ISAAC ALFIE

Problemas con el empleo

Mes a mes, el INE difunde —conjuntamente con otra valiosa información complementaria del mercado de trabajo— las estadísticas sobre empleo y desempleo en el país.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Desocupados: creció el noveno mes del año la cantidad de personas sin trabajo. Foto: Archivo.

Como he expresado en más de una ocasión, el dato mensual es muy poco fiable dada la alta varianza que los datos muestrales suelen tener y, respecto al Interior del país, porque los relevamientos no son todos los meses en las mismas localidades. Ante ello, lo razonable es tener medidas más "estables" donde se promedien períodos más largos.

Coyunturales.

Analizados con esta perspectiva, se observa una persistente reducción del empleo desde noviembre de 2014 (26 meses), naturalmente asociada al poco dinamismo de la actividad económica. Ésta, según la estimación del BCU, apenas creció 0,4% en 2015 y 1.5% en 2016. Entonces, en dos años, crecimos casi 2% pero tuvimos reducción del empleo total de 2%.

Si miramos las cifras con detenimiento, nos encontramos con que los sectores que aumentan su producción son todos muy intensivos en capital y poco generadores de empleo, al tiempo que el crecimiento global estaría prácticamente explicado en su totalidad por el sector telecomunicaciones (*), todo lo cual, a mi entender, nos pone en presencia de un "crecimiento estadístico" pero no 100% real.

Supongo que es un tema mundial, no sólo de Uruguay, y deriva de la metodología que los manuales de la ONU indican. Sucede que la caída del precio relativo de las telecomunicaciones es enorme, lo que dispara el aumento del volumen físico consumido pero, al valorar ese volumen a precios de un año base muy lejano, se genera una distorsión significativa en la estadística. Meramente para tener una idea, la participación de este sector en el PIB, a valores corrientes, es de 1.45% (en el entorno del 3% en el año base) pero, medido en términos constantes, el que usamos para ver la evolución real del indicador, sube a 14%. El precio relativo de las telecomunicaciones frente al conjunto de bienes hoy es apenas el 5,2% de lo que era en 2003-2004, algo así como que con lo que antes comprábamos "1 unidad" hoy adquirimos casi 20 unidades.

Futuros.

Siguiendo la tendencia mundial, algunos colegas han comenzado a realizar estudios y cálculos sobre la cantidad de puestos de trabajo que están en riesgo en los próximos años debido a los fenomenales avances tecnológicos. Sectores como la industria, el agro, la construcción, el comercio y las finanzas cada día aplican más tecnología y reducen personal por unidad de producto. También lo hacen el transporte, los servicios de salud y los profesionales en general. Difícilmente algo escape a la mejora de la productividad.

Sólo un par de ejemplos, en el sector comercio, los desarrollos implican mejoras en la logística que no solamente han reducido stocks, sino amenazan a la actual concepción de centros de compras que conocemos. Por su parte, en la construcción, las nuevas tecnologías son brutalmente ahorradoras de mano de obra a la vez que posibilitan enormes obras, tanto en materia de infraestructura como edificaciones, en tiempos impensados pocos años atrás. Youtube nos permite ver y admirar cómo se construyen carreteras con un puñado de personas manejando máquinas, o hacen túneles en las montañas como si estuvieran en la playa excavando arena.

Por encima de las cifras, el llamado de atención que los citados trabajos nos traen, es la advertencia de que muchas de las actuales tareas directamente desaparecerán. Le pido al lector que reflexione por un instante sobre lo que a nosotros nos resultan "tareas habituales" y que, definitivamente, ya no existen en buena parte del mundo desarrollado, para tener dimensión del problema que deberemos enfrentar; pisteros de estaciones de servicio, guardas de ómnibus, cajeros en peajes, empacadores, son unas pocas de ellas. Para completar el "cuadro" en Uruguay tenemos "cuidacoches" y "seguridad privada" por doquier. Tareas todas que casi no generan valor agregado.

La forma de organizar las empresas, la cantidad de horas efectivas trabajadas, los tiempos de descanso y otros aspectos, en apariencia menores, terminan por definir el nivel de productividad y, por ende, de ingreso de la población en su conjunto.

Se vienen los supermercados casi sin cajeras (ya los hay desde hace algunos años en ciertos lugares) y tantas cosas más que ni imaginamos.

Conceptualmente todo lo anterior sucede desde hace poco más de dos siglos, cuando las revoluciones por la libertad y "la burguesía" ganaron la pulseada, por tanto, no es algo nuevo. En todo este tiempo el mundo se fue adaptando, fundamentalmente a través de la libertad para emprender y de los sistemas de enseñanza; en muchos lugares, casi sin intervención estatal. Uruguay no fue la excepción, tuvo visionarios que comprendieron su época y forjaron una sociedad adecuada a sus desafíos, lo que nos permitió tener, desde que se conocen estadísticas, los mejores indicadores de esta zona del mundo.

Al inicio sacamos tal ventaja del resto que aún hoy, pese a todos los pesares, en muchos aspectos seguimos en la delantera, pero cada año que pasa, ello se va perdiendo. Es por demás claro que la mayoría de nuestros jóvenes no están preparados para el mundo actual, cuanto menos para el que se avecina de inmediato. El conservadurismo de nuestra sociedad que se aferra a lo "conocido" y el Estado con su hiper regulación nos inmovilizan. Hay que atreverse a cambiar porque, por fuera de la coyuntura, las amenazas sobre nuestro mercado de trabajo son profundas.

(*) En el resto de los sectores hay aumentos y caídas, ligeras en todos los casos, salvo energía donde los movimientos suelen ser más violentos y la construcción.

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