DE LA MANO DE LA AGRICULTURA, EL SEXO FEMENINO LOGRA UN PAPEL MÁS PROTAGÓNICO

Un paso adelante para la mujer afgana

En el exuberante y apacible cinturón agrícola en las profundidades de Afganistán central, las mujeres han sido la fuerza organizadora detrás de una nueva ola de pequeñas uniones agrícolas en aldeas.

Eso parece haber generado algunos cambios. En un revés de la tradición, los maridos suelen caminar detrás de sus esposas, siguiéndolas un par de pasos atrás con la camisa arremangada y caras golpeadas por el sol. Y de manera crucial para esta región empobrecida, se han establecido modestas cadenas de oferta en el mercado en el centro de la provincia Bamian. En tan solo unos pocos años, ellos han introducido nuevos vegetales a sus humildes platos para comer.

"En otros tiempos, aquí solo se cultivaba papa y trigo", dijo Zainab Husseini, maestro de biología de preparatoria y el líder de tiempo completo de una unión agrícola en la comunidad de Irak-ulya. "Ahora introdujimos col, coliflor, tomate, frijol y otros vegetales".

Las uniones, al actualizar ancestrales tradiciones agrícolas, han contribuido a garantizar una oferta alimentaria más confiable y diversa en una región frecuentemente azotada por el hambre. En el proceso, las mujeres que dirigen los grupos están encontrando nueva estatura y poder. Ya no son saludadas como la madre de Ahmad o la esposa de Mahmoud, sino más bien la "líder de la unión Gul Bahar" o "sublíder de la unión Reza Gul". Estas uniones han puesto a las mujeres de Bamian en la línea del frente de una lucha crucial: el esfuerzo por moldear una economía afgana que sea sostenible, lejos de la dependencia de la ayuda exterior. La agricultura seguramente debe ser una parte crucial del programa si es que eso va a ocurrir.

Cerca de 40% de la población sigue por debajo de la línea de pobreza de 1,35 dólares al día. Con base en el Banco Mundial, más de 80% de la población afgana —y alrededor de 90% de los pobres— viven en comunidades rurales. Por tanto, la agricultura es central no solo para contrarrestar la desnutrición generalizada en áreas remotas, sino también para crear empleos sostenibles.

Si Afganistán puede administrar mejor sus recursos de agua y establecer conexiones aceptables entre granjas y mercados —problema crucial en medio de una guerra en la que se pelean batallas con bombas a la vera del camino y retenes de seguridad— el sector agrícola podría crear de 2 a 5 millones de nuevos empleos sostenibles, o incluso duplicar el porcentaje de la industria del producto interno bruto del país.

Después de que el talibán destruyera gigantescas estatuas de Buda en 2001, la provincia de Bamian fue asociada principalmente con una cosa: papas. Muchas papas. En 2015, Bamian produjo casi 350,000 toneladas de papa, alrededor de 60% del consumo total de Afganistán.

Sin embargo, una profusión de solo ese producto se convirtió en un dolor de cabeza para agricultores en Shibar, dejándolos vulnerables a la explotación de comerciantes y luchando por cubrir sus propias necesidades elementales de alimento durante la mayor parte del año.

Durante la temporada de cosecha, la papa se vende al mayoreo a precios de regalo: casi 150 dólares por tonelada. Los agricultores no tienen forma de quedarse con las papas para los meses de invierno, cuando se duplican los precios al mayoreo. Las aproximadamente 500 instalaciones de almacenamiento frío construidas en Bamian con la ayuda del gobierno afgano en años recientes simplemente no bastan. (Las instalaciones más pequeñas contienen alrededor de 15 toneladas, y las mayores, las comunitarias, alrededor de 60 toneladas.)

Darse cuenta de esto obligó al gobierno afgano y sus socios internacionales hace unos años a fomentar el cultivo de nuevas cosechas. Actualmente hay ocho uniones agrícolas de aldeas en Shibar, cada una con alrededor de 30 mujeres. Además de mejorar la producción de la papa, han recurrido a nuevos vegetales y, más recientemente, incluso empezaron a plantar huertos.

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