Carlos Steneri

La nueva (a) normalidad

Mire por donde se mire, el orden internacional político y económico forjado después de la segunda guerra mundial esta feneciendo sin atisbos de reemplazo. Ese orden regido por Estados Unidos explayado en su dominio militar y el poderío de su economía, se encuentra en retirada.

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Foto: Google

Aunque siga siendo la primera potencia planetaria, mira con desgano ser catalogado el gendarme del mundo, forzado quizás por una nueva realidad geopolítica que muestra una rotación del poder y por ende, de los acontecimientos hacia el mundo asiático. Entramos en un mundo de bloques en formación, donde aún no se conocen las reglas, pues en definitiva el proceso comenzó hace apenas algo más de dos décadas. Esta transición va dejando vacíos en la arena internacional que implican reacomodo de fronteras, conflictos armados enancados en fundamentalismos religiosos o simplemente actitudes neo coloniales.

Europa sufre esta nueva realidad convirtiéndola en un foco potencial de inestabilidad política, visto el florecimiento del chauvinismo y hastío sobre el proyecto de Unión Europea, que fue creado para neutralizar esas posturas. Por tanto, una de las dificultades de los años venideros sea manejar la pérdida de influencia de EE.UU. como hegemonía global y encontrar un sustituto a través de un sistema más balanceado. Sin duda un camino que no será fácil.

Pérdida de vigencia.

Una de sus contracaras, es la decadencia de la arquitectura financiera internacional articulada por los organismos de Bretton Woods. El FMI y sus reglas comenzaron a perder pie en la década de 1970, una vez que el dólar comenzó a flotar libremente, abandonando su paridad fija respecto al oro. La liberalización de las cuentas de capital agregó otro mojón a una ruta signada por mayor volatilidad, crisis de balanza de pagos que mostró la incapacidad de prevenirlas.

El ascenso vertiginoso de China implicó nuevas reglas de funcionamiento de los mercados de capitales, convirtiéndola en el mayor acreedor del mundo al acumular 3 billones de activos en dólares (deuda de Estados Unidos mayormente) dada su alta tasa de ahorro doméstico y un cierre estricto de su cuenta capital. Ello, conocido como "Bretton Woods II", en los hechos financió el gasto de EE.UU., el cual se en gran parte se convertía en demanda de productos chinos. También China recientemente se ha convertido en un financista importante de su periferia a través de proyectos de inversión ciclópeos en infraestructura y energía, Lo mismo ocurre con África y algunos países de América Latina. En definitiva, apareció un bolsillo profundo que compite con reglas propias con instituciones anémicas de recursos (FMI, Banco Mundial) al tiempo que la representatividad de los países en desarrollo en su directorio no se aviene a la realidad.

De lo que haga China con el grado de apertura de su cuenta capital y su tipo de cambio depende buena parte del futuro de este esquema y de la realidad de los mercados de capital mundiales. La apertura tímida de su cuenta capital (50.000 dólares anuales) generó en 2015 una salida de capitales de 500 mil millones de dólares. ¿Es sostenible, o de mantenerse la postura obligará a devaluar su moneda con una segunda generación de efectos adversos sobre sus socios comerciales, incluido Estados Unidos?

América Latina mira atribulada la pérdida de su bonanza exportadora expresada en caída del crecimiento. La euforia de la expansión hizo que sus gobiernos de turno imaginaran que habían encontrado un paradigma de crecimiento robusto y permanente con el cual saldar rápidamente las deudas sociales pendientes. Los hechos los desmintieron. Países relevantes como Brasil están en recesión plena, otros estancados —Argentina— y en crisis abierta, Venezuela. Y la mayoría capeando la situación con gasto fiscal sobre extendido, inflación alta pero contenida, y necesidades de infraestructura insatisfechas.

El tema es preguntarse qué hacer para optimizar resultados en una transición a escala global aún incierta y que llevará su tiempo consolidarse. Suponiendo que va de suyo una mejor inserción y condiciones de acceso a los mercados, una reforma educativa que potencie todas las dimensiones del individuo, incluida la laboral, resta responder cuales son las actividades que arrastrarán al resto de la economía. Hurgando en nuestra historia se pueden detectar sectores y por ende políticas que se constituyeron en fuentes de crecimiento robustas. Para comenzar, el país en los 70 promulgó políticas para el sector arrocero y frigorífico que los convirtieron en puntales exportadores. En los 80 comenzó el despertar del sector lechero con nuevos marcos institucionales seguido por la política forestal culminado con las fábricas de celulosa. El perfeccionamiento siguiente del marco regulatorio del sector agrícola, facilitó aumentos de productividad notables y la revolución sojera.

Es entonces momento de pensar los pasos siguientes. La obra pública es necesaria pero con las condiciones actuales, presenta restricciones de financiamiento. Profundizar la mejora de la operativa del mercado de capitales doméstico es uno de los requisitos de levantar esa restricción.

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