ROBERTO CACHANOSKY

Hasta octubre, es esperar y ver

Es muy complicado formular pronósticos sobre el resultado de las elecciones, en particular en la provincia de Buenos Aires, porque las encuestas han dejado de tener credibilidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El PI quiere el voto cruzado para las elecciones de mayo. Foto: Archivo.

Se han equivocado tanto que ya no son una referencia. Más allá de razones técnicas, en varios países han errado sus pronósticos, pero en Argentina el manejo político de los números empeora mucho más las cosas.

Mi impresión es que, además del pobre crecimiento de la economía, de la inflación que no termina de ceder y de la novedad de la suba del tipo de cambio, todo parece indicar que Cambiemos tiene asegurado el resultado electoral en los principales distritos del país en términos de peso electoral. En la Ciudad de Buenos Aires, Carrió parece que va a ganar con la fusta debajo del brazo. En Córdoba el candidato oficialista está muy cerca del candidato de Schiaretti, el gobernador justicialista. En Santa Fe el oficialismo también tiene chances al igual que en Mendoza y Corrientes. En definitiva, en el 74% del padrón electoral, las posibilidades de Cambiemos son muy grandes y seguramente logrará mejorar la cantidad de legisladores en el Congreso aunque no alcanzará la mayoría propia.

El único problema que podría surgir es que Cristina Fernández gane en la provincia de Buenos Aires y mantengan la incertidumbre sobre un posible retorno del kirchnerismo en 2019. Si hoy las inversiones son reacias a venir por la ausencia de reformas estructurales, con una Cristina Fernández acechando con su regreso, el horizonte económico podría verse seriamente comprometido.

Podríamos decir que incertidumbre es la palabra que mejor define el escenario económico argentino para los próximos meses. Si bien Cristina Fernández solo tiene chances en la provincia de Buenos Aires, lo cierto es que parece tener un techo demasiado bajo como para poder crecer en sus chances electores. El rechazo de la gente al kirchnerismo es demasiado alto como para que Cristina Fernández pueda arrasar en la provincia de Buenos Aires.

Pero también tenemos una importante incertidumbre económica. Suponiendo que Cambiemos gane en la provincia de Buenos Aires y Cristina Fernández salga segunda, el otro interrogante que surge es si Macri está convencido de iniciar un camino de reformas estructurales muy profundas e importantes, o se conforma con seguir administrando un Estado sobredimensionado e ineficiente y una presión tributaria que paraliza al sector privado. El mismo Macri acaba de afirmar que los impuestos nos están matando a los argentinos, lo cual es cierto, pero para poder bajarlos, condición necesaria para crecer, hay que bajar el gasto público, y de eso no se habla.

De manera que la actividad económica queda en un wait and see hasta ver el resultado de las elecciones y luego sigue en wait and see para ver si se avanza en las reformas estructurales. Hasta tanto no haya una baja importante de la presión tributaria y un horizonte político más razonable, no hay posibilidades de tener un gran flujo de inversiones que sea el motor fundamental para el crecimiento de largo plazo.

Por el momento, la suba del tipo de cambio no configura un escenario de corrida financiera y catástrofe. Entre noviembre de 2015 y junio de 2017 el tipo de cambio nominal subió el 65% (tomando los tipos de cambio promedio mensuales) en tanto que la inflación Congreso subió el 63%, es decir, la inflación licuó la devaluación de enero de 2016. La suba del 7% del tipo de cambio nominal en los últimos 30 días solo recupera una parte del atraso cambiario que había dejado el kirchnerismo y que volvió a generar Cambiemos. Por otro lado, el IPC de julio seguramente va a estar más cerca del 2%, con lo cual se licúa parte de la suba del tipo de cambio de los últimos 30 días.

El problema serio podría presentarse si, ante el pánico a una vuelta de Cristina Fernández, quienes vendieron dólares para comprar pesos y colocarse a tasa de interés comenzaran un cambio generalizado de cartera que termine en una gran expansión monetaria para pagar las Lebac que el mercado ya no querría.

Es más, en un escenario de esas características, no habría tasa de interés que pueda frenar el cambio de cartera. Si, y resalto el potencial, hubiese un cambio de cartera de Lebac a dólares, el Central tendría dos opciones: a) emitir para pagar las Lebac y generar un fuerte proceso inflacionario. Recordemos que al 20 de julio (último dato disponible al momento de redactar esta nota) la base monetaria era de $ 867.210 millones y el stock de Lebac sumaba $ 906.811 millones (hay más Lebac en circulación que Base Monetaria) con lo cual si se redujera el stock de Lebac solo en un 50%, la expansión monetaria sería equivalente al 50% de la base monetaria. O la opción b) cambiar bonos de largo plazo por Lebac, lo cual podría generar un problema más serio en el sistema financiero que quedaría ilíquido para hacer frente a los pagos en ventanilla.

La inconsistencia entre la política fiscal, con gasto público expansivo, y restricción monetaria vía endeudamiento del BCRA es insostenible en el largo plazo.

Una vez más, hay que insistir en que los artilugios monetarios, financieros y cambiarios nunca pueden ser sustitutos de las reformas estructurales. La ineficiencia que generan la actual legislación laboral, el nivel de gasto público, las regulaciones y la presión impositiva, no pueden resolverse con maniobras monetarias.

Luego de las elecciones veremos si Macri está dispuesto a cambiar la vieja historia de utilizar instrumentos monetarios de corto plazo como políticas públicas de largo plazo, en sustitución de las reformas estructurales o va por el cambio en serio.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)