Guillermo Dutra - Columnista invitado

Productividad, innovación y formación

Las tendencias que condicionan la economía global parecen indicar que América Latina y el Caribe (ALAC) —transcurrida más de una década de bonanza— está en riesgo de estancarse o de retomar su crónico y lento crecimiento, en la medida que no decida encarar las reformas que le permitan superar exitosamente "la trampa de ingreso medio".

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Empresas: responsabilidad en gestionar conocimiento. Foto: Archivo El País

Como bien han señalado la Cepal y la OCDE, una causa fundamental de esa trampa es la incapacidad para transitar hacia una matriz productiva más diversificada, comprometida con la innovación, apoyada en cadenas con mayor valor agregado, mejores niveles de productividad y generadora de empleos de calidad.

Inevitablemente, dar este paso obliga a la región a dar prioridad a una de sus principales brechas: la productividad; cuyas posibilidades de crecimiento están directamente vinculadas con la innovación, la I+D (investigación y desarrollo) y la gestión del talento humano. Ante el previsible desánimo que generan las últimas estimaciones de la economía (1), todo indica que la mejora de la productividad, así como la innovación y la gestión del talento humano —y no necesariamente el aumento de las exportaciones— son las "visas" que harán posible atravesar la ya visible frontera de nuestro crecimiento. Y en esto último quedan también comprendidas las posibilidades de consolidar los avances alcanzados en materia de pobreza y empleo (2) .

Evaluación.

Según estimaciones del BID, la productividad de América Latina asciende a cerca de la mitad de su potencial y no se está poniendo a la par de la frontera de productividad (3). Cepal señala que la evolución alcanzada es decepcionante en comparación no sólo con la OCDE sino también con otros países emergentes. El Sector Industrial no sólo está lejos de los niveles esperados, sino que expulsa mano de obra y la mayor cantidad de empleos se concentra justamente en el sector de menor productividad: los servicios. A ello se agregan políticas sociales que durante los últimos años impactaron de manera negativa, "anclando" a los trabajadores en empleos de muy baja productividad, disminuyendo la productividad de los mercados laborales. A todo esto Uruguay aparece alineado con la región durante las dos últimas décadas, si bien tuvo un incremento anual de su productividad en torno al 1,9%, sigue siendo baja en relación a Argentina (2,3%), Chile (2,7%) o las 10 últimas economías de la OCDE en términos de PIB per cápita (2,7%) (4).

Vasta literatura académica ha justificado cuánto la productividad tiene que ver con el esfuerzo en innovación, ya sea incorporando tecnologías o asumiendo nuevos diseños a través de la Investigación y Desarrollo (I+D). ALAC en esto presenta características bien propias, por su bajo nivel de inversión en I+D comparado con los países de la OCDE (Brasil es el único país que invierte casi el 1,2% de su PIB) y una reducida participación del sector empresarial. Las exportaciones principales poco tienen que ver con la tecnología y la innovación y la inversión extranjera directa, no se ha concentrado precisamente en sectores de punta, comportamiento que si mantienen en Asia los mismos inversores. Por su parte, información referida a Uruguay señala que apenas el 0,43% del PIB se destina a I+D (mayormente recursos públicos) y el registro de Patentes de Invención nos ubica por debajo del promedio de ALAC; ambos datos inevitablemente llevan a compartir la conclusión que proponen Diego Aboal (5) y equipo cuando sugieren que el nivel de inversión debería ser cuatro veces más que la que actualmente se realiza. Asimismo, la calidad de los saberes acumulados en la fuerza de trabajo son el móvil que activa la propensión a innovar y la intensidad de la innovación. Un 36% de las empresas que operan en el sector formal de la economía en ALAC muestra dificultades para encontrar una fuerza laboral adecuadamente formada, frente al 21% en el promedio mundial y un 15% en los países de la OCDE (6). Este déficit genera problemas operativos a las empresas de esta región tres veces más que el que padecen las empresas radicadas en Asia Pacífico. Por su parte, las limitaciones presentes en Uruguay fueron suficientemente abordadas con anterioridad en este mismo suplemento y a ellas me remito (7).

Las empresas.

Ahora bien, si en esta materia a las políticas públicas les cabe importante responsabilidad, las empresas tienen afortunadamente su propio margen interno con capacidad de identificar y gestionar sus propios yacimientos de conocimientos para explorar oportunidades y terminar competiendo según los estándares del mercado. Desde este último plano y con el mejor ánimo de apoyar el esfuerzo empresarial para gestionar sus propias "visas", vale destacar la conclusión a la que llegó Florencia López Bóo (8), luego de analizar la relación que existe entre el capital humano, la innovación y la productividad en países de ALAC: "la virtuosa interacción de estos tres factores deriva principalmente de la contribución de los trabajadores calificados que se dedican a adaptar las tecnologías existentes, perfil que no necesariamente están ubicados dentro de las empresas o en estrecha proximidad a sus operaciones."

Por otra parte, en la medida que la empresa sea concebida como un espacio de gestión del talento humano y de aprendizaje permanente, se podría ir monitoreando los esfuerzos en materia de productividad, innovación y formación a través de indicadores que contemplaran:

Tiempos de adaptación. En la incorporación y/o diseño de nuevas tecnologías; en la diversificación de sus mercados o desarrollo de nuevos productos; en la construcción de alianzas estratégicas con la institucionalidad de la I+D que garanticen que quienes manejen las innovaciones, conozcan sus lógicas operativas para garantizar un uso óptimo y sustentable

Involucramiento creciente de los mandos medios. Responsables de alcanzar metas en relación a la gestión del talento humano con impacto en el desarrollo de capacidades productivas concretas, monitoreadas a través de indicadores precisos y no sólo objetivos globales.

El clima Laboral. Traducido en consensos concretos —como resultado de un marco compartido de confianza con los trabajadores y sus representantes— en torno a: optimizar procesos, reducir tiempos muertos y/o mejorar el rendimiento del capital físico; a la resolución de los problemas que plantean los procesos de innovación y a prevenir las tensiones que genera al interior de la empresa una previsible complejización de roles y/o ausencias de saberes. Se trata también de vincular los procesos de calidad de producto con los de calidad de vida en el trabajo.

Evaluación del desempeño del personal. Estableciendo una creciente vinculación de las instancias de planificación, monitoreo y evaluación de la calidad de los resultados buscados; intentando estimular el análisis crítico, la polifuncionalidad y compromiso con la calidad de los resultados.

Incorporación de mecanismos de aseguramiento. Orientados a garantizar la existencia de espacios de generación y sistematización de conocimiento productivo y que puedan vincular los procesos de certificación de productos y a la certificación de trabajadores.

Los niveles de recuperación del salario real alcanzados (9) en Uruguay, una proyección de crecimiento de 3% para 2015 y una desaceleración campeando en nuestros vecinos de Sudamérica (con excepción de Bolivia, Colombia, Chile y Perú) conforman un escenario aprovechable para imprimirle mayor eficiencia a la producción. Nada debería justificar una resistencia al cambio o un merecido saludo a nuestro colega columnista Paul Krugman en su reflexión: "la productividad no es todo pero en el largo plazo es casi todo".

(1) Según la CEPAL Sudamérica registrará un crecimiento nulo este año y ALAC en conjunto crecerá en torno a un 1% y no 2,2% como lo pronosticó cuatro meses atrás. www.cepal.org/es/comunicados/economia-de-america-latina-y-el-caribe-creceria-en-torno-1-en-2015-segun-nueva

(2) Panorama Laboral OIT 2014

(3) La era de la Productividad, como transformar la economía desde sus cimientos. Editora Carmen Pagés. BID. 2010

(4) Multidimensional Review of Uruguay: OECD . February, 2014.

(5) Idem Fundación ASTUR Red MERCOSUR.

(6) Perspectivas económicas 2015. Educación, Competencias e Innovación para el Desarrollo. OCDE, CAF y CEPAL. 2015

(7) Formación; Empleo; Formación. Suplemento Economía y Mercado. Diario El País. 23 de marzo 2015.

(8) Florencia López Bóo es Economista Senior en Protección Social del BID.

(9) Crecimiento histórico del salario real. Gustavo Michelin, Horacio Bafico, El País, 8/4/2015

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