ISAAC ALFIE

Mejora fiscal es menor de lo que parece

A fin de mayo, se conocieron las cifras fiscales al cierre de abril. La medición mensual mostró que el déficit fiscal cayó al entorno de 3,4% del PIB, similar al registrado desde enero y un guarismo muy cercano al objetivo anual de 3,3%.

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Bancos ponen la lupa en los nuevos clientes por razones de estrategia de negocio. Foto: Shutterstock

El dato era importante, en especial porque en dicho mes se conocería de manera plena el efecto de los cambios en el IRAE, sobre todo el que refiere a la eliminación del ajuste por inflación. Lo anterior es así porque, siendo cierto que el año pasado ya regía la norma, con cuestionada legalidad por su retroactividad, uno de los principales afectados, el sistema bancario, en su aplicación efectiva prácticamente resultó "absuelto" en función del decreto del PE 63/2016 de 1º de marzo de 2016 donde, por el año 2015, se le permitió una forma especial de deducción de gastos financieros que anuló una parte sustancial del efecto. El aumento de ingresos por IRAE de abril estuvo dentro de lo esperable, al menos por quien escribe.

También se esperaba para abril el ingreso extraordinario —o al menos la primera cuota para quienes firmaran convenio de pago—, por el cobro retroactivo del 7% sobre la distribución ficta de dividendos que, en los hechos, lleva la tasa del IRAE al 30,25%. Este cobro seguramente sea objeto de una acción judicial en su contra en virtud de la retroactividad de la norma y el monto que significa, pero, mientras tanto, entra en la caja; luego se verá cómo se paga. Si los tribunales no se expiden rápido nos encaminamos hacia una situación similar al reclamo ganado por los judiciales, cuyo resultado no admitía dos interpretaciones. Este ingreso no se dio porque se postergó para mayo, por lo que debemos esperar un mes más para comenzar a conocer realmente cuál es su rendimiento y, por tanto, qué sucederá con el resultado fiscal del año. El ingreso por este concepto es, a priori, muy difícil de estimar, aunque muy factiblemente sea significativo en términos del PIB este año y los próximos. Es más, el reciente anuncio de reducción del precio del gas oil me parece que algo tiene que ver con el resultado de este ingreso extraordinario —que las autoridades ya conocen— y mejora el resultado de este ejercicio. El punto es que la recaudación del 2017 por este concepto abarca 5 ejercicios y, a partir del próximo, sólo uno, por lo que, deberíamos esperar un ingreso bastante mayor en este año que hacia adelante.

Salvedades.

La cifra aislada indicaría que el plan del gobierno se viene cumpliendo, el ajuste fiscal vía aumento de impuestos y tarifas públicas en exceso, que rige desde enero, está dando el resultado esperado y, con el ingreso extraordinario de mayo (7% a la distribución de utilidades), el resultado final hasta podría ser mejor al anunciado.

Lamentablemente no parece ser el caso por una serie de factores. En efecto, un análisis detallado de las cifras nos muestra que dos partidas, que explican prácticamente el 100% de la caída en el déficit, son transitorias. Éstas son la variación en el stock de petróleo de Ancap, derivada de la parada para mantenimiento en su refinería y el aumento de la deuda flotante (con proveedores nacionales) del gobierno. Entre ambas partidas acumulan 0,4% de gasto (déficit) que en algún momento aparecerá en las cifras reportadas como tal.

Por tanto, si hacemos la cuenta correctamente, hasta abril el déficit del sector público siguió en el entorno del 3,8% del PIB, apenas por debajo del valor de cierre de 2016. Los dos principales problemas están en que los egresos corrientes (sin inversiones) siguen creciendo en términos reales y que las EE.PP., pese al aumento de sus tarifas, no solamente no mejoran su resultado sino lo deterioran.

Otro dato no menor es que la reducción en la cotización del dólar significó otro 0,1% de menos carga de intereses que ayudaron a su reducción. Sabiendo que nuestra moneda está más fuerte de lo que la economía soporta, deberíamos esperar una reversión en algún momento.

Si miramos las cifras un año atrás, el año móvil cerrado a abril 2016, pese a los discursos tenemos que el gasto corriente del gobierno aumentó 1,1% del PIB y las inversiones (sin la variación de existencias) poco menos de 0,1%. Es decir, a valores actuales el gasto total en un año creció en casi US$ 700 millones. No hay forma de financiar tal irrefrenable propensión a gastar.

Llamativo.

Las EE.PP. pese a los aumentos de tarifas, no muestran mejoras relevantes. Así, en el último año móvil, considerando que aumentaron su contribución al GC por transferencias de utilidades en 0,3%, su mejora fue marginal, no llegando a los US$ 30 millones. Esto obedece especialmente a lo que sucede en UTE donde, en el período eneroabril, mientras los ingresos frente al año pasado aumentan 5.4% (por debajo del aumento de tarifas), las compras de bienes y servicios (básicamente el costo de la energía eléctrica, generada por el Ente y adquirida) aumenta 48,9%. Ancap y Antel mejoran ligeramente mientras OSE y ANP empeoran, también ligeramente. Demás está decir que el anunciado "superávit" de $ 11 millones de AFE es meramente onírico ya que, el GC en el mismo período le transfirió como subsidio $ 737 millones (67 veces).

Así las cosas, salvo que la recaudación del 7% sobre dividendos no distribuidos sea muy importante o el BROU realice una transferencia extraordinaria de utilidades al MEF, la meta de déficit para este año, 3.3% luce desafiante. Teniendo en cuenta que el tercer año de gobierno suele ser el mejor en materia de resultado fiscal, si algo hay seguro es que la situación a futuro, de holgada no tendrá nada.

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