Santiago Gatica - Columnista invitado*

La "nueva normalidad"

Así llaman las propias autoridades chinas a la actual etapa del desarrollo del gigante asiático. Adiós a las famosas "tasas chinas", bienvenida la búsqueda de un modelo estable y sustentable.

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China vive una etapa de transición hacia un modelo estable y sustentable. Foto: Archivo

Hoy China vive una etapa de transición que también comienza a influir en el panorama geopolítico global y plantea desafíos a Occidente.

Velocidad.

La vida en el Reino Medio va a una velocidad que por aquí no imaginamos. Tras haber vivido y trabajado en Beijing y regresado a Uruguay hace poco más de un año, tuve la posibilidad de volver a China por un par de semanas. Increíble: edificios que al partir eran meros agujeros en la tierra hoy son emblemas de cemento y vidrio, líneas de subte que se estaban construyendo hoy operan al máximo, etc. Pero el ánimo también ha cambiado.

Abogados, empresarios, funcionarios públicos y autoridades chinas (incluyendo al Embajador chino en Uruguay, Sr. Yan Banghua, en el desayuno de ADM hace unas semanas), todos coinciden en que China está llegando al fin de un modelo de crecimiento y entrando rápidamente en otro.

Atrás quedó la mera mano de obra barata y exportación de manufacturas (el Made in China, la fábrica del mundo, o China Inc., como le gusta decir a los estadounidenses), apoyada en la recepción de una exorbitante inversión extranjera que transfirió el know-how y la tecnología necesaria para avanzar. Hoy esto se ha trasladado a los países que recuerdan a la China de los años sesenta y setenta: Myanmar, Camboya, Laos, etc.

El presente.

China se tendrá que acostumbrar a un crecimiento más lento pero más seguro y sustentable, además de hacer las paces con el Sr. Medio Ambiente, que se ha sentido descuidado en las últimas décadas y le ha pasado factura (basta con respirar el aire de Beijing para saberlo).

En la actualidad, China es un país en plena urbanización con una clase media de dimensiones impensadas que sigue creciendo. Tras la crisis de 2008, la disminución en las exportaciones fue suplida por la demanda interna, y la tendencia seguirá.

Hoy China es el hogar de empresas que están saliendo a competir al mundo (o a comprar parte del mundo) no solo en los sectores tradicionales que recibieron la primera oleada de capitales chinos como petróleo, minería, etc., sino también en IT, infraestructura, energía nuclear y renovable, agrobusiness, etc.

En 2014, la inversión china en el mundo superó por primera vez a la inversión extranjera en China. Esta es la "nueva normalidad".

Con respecto a la Latinoamérica, China es el primer o segundo socio comercial de gran parte de nuestros países y la inversión seguirá creciendo. El financiamiento chino en la región ya supera al del FMI y el BID en conjunto. Los rimbombantes acuerdos firmados, las promesas realizadas y la repartija de dinero por parte del Primer Ministro chino Li Keqiang durante su gira por Brasil, Colombia, Perú y Chile no hacen más que confirmar la tendencia (basta como ejemplo el anuncio del tren que irá de una costa oceánica a la otra). Pero hasta aquí, no muchas cosas nuevas.

Liderazgo.

Lo novedoso (aunque no sorprendente) es el papel que va asumiendo China a nivel global, aún cuando diga no querer hacerlo. El cambio de tono o la mayor asertividad en las relaciones con sus vecinos está generando runrún, máxime cuando dichos vecinos tienen a un hermano mayor (Estados Unidos) cubriéndoles las espaldas (léase: Japón, Filipinas, etc.). La creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura ha sumado a importantes actores occidentales y seguramente se convertirá en protagonista. China está también volviendo a sus raíces de la mano de las anunciadas Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda.

Sin embargo, China conoce bien sus limitaciones y no pierde oportunidad de incluirse dentro de la categoría de "país en desarrollo". Si bien a nivel macro su economía es la más grande del mundo, su PIB per cápita sigue teniendo niveles muy bajos. Si bien millones y millones de personas han salido de la pobreza, resta aún mucho trabajo en este sentido. Y aunque la inversión militar va en aumento, bien saben que no pueden arriesgarse a medirse con la superpotencia. China está jugando hasta donde sabe que puede jugar (por el bien de todos, esperemos que no hayan errores de cálculos y se entre en una dinámica inesperada).

Occidente.

Desde principios del siglo XVII la brecha entre las rentas occidentales y la china no hizo más que agrandarse. ¿Cuáles fueron las instituciones que causaron esta brecha? La literatura en la materia es vasta, pero es posible sostener que ha sido principalmente el respeto a la propiedad privada, la regla de derecho, y la vida social y ética del trabajo, sustentada en la moralidad cristiana, que le dio un respaldo moral al capitalismo.

El crecimiento sustentado en estos pilares derivó en los avances científicos, médicos, etc. que llevaron a la supremacía de Occidente.

Pero, ¿está Occidente perdiendo estos valores? La historia demuestra que toda civilización esta destinada a perder su hegemonía y las actuales amenazas para la civilización occidental son varias. A nivel económico, así como la economía japonesa superó a la británica en el año 1963, a partir de la década de los setenta la brecha entre la renta china y las rentas occidentales se ha comenzado a acortar. A nivel ético y moral, mucho se ha perdido y el relativismo hace de las suyas en el Viejo Continente.

El Consenso de Washington se debilita y la crisis del 2008 mostró lo peor del sistema. Parece que se hubiera perdido la confianza en nosotros mismos. Pero Occidente aún ofrece el mejor "paquete" de instituciones (democracia - capitalismo consumo) que gran parte del mundo se dedica a importar. Hay que mantener la fe en Occidente, las herramientas para hacer frente a los desafíos están disponibles. La pérdida de las raíces es nuestra principal amenaza.

Uruguay.

Mientras tanto, el crecimiento de China no se detendrá. Mejor dicho, por el bien de la economía global esperemos que no lo haga. Y en ese escenario China consumirá más, invertirá más e innovará más. Por tanto, jugará un mayor rol a nivel global en el mundo multipolar que se avecina. Ante todo este movimiento económico y geopolítico, ¿cómo va a posicionarse Uruguay? O mejor dicho, ¿cómo puede posicionarse Uruguay para no perder el tren? Y si el tren es chino, no baja de 300 km/h. Sería una lástima tener que subirse a uno más lento.

(*) Abogado, con experiencia profesional en el Sudeste Asiático.

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