POPULISMO DE DERECHA ESTÁ PREVALECIENDO EN BASTIONES IZQUIERDISTAS del mundo

Las preferencias dan un giro de 180 grados

En todo el mundo industrial, la derecha populista está destacando en los antiguos bastiones de la izquierda.

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Donald Trump. Foto: Reuters.

Si hay una lección para Estados Unidos en la decisión de los votantes británicos de salir de la Unión Europea, es la importancia de la naciente división entre los beneficiarios de la globalización multicultural y los etnonacionalistas de la clase obrera que sienten que están siendo dejados atrás. Estos temas tienen el potencial de debilitar los lazos partidistas de larga data, incluso en Estados Unidos.

Esa división fue evidente en el referendo británico. El resultado en Sunderland —desde hace tiempo un bastión laborista y que votó 62 por ciento a favor de abandonar la UE— fue el primer signo claro del resultado.

La misma historia se desarrolló en las recientes elecciones austríacas. La extrema derecha ganó en áreas de clase obrera que se habían inclinado por los socialdemócratas una década antes. Patrones similares aparecen en Dinamarca y Alemania, donde la centro-izquierda obtuvo mejores resultados en las áreas metropolitanas cosmopolitas y los populistas ganaron en anteriores bastiones izquierdistas.

El resultado es conocido para los estadounidenses: un electorado dividido entre las áreas metropolitanas cosmopolitas, bien educadas y diversas conectadas con la economía mundial, y las regiones ex industriales de más edad y menos educación que no se han beneficiado con la globalización.

En cierto sentido, Estados Unidos está adelantado en esta tendencia. Las llamadas guerras culturales, que han enfrentado a la derecha religiosa contra el laicismo, no tuvieron equivalente en la relativamente laica Europa. Las disputas en torno al matrimonio gay, las armas, el cambio climático, el aborto y —antes de eso— los derechos civiles ya habían empujado a muchos bastiones tradicionalmente democráticos pero conservadores en el Sur y los Apalaches hacia los republicanos. Muchos suburbios ricos a lo largo de las costas han estado votando por los demócratas. Pero en la misma forma en que la inmigración y el nacionalismo resultaron ser más persuasivos para la clase obrera europea más laica, el populismo estilo europeo — ahora personificado por Donald Trump— podría causar un daño adicional a los demócratas en Estados Unidos.

El paralelo es asombroso. La centro-izquierda europea, como los demócratas en Estados Unidos, han asumido la defensa de los impuestos más bajos, el libre comercio y la inmigración en las últimas décadas.

La votación del Brexit no debería ser interpretada como un signo de que Trump ganará. Estados Unidos es mucho más diverso que Gran Bretaña, y él podría no estar a la altura del potencial de su mensaje, dada su inclinación a ofender y su falta de experiencia política.

Pero no hay garantías de que los votantes de la clase obrera blanca que se alinearon con los demócratas a lo largo de las guerras culturales se vayan a quedar con ellos si las elecciones giran en torno de temas como el comercio y la inmigración.

Los demócratas dependen mucho más de la clase obrera blanca del Norte de lo que reconoce el argumento prevaleciente de las contiendas electorales recientes. Un análisis reciente de esta columna mostró que los blancos norteños de clase obrera representaban una mayor parte del electorado de lo que se creía originalmente, y los demócratas han estado ganándose a una mayor parte de ellos de lo que se ha comprendido típicamente.

Los sondeos ya muestran que Trump está ganándose a los votantes blancos sin un título universitario por más margen que Mitt Romney hace cuatro años. En general, está obteniendo resultados tan buenos entre los votantes registrados blancos como Romney, pese a la debilidad de Trump entre los blancos bien educados. Quizá no sea suficiente para Trump. Se rezaga en los mismos sondeos que lo muestran con un desempeño superior entre los votantes blancos. Pero la votación del Brexit y las tendencias electorales europeas en general son un recordatorio de que hay mucho espacio para que los demócratas desciendan entre los votantes de clase obrera blancos.

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