JAVIER DE HAEDO

Puesta al día con la coyuntura

No hay errores de proyección", dijo el Director de la OPP en relación a la variación del PIB en 2015, que fue de 1,0% frente al proyectado 2,5% por el equipo económico en la Ley de Presupuesto.

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Foto: El País

"No hay ajuste fiscal", dijo el Ministro de Economía y Finanzas, pero primero se recortaron las inversiones públicas, después se tocaron varios impuestos y por último se dio un "tarifazo" con claros propósitos fiscales. "No hay estancamiento" de la economía, también se dice desde el equipo económico, pero la economía no creció a lo largo del año pasado, cayendo 0,1% entre los cuartos trimestres de 2014 y 2015. En fin…

Como en todos los finales de trimestre, en marzo se sumó a la difusión de los indicadores habituales, la de los indicadores de difusión trimestral y, por ser marzo, datos de "cierre" del año anterior. Repasemos "a vuelo de pájaro" los principales datos que se conocieron en torno a fin de marzo.

Uno, como vimos, el PIB no creció a lo largo del año pasado, y el 1,0% de crecimiento informado (entre los promedios de 2014 y 2015) se debió todo al arrastre estadístico desde 2014. O sea que fue todo debido a lo sucedido en 2014 y nada por 2015. Los tres motores del crecimiento permanecen apagados, el consumo privado, la inversión y las exportaciones, y el conjunto de los tres registró una caída de 1,6% el año pasado.

Dos, en el caso de la Balanza de Pagos, cae la inversión extranjera directa (3,0% del PIB) pero mejora el saldo de la cuenta corriente (-3,6% del PIB), por lo que seguimos sin tener problemas en materia de necesidades de financiamiento externo. En 2015 el déficit externo fue "gemelo" con el déficit fiscal, dado que el sector privado estuvo en equilibrio. El ahorro neto del sector privado, cuya evolución está estrechamente vinculada al precio relativo del dólar, viene trepando firme desde abajo y se volvió positivo al inicio de 2015.

Tres, la deuda pública neta subió desde 33,7% del PIB al cierre de 2014 hasta 35,6% del PIB al terminar 2015. Comportamiento previsible en el actual contexto de alto déficit fiscal. De todos modos, la ganancia debida a cambios en las paridades (es decir la licuación en términos de dólares de la parte pesificada de la deuda) ha atenuado enormemente ese crecimiento: si la deuda estuviera totalmente dolarizada, la relación entre ella y el PIB habría llegado al 43% al cierre del año pasado.

Dicho sea de paso, ahora que "el seguro anti devaluación" ya pagó todo lo que había costado, las sumas de variación de deuda pública neta y déficit fiscal se parecen muchísimo: en 2005-2015, la deuda neta subió en US$ 8.309 millones y los déficit fiscales sumaron US$ 8.629 millones. A la larga, el origen fiscal del aumento de la deuda pública es indudable.

Cuatro, el déficit fiscal en los 12 meses a febrero fue informado por el MEF en 3,7% del PIB, pero una primera corrección "estructural", muy obvia, lo lleva rápidamente al 4% del producto, debido a que en septiembre se incluyó como ingreso a la ganancia de Ancap por la quita que su obtuvo al pre cancelar la deuda con Pdvsa, por 0,3% del PIB. Los ingresos fiscales se desaceleran, especialmente en el BPS, mientras que han empezado a tallar los aumentos presupuestales vigentes desde enero, que han reacelerado el crecimiento del gasto.

Cinco, los salarios del Gobierno Central subieron 12,65% en el primer bimestre, según el INE. Esa variación se compone de un aumento general de 9,44%, igual a la inflación de 2015, más aumentos específicos otorgados en el Presupuesto y que promedian 2,93%. Semejante aumento para los funcionarios públicos no luce consistente con las pautas que se le exigen al sector privado. El Gobierno debería "señalizar" el camino que le indica al sector privado dando el ejemplo con sus propios funcionarios. Por otra parte, las famosas pautas aún no han entrado a operar de manera significativa en la medida en que en los últimos 12 meses los salarios privados subieron 11,42%.

Seis, la inflación llegó al 10,60% en marzo, pero el indicador de la evolución de su núcleo ya está arriba del 11% ("inflación subyacente"). Se trata de una tendencia alcista firme desde hace poco más de un año: en febrero de 2015 la inflación estaba en 7,4% y la subyacente en 8,7%. Estamos ante un proceso de aceleración de la inflación, generalizado y no de un puñado de precios que se dispararon por aviesas intenciones de sus fijadores.

Siete, como cada vez que se prenden luces amarillas o rojas en materia de inflación, suceden dos cosas. Una, desde el equipo económico se expresa un discurso totalmente compartible, que refiere la necesidad de que todas las políticas sean consistentes entre sí. Dos, se efectúa un apriete monetario que le pega al dólar, que en los hechos es el instrumento que más se está dispuesto a utilizar. Esta vez el driver de la revaluación del peso fue el aumento de los encajes, que lo hizo divorciarse en pocos días de abril en un peso con relación a una canasta relevante de monedas. Además, el BCU decidió contraer el crecimiento del M1 ampliado, pero ya en el primer trimestre este agregado creció bien por debajo del objetivo (menos de 3% ante un rango de 7% a 9%), por lo que queda en discusión su utilidad.

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