UN CAMBIO DE CÁLCULO POR PARTE DEL BPS

Lo mejor sería reconocer el total de aportes previos a abril de 1996

Para el Doctor en Economía y experto en temas previsionales Alvaro Forteza, la solución para los cincuentones que estaría en vías de concretarse "no es la mejor" y resultaría "una mala señal".

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Álvaro Forteza. Foto: Francisco Flores

Sostiene que al sistema previsional le falta una institucionalidad superior que evalúe y regule todo el sistema, y que brinde información suficiente como para tomar decisiones que se adelanten a las "urgencias". A continuación, un resumen de la entrevista.

—En seguridad social, ¿lo que no se hace a tiempo debe efectuarse después con más apremio y mayores costos?

—Sí. Y lo pagarán las generaciones más jóvenes. En seguridad social, lo que no se ajusta en su momento luego lo terminan pagando los que vienen detrás. Por ejemplo, no tener actualizadas las tablas de mortalidad. Y es un riesgo, que puede afectar la estabilidad macro, o sea un riesgo mayor. Porque si un día nos desayunamos con que las promesas que hemos hecho eran incumplibles, eso inmediatamente gatilla una serie de cosas, desde el punto de vista de evaluación de riesgo, etc. Y ahí lo que en principio son anuncios de que "hay que ajustar en algún momento" se puede convertir en urgencia.

—¿Cómo observa al BPS, las transferencias que debe recibir y el deterioro de la relación activo-pasivo?

—Hubo varios años en que los aportes aumentaron muchísimo en la década de los 2000, a partir del aumento del empleo y la formalización, después esto se enfrió, y lo que pasó del otro lado es el fuerte incremento de las altas, o sea de las jubilaciones. Pegaron un salto muy importante a partir del 2008 aproximadamente, y todo eso está haciendo que las proyecciones no puedan ser tan optimistas como podían ser hace diez años. Las tendencias demográficas eran previsibles, el aumento casi repentino que se produjo en el número de altas, ya no tanto. De hecho, al principio se pensó que estaba habiendo un pequeño aumento que era transitorio, de ajuste nada más, pero se fue prolongando. Y esto puede llevar indudablemente a un desequilibrio financiero importante.

Y en algún momento se van a tener que tocar esos parámetros considerados "desagradables" como la edad de jubilación o cosas por el estilo. Pero en todo caso, lo que es fundamental es tener un diagnóstico más claro.

—¿No lo hay?

—Yo por lo menos no lo tengo. Si habláramos de la agenda pendiente de la seguridad social, hay un problema que quedó pendiente desde siempre, es un tema de diseño institucional. Un tema que viene desde la creación misma del BPS, como una institución independiente, establecido en la Constitución, con tal nivel de independencia que es muy difícil hacerlo rendir cuentas. Deberíamos tener una institución supervisora que supervisara el conjunto del sistema de seguridad social en forma integrada. Y eso a mí me preocupa. El BPS cada vez que emite algún juicio, de algún informe, es obvio que las consideraciones políticas están contenidas. Yo quisiera que una institución independiente pudiera evaluar la sostenibilidad, los informes actuariales, etc. No estoy dudando de lo que se hace, simplemente digo que es natural que haya alguien que supervise y regule.

Esa reformulación institucional nos permitiría generar los insumos necesarios para un diagnóstico más acabado. Eso nos permitiría hacer una proyección del sistema lo menos politizada posible. Es inadmisible que no tengamos una tabla de mortalidad actualizada. Están todos los datos, capacidad de comunicación sobra, no lo estamos aprovechando.

Es demasiado peligro estar haciendo compromisos con la gente en base a tablas desactualizadas, suponiendo que van a vivir determinada cantidad de años, cuando con una variación promedio de dos años más puede generar un importante desequilibrio en las finanzas.

—¿El mejor camino de aplicar los ajustes necesarios es la gradualidad?

—Es difícil siempre, pero creo que lo más razonable es ir incrementando los años de aporte y aumentando gradualmente la edad de jubilación. Lo que no quiere decir que se reduzcan los años de disfrute de esa jubilación, ya que la esperanza de vida está aumentando notoriamente. Algún balance de ese tipo se tiene que producir.

Daría la sensación de que las señales están aumentando y que deberíamos comenzar a trabajar para tomar en cuenta esta realidad. Pero no se deberían esperar las señales amarillas para tomar medidas. Además de la sostenibilidad del sistema, hay otros temas vinculados con la historia de contribución de las personas, lo que nos permite evaluar posibles problemas en la calidad de la prestación. Pero, de nuevo, se necesita información independiente, confiable y actualizada. El sistema debería estar generando esa información, yo creo que si la hay, está subutilizada.

—Un ejemplo de esos problemas podría ser el de los "cincuentones". En breve se conocerá el proyecto del Poder Ejecutivo que promueve una solución, pasando los aportes de quienes lo requieran de las AFAP al BPS…

—Creo que sería una mala solución. Es cierto que hay un colectivo de trabajadores que están cargando con el peso del ajuste mayor que otras generaciones, a partir de la reforma del 95. Uno puede total o parcialmente corregir esta fuerte distorsión que se da en ese colectivo. Pero otra cosa distinta es cómo se financia.

Sería una mala señal sacar esos fondos de las AFAP, sería una perforación del sistema. Pero además generaría una situación delicada al BPS: ahora recibiría esos fondos, pero a largo plazo debería incrementar el gasto para cubrir esas jubilaciones. Es muy riesgoso.

—Según se adelantó sobre el proyecto del PE, el dinero reintegrado al BPS pasaría a formar un fideicomiso…

—Eso no cambia demasiado. Los fondos capitalizados pasan al BPS. El fideicomiso los administrará y supongo que habrá que definir de qué forma se van usando para ir pagando las jubilaciones de los actuales cincuentones. En todo caso, es una cuestión de cómo se financia el BPS, que pasaría a tener provisoriamente una capitalización parcial para un pequeño colectivo de trabajadores. El BPS tendrá que hacerse cargo de la diferencia entre lo que ese fondo pueda rendir y lo que se le estará prometiendo a quien haga la opción.

Pienso que la solución más transparente es reconocer los aportes previos a abril de 1996 en su totalidad. Esto no requiere que pasen fondos de las AFAP al BPS. Es sólo un cambio del cálculo de la jubilación por el BPS de aquellos que aportaron parte de su vida por el 100% de su salario al pilar "solidario".

—¿Qué otras consideraciones puede hacer sobre la propuesta conocida?

—Si bien habrá que ver los detalles, la propuesta que se ha divulgado puede generar nuevos problemas. Estarán amparados quienes tengan 50 años o más al 1 de abril de 2016. A estos trabajadores se les otorgará la opción de elegir entre dos sistemas. Naturalmente, el trabajador hará la consulta y elegirá el que le reditúe más. ¿Por qué no se le da la misma opción a quienes cumplieron 50 el 2 de abril de 2016? Y así podemos seguir al infinito. Esto abre la puerta a nuevos reclamos.

Tampoco me queda claro cuál sería la población afectada por esta reforma. ¿Van a incluir a todos los "cincuentones"? ¿Todos los que tenían 50 o más (y menos de 60) el 1 de abril de 2016? Si fuera así, se estaría incluyendo gente que no está siendo afectada por el problema que desencadenó el reclamo.

El problema original es el de trabajadores que aportaron antes de 1996 por salarios superiores a 5 mil pesos de mayo de 1995. Esa gente hizo aportes que no se están reconociendo plenamente. No ocurre lo mismo con quienes aportaron por salarios inferiores a 5 mil pesos. Si se los incluye entre la población cubierta por esta reforma, se estará magnificando el problema, modificando las reglas de juego para gente que no fue afectada originalmente.

—La Asociación de AFAP (Anafap) entiende que lo mejor sería que las personas involucradas decidieran por qué sistema jubilarse cuando estén en el momento de hacerlo. ¿Resulta viable?

—Supongo que es viable hacer lo que recomienda Anafap y que es cierto que reduce la incertidumbre del trabajador ya que toma la decisión después de haber visto qué le rinde más. De todos modos, la opción al momento de retirarse podría generar una pérdida para el trabajador en relación a una opción más temprana ya que, según parece desprenderse de lo que se ha informado en la prensa, los salarios de contribución de quienes optaran por el régimen de transición se contabilizarían netos de las comisiones de AFAP. Quienes hicieran la opción tempranamente no estarían perdiendo esa parte. Supongo que para alguien que tuviera salarios muy por encima de aquellos que generan la jubilación máxima del régimen de transición, eso no implicaría ninguna pérdida efectiva, pero para quienes estuvieran con ingresos menores sí podría implicar alguna pérdida. Habría que verlo a la luz de la instrumentación concreta que se proponga de la reforma.

Formalidad del sistema traerá problemas a muchos trabajadores.

—¿Considera que puede haber riesgos en el destino que se le dé a los fondos que se recibirían por el BPS desde las AFAP?

—Siempre que hay una capitalización, la tentación de echar mano a esos fondos es enorme. Si hoy cedemos a esa tentación para complementar la jubilación de sectores medios-altos, qué vamos a hacer el día que tengamos en la puerta golpeando miles de trabajadores con ingresos mínimos, paupérrimos, porque están contribuyendo en forma muy esporádica, salteada.

Según el INE la informalidad cayó en forma importante, también es cierto que las afiliaciones al BPS aumentaron, pero todavía hay muchas interrupciones laborales de contribución. Si uno ve que hay muchos trabajadores que tienen esa discontinuidad, cuando lleguen a los 60-65 años, tendrán historias laborales con muchos "agujeros". Y tendremos inconvenientes. Sobre todo en la medida en que se formalice más el sistema, porque hasta 1995, se jubilaba en base a testigos. Todavía hoy el 40% de las jubilaciones que se están otorgando en el BPS incluyen testimonio de testigos. Cuando la historia laboral llegue a cubrir todos los años de trabajo, será muy difícil acceder a la jubilación, a menos que se ponga en marcha algún mecanismo de flexibilización como se hizo hace unos años. Pero tenemos que estar conscientes de lo que se viene.

Alvaro Forteza.

Presidente de la Sociedad de Economía. Graduado como Ingeniero Agrónomo en UdelaR, Máster en Economía en CIDE (México) y Doctor en Economía. por Universidad de Gotemburgo (Suecia). Docente en FCCSS (UdelaR)

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