Isaac Alfie

La reacción ante el progreso

Con la llegada de la aplicación UBER para el transporte individual de personas se instaló toda una discusión que, más allá de los aspectos tributarios y reglamentarios, tiene como trasfondo algo muy arraigado en nuestra sociedad: su cultura de poco riesgo, en general carente de sentido de la innovación.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La aplicación sigue funcionando en Uruguay aunque la IMM dice que no es legal. Foto: F. Ponzetto

Naturalmente que no todos son así, pero "en promedio" dominan estas características que contrastan con otras sociedades.

La cultura influye en lo forma de ser de los países y ésta determina, para lo bueno y lo malo, su relativo éxito o fracaso, al menos frente a sus pares. Nadie es exitoso ni fracasado en todo, pero algunos países marcan la vanguardia del mundo.

Mal que nos pese, la tecnología provoca en pocos años cambios que la humanidad no conoció en milenios de historia. De hecho desde el siglo XIX los avances son inimaginables para el común de las personas de 1750. Es cierto que ya por el siglo XIII se comienzan a gestar cambios importantes y que los inicios son siempre lentos, pero nadie puede desconocer que la libertad de las personas que fue ganando el mundo con las revoluciones holandesa de 1603 primero, la inglesa 1648-1660 luego, la americana 1776 y la francesa 1789. Éstas tenían en todos los casos las mismas bases de libertad personal para el desarrollo individual, libertad de expresión (de imprenta en Holanda), apertura de las universidades, libertad de industria y comercio. Era el ascenso de "la burguesía" que derrotaba al absolutismo feudal y monárquico, pero también a la opresión religiosa. Por cierto que sus triunfos no fueron inmediatos, la reacción también estuvo presente, pero sus ideas cambiaron a la humanidad. Fue básicamente desde esos países y zona del mundo —Alemania, Suiza, Austria y otros igual se integran en el proceso del conocimiento—, donde se comenzó a expandir la ciencia y la tecnología, generando avances en todos los campos, los más maravillosos en medicina, agropecuaria, ingeniería, física y química, con todas sus derivaciones.

En Uruguay hemos aceptado a regañadientes que la tecnología se nos impone y la usamos pero, cuando afecta el statu quo y se vuelve amenazante para algún grupo comienzan los problemas. Ni que decir, si los principales del sector afectado suelen tener conductas inapropiadas. Surgió el problema con el taxi, pero en poco tiempo será imposible evitar que haya un UBER de micros o pequeños ómnibus. Quien escribe, desde hace 13 años que contrata hoteles en el exterior vía sitios de internet, las agencias de viajes de alguna manera debieron adaptarse (hoteles, excursiones, pasajes, vehículos) y, seguramente, muchas perecieron. Las páginas de avisos clasificados de los diarios sufren la competencia, lo mismo las inmobiliarias y los propios hoteles con Airbnb. Millones de personas en el mundo han perdido su trabajo porque la cantidad de trámites personales que se hacen han disminuido notoriamente, las agendas personales se llevan sin necesidad de secretarias, los cambios en la logística y centros de abastecimiento y los futuros del comercio minorista son monumentales. La industria financiera destruye puestos de trabajo sin parar desde hace unas dos décadas. La enseñanza de idiomas por Internet parece estar teniendo no sólo adeptos sino buenos resultados. Universidades del prestigio de Harvard ofrecen cursos por Internet.

El mundo actual es el más competitivo que conoció, hasta el momento, la humanidad. La tecnología hace posible que se compita en comercio de bienes donde antes no se podía (mejoras y reducción de costos en la cadena de frío, por ejemplo), ya no quedan bienes donde exista un "monopolio natural". En los servicios, pasa algo parecido con mucho de ellos gracias al avance en las telecomunicaciones, algo impensado salvo por quienes estaban en los desarrollos, apenas 35 años atrás. Piénsese que en Estados Unidos se rematan las primeras bandas para telefonía celular ¡en 1987! En menos de 30 años acabó con la telefonía fija y está claro que en poco tiempo habrá aparatos para hablar pero vía Internet y no por una compañía de telefonía móvil tradicional que deberá ofrecer otro servicio (Facetime, Whatsapp, etc.).

Naturalmente que se generan inconvenientes y vacíos de todo tipo, entre ellos legales, tributarios y algunos reglamentarios, como en el transporte de pasajeros. Lo peor que podemos hacer es "oponernos" a los avances, lo único que lograremos es dilatar algún tiempo —en esta época no mucho— su llegada, y con ello perdido oportunidades en nuestra capacidad de competir que, en definitiva, es lo que determina nuestro ingreso y nivel de bienestar.

Las autoridades han tenido distintas reacciones ante la llegada de esta aplicación que desata la discusión, desde las retrógradas de parte de algunos legisladores del oficialismo, pasando por las carentes de fundamento con notorios errores del Intendente Martínez, hasta las mesuradas del Presidente Vázquez quien con lógica dijo que no se trata de prohibir sino de dar un marco adecuado. Bloquear la aplicación sería un grave error, también es lógico que quienes presten el servicio cumplan con normas legales y reglamentarias.

Por tanto, estamos ante un nuevo desafío enorme, entender a fondo los cambios, aprender cómo se están adecuando los países más avanzados y adecuar nuestra legislación a ello. La tarea es del sector público en su conjunto y también del sector privado, no sólo del partido de gobierno. Los legisladores todos, los funcionarios públicos y el sector privado, tanto quien utiliza como quienes generan los cambios, deben ponerse a trabajar.

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