SE ABRE LA POLÉMICA EN TORNO AL FINANCIAMIENTO PRIVADO DE LAS OBRAS PÚBLICAS

Dos modelos de desarrollo para infraestructura

El resto del planeta tiene una advertencia para el plan del presidente Donald Trump de apoyarse fuertemente en el sector privado para hacer conjurar infraestructura estadounidense con valor de un billón de dólares: entregar a compañías con fines de lucro la responsabilidad de las obras públicas puede producir problemas.

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Mantenimiento de infraestructuras en caída. Foto: Archivo El País

En India, las empresas políticamente conectadas han acaparado los contratos sobre la base de la fuerza de las relaciones con los funcionarios, produciendo una ingeniería defectuosa a precios inflados. Cuando Gran Bretaña entregó el control a compañías privadas para mejorar el sistema de tren subterráneo de Londres hace más de una década, el resultado fue un trabajo por debajo de los estándares y muy por encima del presupuesto, lo que provocó que el gobierno interviniera de nuevo. Canadá ha sufrido una serie de costos excesivos de los proyectos públicos canalizados a través del sector privado, como un puente de referencia en Vancouver y hospitales en Ontario.

En comparación, China ha ideado una de las transformaciones económicas más eficaces en la historia moderna en parte a través de la inversión incesante en infraestructura, tradicionalmente financiada y supervisada por un Estado visiblemente poderoso. China ejemplifica los beneficios y los peligros de la dominación estatal. Ha construido proyectos de manera estratégica, como parte de un esfuerzo altamente exitoso para catalizar el crecimiento económico. Sin embargo, el Estado ha ejercido poderes autoritarios, generando derroche y corrupción.

El plan de Trump fue anunciado como una forma de elevar la debilitada infraestructura mientras se estimulaba el crecimiento. Pero se corre el riesgo de producir problemas como los de India sin lograr generar los beneficios económicos de China.

Muchos economistas advierten de un desfase clásico de los incentivos. Los gobiernos quizá tengan buena razón para invertir en proyectos que no producen utilidades, construyendo carreteras a ninguna parte que finalmente abren zonas no desarrolladas al comercio que genera empleos. El gobierno tiene el incentivo de mejorar los lamentables sistemas de tratamiento de aguas de desecho y el suministro de agua potable. A falta de garantías públicas de utilidades, las compañías privadas no tienen aliciente para crear esas obras.

La fuerte dependencia de India de las llamadas asociaciones público-privadas —el mecanismo que Trump tiene en mente— surge no de alguna predisposición ideológica hacia la empresa privada sino del hecho de que su gobierno carece de financiamiento. India ha ampliado su red de autopistas con compañías privadas que cobran cuotas. Se han construido estaciones eléctricas, aunque a menudo a costos que exceden por mucho las licitaciones iniciales. Los bancos, varios estatales, se han quedado con enormes deudas malas conforme los desarrolladores no han podido recuperar lo suficiente para pagar sus préstamos.

Que Trump encuentre inversionistas para sus planes quizá se tome por sentado. Ya sea en Japón, Europa o Norteamérica, los bancos centrales han mantenido muy bajas las tasas de interés en un esfuerzo por estimular la recuperación tras la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. Como resultado, las administradoras de dinero están rondando las inversiones que ofrezcan una tasa de rendimiento decente.

Otros cuestionan por qué EE.UU. necesita involucrar al dinero privado. Las autoridades pueden recurrir a los enormes y sofisticados mercados de bonos, con bonos municipales que estén exentos de impuestos federales.

Mientras tanto, en China, la ineficiencia se ha sumado al costo de muchos proyectos. La corrupción ha resultado en no pocos elefantes blancos. En muchas áreas, construyó infraestructura en exceso, ayudando a llevar los niveles de la deuda gubernamental a proporciones alarmantes. La industria de la construcción frecuentemente ha conspirado con los bancos estatales y funcionarios locales para dar rienda suelta a proyectos que solo pueden ser justificados como oportunidades para hacer que el dinero cambie de manos, permitiendo que dedos bien conectados se queden con una tajada.

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