de crecimiento anual cada vez más pequeñas en lo que va del año. Los doce meses a junio fueron 2,1% superiores a los del mismo período en 2014.

Es un reflejo del enlentecimiento en el consumo privado en forma conjunta con los cambios en la mezcla de consumo de la población que empieza lentamente a ir hacia productos con menor valor agregado.

El Imesi es un impuesto que va directamente sobre el consumo. En este caso la variación en el último año fue del 9,0%, pero el sostén fue el impuesto a los combustibles que tal como se ilustra en el gráfico adjunto, muestra un impulso particular desde mediados de 2013.

También hay algún aporte en la suba en la tasa para los cigarros y tabacos. En el caso de los automotores, el impuesto por unidad vendida es alto pero la evolución reciente muestra una baja del -1,5% en la recaudación.

Renta.

El segundo capítulo en importancia en la recaudación es el de los tributos sobre la renta de las personas. En este caso sobresale el IRPF en la DGI y las contribuciones a la seguridad social del BPS. Hay algo de enlentecimiento en estos tributos, pero todavía con niveles de tasas muy altos (ver gráfico). En el año terminado en junio, el combinado del IRPF y los ingresos del BPS (netos de los que efectúa para terceros) registra una variación del 7,3%.

De todas formas, cuando se mira la primera mitad de 2015 se comprueban tasas inferiores en un anticipo de lo que puede suceder en el segundo semestre y cuando se cierre el año corriente.

Otro caso de impuesto sobre los ingresos de las personas es el IASS que se cobra a las pasividades. En los primeros seis meses del año registró un incremento del 10,7%, que es alto pero hay que tomar en cuenta que en el mismo período el año pasado registró un aumento del 22,8%.

En este caso hay dos efectos. Por un lado aumenta la cantidad de dinero destinada a pagar pasividades, por lo que hay una base tributaria mayor. Segundo, hay una suba de la tasa promedio que se paga debido al desfasaje entre el valor unitario de las pasividades y el valor de las franjas para determinar la tasa progresiva a aplicar.

Inflación. El gobierno, al ajustar las franjas solamente teniendo en cuenta la inflación genera en forma implícita una suba en la tasa promedio. Este efecto también ocurre en el IRPF II y será en la instancia del informe anual de la DGI sobre este impuesto que se podrá estimar bien cada una de las razones por la que hay más recaudación.

Más allá de la discusión sobre el procedimiento, lo cierto es que en la fase descendente del ciclo se pierde este mecanismo que incluso puede jugar en contrario si hay una caída real del salario.

En el último gráfico adjunto se puede observar la suma de la recaudación bruta de la DGI y el BPS consolidada.

El comportamiento a lo largo de los últimos cinco años es claro. Hay una suba en relación al producto bruto que pasa de un nivel del 25% del PIB al 26,5% de la actualidad. Lo alcanzado se encuentra estable en su relación con el PIB, pero es posible que en la fase descendente del ciclo se observe una leve baja.

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