VÍCTOR PAVÓN

Paraguay: el Banco Central, los bonos y la deuda soberana

¿Qué garantías tiene la ciudadanía de que los “adelantos” son para gastos necesarios y no para clientelismo político?

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Responsabilidad: críticas a la entidad emisora. Foto: Archivo El País

Los adelantos de dinero desde el Banco Central al Poder Ejecutivo, vía Ministerio de Hacienda, parecen una inofensiva operación financiera. La misma Constitución Nacional los autoriza.

No obstante, estos adelantos no son un simple procedimiento de crédito y débito. Si se los utiliza para corregir el déficit o para el pago del endeudamiento interno sin la debida contrapartida de ingresos genuinos y sin el control correspondiente, el resultado no será más que una forma de perpetuar la vocación parasitaria del presupuesto.

Todavía más, los adelantos de la banca central no solo llegan a las cajas del gobierno para cubrir el endeudamiento interno. También pagan la importante proporción de títulos de la deuda con sus correspondientes intereses en el exterior, los que se evidencian en los bonos soberanos.

Todo este impresionante libreto financiero no termina ahí. La "magia" estatal todavía tiene capítulos enteros para sorprendernos. Los descalces entre ingresos y gastos también pueden ser corregidos sin contratiempo alguno.

No sería extraño, por ejemplo, que el gobierno haga uso de los "adelantos" para así cumplir con la recaudación tributaria del año en curso; recaudación que la administración tributaria se ve compelida a cumplir debido a que fue el Congreso el que aprobó gastos por encima de la capacidad de ingresos.

De esta manera, si el Ministerio de Hacienda pretende recaudar 100 en los primeros tres meses y los números no van cerrando, aparece aquella "magia" estatal mediante el Banco Central dispuesto a "ayudar" al gobierno con un adelanto por valor de 50. Esta operación no resulta inusual en la actividad privada cuando un deudor hipoteca un bien a favor de un banco comercial para hacer posible una inversión o pagar una deuda.

Pero no es lo mismo en el sector estatal. Los 50 que adelanta la banca central al Gobierno pueden ser suministrados por emisión monetaria, lo que implica ir de mal y todavía peor en caso de que el nuevo dinero pase a cubrir gastos corrientes en plena efervescencia electoral.

¿Qué garantías tiene la ciudadanía de que los "adelantos" serán para gastos necesarios y eficientes, y no para seguir promoviendo impunemente el despreciable clientelismo político? Los hechos han probado reiteradamente que no existe garantía alguna al respecto. La afirmación anterior se demuestra con la reciente aprobación del déficit en el Presupuesto 2015 aprobado "legalmente" por el mismo Congreso en contra de la "ley" de responsabilidad fiscal que este mismo cuerpo colegiado aprobó. Esto es kafkiano, un absurdo total. De ahí que el Banco Central no puede ni debe prestarse a corregir aquel desatino parlamentario, como tampoco cubrir las debilidades de un Poder Ejecutivo que no se anima a iniciar las reformas de fondo.

El presidente Horacio Cartes, juntamente con el ministro de Hacienda, el Directorio de la banca central y los congresistas deben saber, al respecto, que el pago por los bonos soberanos al igual que la deuda interna depende de una economía privada que genere suficientes bienes y servicios para amortizar las deudas generadas por sus gobernantes que inexorablemente recaen sobre la población.

(*) Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Universidad de Paraguay).

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