Paul Krugman

¿Quién odia el ObamaCare?

Ted Cruz tuvo un momento digno de enseñanza en Iowa, aunque él mismo no vaya a aprender nada de él. Un elector le contó a Cruz la historia de su cuñado, barbero que nunca había logrado solventar un seguro de salud. Finalmente él obtuvo un seguro gracias al Obamacare… y descubrió que era demasiado tarde. Tenía cáncer en etapa terminal y nada podía hacerse.

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Foto: Google

Este votante preguntó cómo reemplazaría el candidato la ley que pudiera haber salvado a su cuñado si hubiera entrado en vigor antes. No hace falta decir que todo lo que él recibió fue el texto estándar sobre regulaciones gubernamentales y los alegatos normalmente falsos de que el Obamacare ha destruido "millones de empleos" y causado que las primas se "disparen por los cielos".

Que conste que el crecimiento de empleos desde que entró plenamente en vigor la Ley de cuidado accesible ha sido el mejor desde los años ´90, y los costos de salud han subido mucho más lento que antes.

Así que Cruz tiene un problema con la verdad. Pero, ¿qué más podemos aprender a partir de este encuentro? Que la Ley de cuidado accesible ya está haciendo un gran bien. Llegó demasiado tarde para salvar la vida de un hombre, pero seguramente salvará muchas otras. Entonces, ¿por qué oímos no solo a conservadores sino también a muchos progresistas hablando mal del mayor logro de política del Presidente Barack Obama?

Vimos algo similar allá por 2008, cuando algunos partidarios de Obama temporalmente se volvieron acérrimos oponentes al mandato individual —el requisito de que todos compren seguro— que Hillary Clinton apoyó, pero al que Obama se opuso. (Una vez en el cargo, él efectivamente concedió que ella había estado en lo correcto e incluyó el mandato en su iniciativa.) Sin embargo, la verdad es que Bernie Sanders solo está amplificando críticas de la izquierda a la reforma de salud que ya habían circulado. Además, algunas de estas críticas tienen mérito. No así otras.

Empecemos por las críticas buenas, que involucran cobertura y costo.

El número de estadounidenses sin seguro ha bajado marcadamente, en particular en estados que han intentado hacer que funcione la ley. Con todo, hay millones que siguen sin cobertura, y en algunos casos los altos deducibles hacen que la cobertura sea menos útil de lo que debería.

Esto no es inherente en un sistema de pagador no-único: otros países con sistemas similares al Obamacare, como Holanda y Suiza, sí tienen cobertura casi universal aun cuando dependen de aseguradoras privadas. Sin embargo, la manera en que Obamacare está constituido actualmente no parece tener probabilidades de llegar ahí, quizá porque le falta un poco de fondos.

En el ínterin, si bien el control de costos se está viendo mejor que incluso lo esperado por promotores de la reforma, el cuidado de salud de Estados Unidos sigue siendo mucho más caro que el de cualquier otro.

Así que sí, existen problemas verdaderos con Obamacare. La cuestión es cómo se resuelven esos problemas de una manera políticamente viable.

No obstante lo anterior, mucho de lo que oigo desde la izquierda no es tanto una queja sobre la manera en que la reforma se queda corta como indignación de que aseguradoras privadas tengan la oportunidad de participar en cualquier forma. Todo parece indicar que la idea es que cualquier papel para el motivo del lucro opaca el esfuerzo entero.

Esa es, sin embargo, una crítica realmente mala. Sí, el Obamacare efectivamente preservó el seguro privado, principalmente para ofrecer grandes cambios, políticamente riesgosos, para estadounidenses que ya tenían un buen seguro pero también para comprar apoyo o cuando menos inactividad de la industria aseguradora. Pero, el hecho que algunas aseguradoras estén ganando dinero de la reforma (y sus ganancias no son, por cierto, tan grandes) no es una razón para oponerse a esa reforma. El punto es ayudarles a los que no están asegurados, no castigar o satanizar a empresas aseguradoras.

Y hablando de satanización: un feo y desagradable lado de este debate ha sido la tendencia de algunos partidarios de Sanders, y a veces la misma campaña, a sugerir que cualquiera que saque a colación preguntas sobre las propuestas del Senador debe ser una corrupta herramienta de intereses particulares.

En fecha reciente, Kenneth Thorpe, respetado experto en política de salud y partidario de la reforma desde hace tiempo atrás, intentó ponerle números al plan de Sanders y concluyó que costaría sustancialmente menos que lo que dice la campaña. Él podría o no estar en lo correcto, aunque la mayoría de los nerds de salud que conozco han alcanzado conclusiones similares.

La verdad es que quienquiera que sea nominado por los demócratas, la elección general va a ser principalmente un referendo sobre si preservamos el progreso real, aunque incompleto, que hemos logrado en salud, reforma financiera y el ambiente. Lo último que deberían estar haciendo los progresistas es estar hablando mal de ese progreso e impugnando los motivos de gente que fundamentalmente está de su lado.

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