ALEJANDRO CID

La mortalidad es pro cíclica

La tasa de mortalidad en Uruguay ha venido cayendo desde que se registran datos. El Instituto Nacional de Estadística señala que en el año 1900 la tasa de mortalidad era de 14 cada mil habitantes.

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Ancianos tomados de la mano. Foto: Archivo El País

En 2014, según datos del Ministerio de Salud Pública, la tasa está en el entorno de diez cada mil habitantes. De esta manera, la serie de datos anuales de mortalidad en Uruguay presenta una tendencia a la caída.

Sin embargo, alrededor de esa tendencia decreciente entre 1900 y 2014, se observan fluctuaciones: en otras palabras, por más que la mortalidad a largo plazo cae, puede haber años puntuales donde la mortalidad se sale de la tendencia y crece, por ejemplo, por la aparición de una peste. A esas fluctuaciones alrededor de la tendencia se las conoce como el ciclo.

Estas definiciones de tendencias y ciclos se aplican también a otras series económicas. El caso paradigmático es el PIB: tiene tendencia creciente a largo plazo, pero presenta oscilaciones pronunciadas en algunos años (hay crisis y booms económicos).

En el caso de la mortalidad, podemos observar que se mueve de manera pro cíclica, es decir, acompaña las fluctuaciones del PIB: en los tiempos de bonanza económica, la tasa de mortalidad aumenta; en los tiempos de recesión, la mortalidad disminuye. ¿Por qué sucede este hecho, a primera vista paradójico?

Economía y mortalidad.

Recientemente, cuatro investigadores de la Universidad de California —Ann Stevens, Douglas Miller, Marianne Page, y Mateusz Filipski— han publicado un estudio en la revista científica American Economic Journal: Economic Policy, titulado "The Best of Times, The Worst of Times: Understanding Pro-Cyclical Mortality". ¿Por qué la probabilidad de morir aumenta en los tiempos de crecimiento económico? Los autores resumen las explicaciones tradicionales y son cuatro.

Primero, el tiempo de ocio disminuye si la economía mejora. Esto hace que las personas acudan menos al médico a hacerse chequeos. Segundo, el crecimiento económico va de la mano de mayor stress e incluso de actividades laborales donde se demanda más esfuerzo físico. Tercero, al crecer la economía, crecen también factores que pueden aumentar la mortalidad. Por ejemplo, crece la contaminación. Cuarto, el ciclo económico aumenta la movilidad geográfica, la gente se agolpa y empuja en los desplazamientos y aumenta la chance de sufrir fatalidades.

Evidencia empírica.

Pero las explicaciones tradicionales no logran explicar todo lo que se observa en los datos. Los investigadores citados, encuentran que la mortalidad no aumenta en la población trabajadora (que es la que podría sufrir stress laboral y falta de tiempo para ir al médico), sino que aumenta en los adultos mayores y ancianos.

Las variaciones cíclicas en la tasa de mortalidad específica de las personas mayores de 65 años —un grupo etario con una baja participación en el mercado laboral— explican casi todo el cambio en la tasa de mortalidad global. Es más, las regiones con alta densidad de adultos mayores viviendo en residencias de ancianos presentan tasas de mortalidad aún más pro cíclicas.

Esto fortalece la hipótesis —señalan los autores citados— que los fallecimientos en residencias de ancianos pueden ser ocasionados por impedimentos pro cíclicos a la calidad de los cuidadores de esas residencias o casas de salud: en los tiempos de crecimiento económico, baja la tasa de desempleo, y los buenos trabajadores se vuelven escasos.

En los tiempos de recesión económica, los trabajadores con peor preparación se ven desplazados por los más calificados.

En los momentos de mayor dinamismo del PIB, ingresan al mercado laboral muchos trabajadores con bajas aptitudes o habilidades. Esto sucede en muchos sectores de la economía (la Construcción es un ejemplo cercano para nosotros…), entre los que se encuentra el sector salud: a menor desempleo, más chance de que un mal trabajador de la salud encuentre trabajo.

A la hora de estudiar la mortalidad, sus determinantes y proponer soluciones, se hace imperativo contar con estos descubrimientos en Economía de la Salud que hacen los investigadores mencionados.

El patrón de comportamiento de los diferentes grupos etarios, y su interacción con los ciclos económicos arroja luz para entender por qué la mortalidad aumenta en la fase expansiva del PIB. Y da pistas para explorar líneas de política de salud pública.

Calidad del cuidador.

Tres enseñanzas prácticas. Primero, otorgar los incentivos correctos para aumentar la calidad de los cuidadores y de las residencias de adultos mayores. Esta es una tarea para el Sistema Nacional de Cuidados. Segundo, apoyar a la familia para que pueda cumplir su rol de cuidador primario. La familia es un seguro de salud: haya paro, lluvia, vacaciones o feria judicial, la familia es quien puede estar siempre al pie del cañón. El Sistema Nacional de Cuidados podría ayudar a mejorar la calidad de los cuidados que presta la familia, y empoderarla como agente clave. Tercero, enfrentarnos a la cultura del descarte y la indiferencia.

El comienzo del año es un buen momento para hacer balance personal: ¿yo que más puedo hacer por los enfermos y ancianos de mi familia y de Uruguay? Y embarcarnos en esta aventura apasionante de cambiar la sociedad, que es lo que nos motivó a estudiar Economía.

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