ISAAC ALFIE

Una mitología paleolítica en el comercio

La renuencia al tratamiento parlamentario del TLC con Chile por parte de los representantes del gobierno y la ofensiva del Ejecutivo para su aprobación, pusieron sobre la mesa preconceptos e ideas equivocadas que, sobre el comercio trasnacional, algunos sectores de las sociedades tienen el mundo.

Una mitología paleolítica en el comercio. Foto: Flickr
Una mitología paleolítica en el comercio. Foto: Flickr

La renuencia al tratamiento parlamentario del Tratado de Libre Comercio con Chile por parte de los representantes del gobierno y la ofensiva del Poder Ejecutivo para su aprobación, volvieron a poner sobre la mesa los preconceptos e ideas equivocadas que, sobre el comercio trasnacional, algunos (amplios) sectores de las sociedades tienen en todo el mundo.

Es cierto que existen matices según la región y países, pero no debemos pensar que las falacias, razonamientos sin sentido y fantasías, son exclusivo "patrimonio" local o latinoamericano, aunque en nuestra región, por alguna razón, la penetración y persistencia de ideas erradas es llamativa. Los ejemplos sobran y no están tan alejados de nosotros, basta observar Argentina para advertir cómo ciertos conceptos equivocados conducen directamente al precipicio a velocidad creciente y, una vez caídos en el abismo y restaurada cierta normalidad, se vuelve a comenzar el mismo camino. Ya llevan casi un siglo en el mismo ciclo de repetición de errores, sin que la sociedad aprenda nada.

Es claro que una situación como la planteada solo se explica por el dominio cultural de un espectro del pensamiento, que quienes no participan de él no han sabido contrarrestar.

Algunas de estas ideas son:

a. Debemos tener superávit comercial, queremos vender pero no comprar. El mercantilismo como doctrina tiene más de 500 años, se la sabe errada teórica y empíricamente, pero vive y lucha. Se desconoce que las ganancias de bienestar están tanto cuando se vende como cuando se compra.

b. Siempre pensamos en "defender" lo que está y los daños que a corto plazo generan las reestructuras, pero jamás en las oportunidades que se presentan. La especialización productiva se lo ve como "algo malo".

c. Pensamos que con abrir el mercado para un producto puntual, la carne el más usual, estamos fenómeno cuando, siendo importante, es apenas un producto más.

d. Se omite la evidencia empírica que muestra el progreso de quienes son más abiertos y menos discriminadores al comercio internacional, de la misma manera que se "saltea" las lecciones de la historia, donde los pueblos más avanzados basaron su progreso en ser los campeones del comercio.

e. Se soslaya que para un país pequeño como Uruguay y en general para una gran mayoría de países, la transferencia tecnológica que el comercio trae consigo supera cualquier inversión en I+D que pueda hacer. Eso no quiere decir que no se deba invertir en I+D, por supuesto que sí y tanto como se pueda, porque de ello depende el ingreso per-cápita, pero esto también depende de la aplicación de la tecnología que importamos. Importan tanto las exportaciones como las importaciones.

f. Se deja de lado la hipótesis básica del análisis, somos un país pequeño y por tanto no tenemos incidencia en la fijación de los precios internacionales. Esto hace que los aranceles en nuestras importaciones los pague el consumidor local, pero en nuestras exportaciones, los aranceles de ingreso al mercado de destino, los suele pagar el exportador, más aún, si ese país tiene acuerdos comerciales con terceros países que compiten con nosotros.

Ni que hablar que lo anterior tiene incidencia sobre la competitividad y que un acuerdo de baja de aranceles en destino equivale a una devaluación de nuestra moneda —al no pagar aranceles aumenta el ingreso del productor local—, sin los efectos de ésta.

g. Se desconoce la importancia de los servicios en el mundo moderno, ignorando lo evidente: para nosotros, permitir que nuestra gente pueda brindar servicios sin restricciones en otros mercados es mucho más importante que lo inverso.

h. Se argumenta en razones de "soberanía" para ciertos servicios públicos (brindados por las EE.PP.). El caso paradigmático es el de las telecomunicaciones, un tótem criollo al que veneramos, en un mercado donde el precio de este servicio es casi gratis a nivel mundial. Al respecto, hacemos el insensato planteo de querer vender servicios al exterior, pero que nadie pueda vender aquí. Nadie se pone a pensar ¿cuánto podemos ganar, frente a la eventual pérdida de una parte del mercado local? No necesariamente el proveedor del servicio debe ser una EE.PP., ni siquiera una empresa uruguaya. Basta con que se instale alguna empresa extranjera, como en tantas otras actividades, ejemplo las bancarias que brindar servicios al exterior, generando ingresos locales. Se piensa que entregamos un mercado, cuando en realidad nuestro mercado es tan chico que no resulta muy atractivo, siendo nosotros los que, si desarrollamos tecnología, podemos ir a otros mercados mucho más importantes. Eso es muy difícil, sino imposible, sin la recíproca.

i. Se sigue pensando que hay sectores "motores del desarrollo" que podríamos decir "perpetuos" y entonces, ellos deben protegerse; la realidad nos muestra que bajo competencia funcionan mucho mejor y que, además, lo único perpetuo son los cambios fenomenales que las sociedades libres nos han traído en los últimos dos siglos.

Es llamativo que este tipo de pensamiento, básicamente ideológico y en general construido en base a sofismas, siga prevaleciendo, cuando la realidad muestra otra cosa. Algunos se aferran a esa entelequia llamada Mercosur, la que sólo deja de serlo para perjudicarnos al cercenarnos la libertad de hacer la política comercial que más se adecua a nuestros intereses. La misma política que también beneficia al resto, pero no practican, en una mezcla de delirio imperial por el norte y desconcierto ideológico al oeste.

Podemos seguir jugando a la autarquía, y creernos unos cracks, pero si no nos quitamos los atavismos, el futuro seguirá siendo poco promisorio.

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