HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

El núcleo de la industria está frenado

Sin considerar las ZZ.FF., la producción está estancada desde hace dos años.

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UPM

Los números que fueron divulgados recientemente sobre la industria manufacturera confirman el estancamiento que viene atravesando el sector en los dos últimos años.

De hecho, hace un año comenzó a operar la segunda planta de celulosa y el índice de volumen físico (IVF) global del sector se incrementó 5,6% en la medición interanual al tercer trimestre de 2015. Pero dada la magnitud de ese emprendimiento y lo reciente de su puesta en funcionamiento, al incluirlo en la evolución del sector se distorsiona el análisis, lo que puede llevar a extraer conclusiones erróneas. Es por eso que lo más adecuado es estudiar la evolución de la industria excluidas las plantas de celulosa y la refinería, dada la gran volatilidad que muestran históricamente en su nivel de actividad.

Son varios los aspectos que contribuyen a explicar el estancamiento. La región, destino natural de una serie importante de ramas, está atravesando por un momento delicado. Primero fueron las trabas en Argentina, posteriormente la recesión brasileña, todo lo cual afectó el desempeño sectorial. No menos importante fue el fuerte ingreso de productos competitivos del exterior estimulados por el encarecimiento en dólares de la producción local. También coincide con el cambio en el ciclo de los elevados precios de las materias primas, todo lo cual hace que el frente externo se presente desfavorable al sector.

Ante esta realidad, el sector ha ido procesando un ajuste que se ve reflejado en una disminución de la mano de obra utilizada. En el set de gráficos se muestra como, tanto el personal ocupado como las horas totales trabajadas, experimentaron en los dos últimos años un descenso muy marcado.

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El descenso de la ocupación es más moderado al tiempo que las horas son más volátiles. Es lógico que así sea. Al comenzar los problemas, las empresas comienzan ajustando las horas extras. Tanto la contratación como el despido de trabajadores son instancias que no se toman apresuradamente. Para aumentar la dotación tiene que haber un horizonte de negocios que justifique incrementar la producción de manera permanente en el mediano plazo. Por otra parte, cada nuevo trabajador es en buena medida una inversión que realiza la empresa a través del entrenamiento y procesos de aprendizaje en los que incurre. Por eso se trata de un activo valioso del que sólo se desprende si se entiende que el cambio en la situación económica es permanente. En tal sentido la ocupación tiende a ser más permanente y la volatilidad de las horas refleja las distintas estacionalidades del negocio.

El ajuste en la fuerza laboral se da de manera distinta en la rentabilidad del sector según la rama que se trate y cómo influye en ella el nuevo contexto internacional. En el gráfico alargado se muestra la evolución de la rentabilidad de tres ramas industriales exportadoras que atienden a mercados distintos: alimentos, químicos y metálicos.

El índice de rentabilidad se construyó comparando los precios de exportación promedio del sector con los costos laborales unitarios, es decir la evolución de los salarios corregidos por la productividad aparente de la mano de obra.

Se constatan desempeños distintos. Comenzando por la rama más importante, que es la alimenticia, su rentabilidad, con oscilaciones, muestra una tendencia a la baja. No se consideró a toda la industria alimenticia, sino a las ramas exportadoras, es decir, frigoríficos, lácteos, arroz, cebada y pesca. En promedio este grupo no registró mayores ganancias de productividad, y si bien la devaluación permitió reducir el costo salarial en dólares, la caída promedio de los precios de exportación fue mayor, explicando los problemas de competitividad que enfrenta.

El caso de la industria química es muy interesante ya que en el último año mejoró sustancialmente su rentabilidad. El determinante fundamental fue la mejora de la productividad, ya que el IVF creció 20% en el último año mientras que las horas trabajadas prácticamente no variaron. Es un claro ejemplo de un sector que está invirtiendo en procesos y tecnologías ahorradoras de mano de obra.

Por su parte, la industria metalúrgica es un claro ejemplo de actividad con problemas de larga data. Se trata de una de las ramas manufactureras que mayores aumentos salariales concedieron, pero que no se vieron acompañados por incrementos concordantes de la productividad de la mano de obra. En particular desde hace dos años sufre la caída de los precios internacionales, lo que se ve reflejado en un descenso de las exportaciones, tanto en valor como en volumen físico. Precisamente, ante la caída que registraron las exportaciones en lo que va del año (13% en volumen físico) y los problemas de rentabilidad que se arrastran, se ajustó el empleo a la baja.

Un comentario respecto a las plantas de celulosa, de las que poco hemos hablado en esta nota, pero que son muy importantes. El IVF de la rama con base 100 en el año 2006 se incrementó 2000% a la fecha (por las dos plantas) y explica un crecimiento sectorial que si se las excluye muestra un estancamiento en los últimos años. Pero la ocupación de la rama apenas creció 17%. Ello pone de manifiesto dos aspectos a tener en cuenta en este momento de cambios en el ciclo económico mundial. A nivel de la industria las denominadas cadenas de valor determinan que los distintos procesos se van llevando a cabo en aquellos lugares donde se es más eficiente. En lo que a Uruguay refiere, la radicación de procesos intensivos en mano de obra no parece atractiva dado el elevado costo de la mano de obra corregido por su productividad.

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