ALEJANDRO CID

Una propuesta para los delitos violentos

Controlar el automatismo de los jóvenes de alto riesgo es una buena inversión. Escuchaba hace unos días al director de un programa de operario industrial dirigido a jóvenes que no estudian ni trabajan, en un barrio de contexto crítico.

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El hombre asesinó a un joven por el volumen en el que escuchaba la música. Foto: Archivo AFP

Comentaba que, en ocasiones, luego de capacitar a los muchachos durante meses y colocarlos en una empresa, estos pierden el trabajo por el automatismo de ser sumisos a las bandas del barrio, que los invitan a salir a delinquir.

Sara Heller, profesora de Criminología de la Universidad de Pennsylvania, acaba de publicar la investigación "Thinking, Fast and Slow? Some Field Experiments to Reduce Crime and Dropout in Chicago" sobre el programa BAM ("Becoming a Man") de prevención del delito dirigido a jóvenes de alto riesgo.

Este programa trabaja sobre los comportamientos automáticos de los jóvenes violentos. Los resultados de la evaluación del impacto de BAM son sorprendentes: reduce la participación en delitos en un 44%.

La solución propuesta.

Los jóvenes que se mueven en contextos críticos enfrentan más situaciones heterogéneas, donde actuar siempre de la misma manera puede traer problemas: un joven en riesgo recibe indicaciones de la autoridad en la escuela (maestro) y de una autoridad totalmente distinta en la calle (el jefe de una banda). Si reacciona de la misma manera, automáticamente, frente a ambas autoridades, estará en problemas en uno de los dos ámbitos (por ejemplo, es sumiso ante las indicaciones del maestro en la escuela, pero también es sumiso a la autoridad del jefe de la banda…). "Becoming a man" es desarrollado por "Youth Guidance", una organización de la sociedad civil, y busca precisamente entrenar a los jóvenes de contextos críticos a "parar, mirar y escuchar" (así llaman a uno de las etapas de su entrenamiento) y así decidir si debe actuar automáticamente.

El experimento.

La profesora Heller y su equipo de investigadores le propuso a "Youth Guidance" evaluar el impacto de BAM aplicando una metodología científica. Invitaron a participar a 18 centros educativos de contexto crítico. Sumaban en total 2.740 adolescentes.

Sortearon y aplicaron BAM en la mitad de los centros. A través del asesoramiento personal, y del deporte protocolizado para desarrollar capacidades no cognitivas, BAM no busca decirle cuál debería ser siempre su respuesta ("Pelear" o "No pelear"), sino crearles el hábito de evaluar cuál ha de ser la respuesta apropiada. En suma, trabajar sobre el automatismo ante situaciones de enojos, amenazas, falta de respeto, y sentimiento de pérdida.

Aprendizajes.

Vale la pena hacer notar lo que NO es el programa BAM: no es un programa para ayudar académicamente a los rezagados, no da capacitación laboral, ni provee trabajos temporarios pagos, ni otorga transferencias de dinero.

Heller y su equipo quieren identificar el impacto de dirigirse exclusivamente al automatismo de los jóvenes. El programa BAM se centra en este cometido y logra reducir la participación en delitos un 44%. Esto alienta a incluir este componente en otros programas educativos, laborales, etc. para jóvenes en riesgo.

Otra sugerencia interesante: no cerrar los ojos a la diversidad. Youth and Guidance diseñó BAM para ajustarse a las peculiaridades de los jóvenes de contexto crítico. Observó que la enorme mayoría de los delitos son cometidos por varones. Además constató que las jóvenes con probabilidad de conductas delictivas enfrentan dilemas distintos y más prevalentes en las mujeres (abusos, baja autoestima, autodaños físicos, abandonos, discriminación).

Youth and Guidance procuró atender estas peculiaridades diseñando un programa para varones ("BAM") y un programa dirigido a mujeres ("WOW" Working on Womanhood). No es menor el tema de atender a la diversidad: en un estudio que hicimos con Marianne Bernatzky en 2015 "Brecha de género en la educación secundaria. Necesidad de atender la singularidad de la mujer y el varón en las estrategias educativas" encontramos que en los últimos 25 años existió una brecha educativa de género en Uruguay.

El varón termina el ciclo básico un año más tarde que las mujeres. Y esto se cumple para cualquier varón (comparando varones y mujeres en estratos ricos o pobres, en Montevideo o el Interior, con padres muy educados o pocos educados): para todos los estamentos de la sociedad uruguaya, el varón cumple los 15 con un año menos de educación acumulada, y esto no ha cambiado en 25 años. ¿No necesitará el varón un apoyo diferencial?

Tuve ocasión de ayudar en la evaluación de Áreas Pedagógicas —un programa del INAU con el apoyo del Codicen dirigido a jóvenes que habían abandonado los estudios—, y me llevé una grata sorpresa al ver cómo procuraban atender la diversidad: grupos de pocos alumnos por profesor agrupados por características comunes, procurando el asesoramiento personal del alumno y el trato con la familia.

Alguien podría decir que es un esquema caro, pero más caro es que abandonen y se involucren en delitos.

La investigación de Heller nos aporta varias ideas para disminuir el crimen en Uruguay: a) evaluar científicamente los programas; b) trabajar sobre el automatismo de los jóvenes en riesgo; c) atender la singularidad de la mujer y el varón en la prevención del delito.

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